ÚLTIMAS NOTICIAS
Introduce tu nombre y contraseña si ya eres miembro de guadaque
Carlos Alba    Sábado, 14 de Marzo de 2009 01:00    PDF Imprimir E-mail
ALIANZA DE CIVILIZACIONES
Blog - Al alba

Hay algo en el 11-M que lo convierte en un agujero negro difícil de transitar. Según pasa el tiempo, las pesadillas fermentan en recuerdos y la memoria se ahueca como un queso de Gruyère. Todas aquellas sensaciones se han convertido hoy en una fondue indigesta que a la política, poco inclinada a la nostalgia por naturaleza, se le ha quedado fría.

¿No recuerdan cómo en pocas horas lo que parecía el atentado más salvaje de ETA resultaba ser nada más, ni nada menos, que la brutal hazaña de los yihadistas islámicos? Y entonces todo parecía encajar. España era un objetivo porque había colaborado con los Estados Unidos en la guerra de Irak, porque se había mostrado indignada ante el ataque a las torres gemelas del 2001, porque era un aliado natural de esa civilización cristiana. España, supuestamente, a ojos árabes, había dejado de ser una monarquía parlamentaria para encarnar el eterno sueño del Al-Andalus medieval. De esa forma, ignorando los últimos diez siglos de historia, la cruzada era inevitable.

En pocas semanas el Mundo, que hasta hacía poco situaba el mal al Este del muro, vio cómo ahora llevaba turbante, se dejaba la barba larga  y leía el Corán sobre una alfombra. Ahí estaba el enemigo. De poco sirvieron las lecciones de la Guerra Fría que caído el muro dejaron sin motivos y con las vergüenzas fuera a todos esos estrategas del telón de acero. La historia volvía a repetirse y con el beneplácito de todos los ministros de asuntos exteriores. La defensa de Europa es lo fundamental.

Para Rodríguez Zapatero, que el "choque" de civilizaciones le había catapultado a la presidencia del Gobierno, la idea de cruzada no acababa de convencerle. Principalmente porque como socialista veía con recelo las alianzas norteamericanas. De ahí que se lanzara a la aventura de una Alianza de Civilizaciones. Al contrario de lo que muchos pensaban, esto no supuso ningún corro de la patata con los primitos árabes. La Alianza implicaba que existían realmente las civilizaciones. Que no son ese instrumento historiográfico utilizado de forma eventual para explicar algunos rasgos comunes en el tiempo de ciertos grupos humanos. Para los partidarios de la Alianza -como para los de la Cruzada- las civilizaciones son grupos de pueblos, coherentes y cohesionados, que tienen como único objetivo la conquista del mundo.  ¿O no se acuerdan de aquellos lagartos mutantes de la ciencia ficción?

Las civilizaciones, como ya habrán podido intuir, me interesan lo mismo que los nacionalismos o las autonomías. Irrelevantes para charlar con mi amigo Mohamed. En sí son conceptos que pueden ayudar a explicar algo de nuestra realidad pero que en manos de la política se vuelven armas arrojadizas. Aquel 11-M no hubo choque de trenes ni tampoco de civilizaciones. Aquel día unas cuantas mochilas explotaron en unos vagones del cercanías y lo cierto es que aún no sabemos por qué lo hicieron ni quiénes eran. Pero lo que sí estoy seguro es que no fue una civilización. Juzgar a un individuo en función del lugar que procede o de la asignación de rasgos que nuestra cultura, siempre imperialista, le otorga a esa civilización me parece la más irracional de todas las conductas. Y si algo es Europa es racional ¿o no?

Trackback(0)
Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario

busy
Actualizado ( Domingo, 15 de Marzo de 2009 13:13 )
  Compartir