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Rafael Amargo presentó en la Semana de la Música de Guadalajara “Tiempo muerto”, la vuelta al flamenco y punto
Es éste espectáculo una obra que va de menos a más. Comienza con el toque de flamenco fusión, que se puso de moda hace ya unos añitos, donde se mezcla el flamenco con la danza moderna y a las guitarras y las cajas se suman otros instrumentos. Concluye con una demostración de fuerza que dejó al público extasiado. Menos mal a su arte, porque a eso de las 12, ya hacía fresco en la Plaza de Toros.
El escenario no puede ser más sobrio: el esqueleto que sujeta los bafles de sonido y las luces. Y ya. Los músicos se sacaron unas sillas, porque en algún sitio tienen que sentarse. El resto vacío. ¿O no? Porque las cuatro bailaoras que acompañan a Rafael Amargo lo llenaron con su baile y su presencia. Igual que el propio Rafael.
Hubo muchos cambios de vestuario, salvo el primer traje que llevaban las bailaoras, con cierto aire militar, el resto, vestidos muy flamencos. En uno de los bailes, vestían unas batas blancas de cola espectaculares. Rafael siempre saca chaquetas raras, en este espectáculo trae una con una manga convertida en capa.
La cremallera
Y fue precisamente la ropa, la que protagonizó la anécdota del espectáculo. Se acercaba el punto culmen de “Tiempo muerto”. Dos de las bailaoras, Eli y Susi, se enfrentan en un duelo flamenco que el público no terminaba de creerse. Increíbles, cada una en su estilo. La primera más de escuela, con un zapateado limpio, intenso, fuerte, bien ejecutado, rápido (hay que ser rápida si quieres bailar con Amargo).
La segunda, más de raza, con fuerza, intensidad, gestos. Los guitarristas y los cantaores (dos mujeres y un hombre) a su derredor, palmeando, cantando, tocando y animando. Como en un tablao, pero en la Plaza de toros.
Y sale Rafael. De rojo. Chaqueta imitando chaqué. Camisa descamisada. Y baila y zapatea y la gente desde la improvisada platea le anima y aplaude. Y entonces, se le baja la bragueta. Todo el mundo cuchichea, su grupo no le dice ni media. Y sigue en su estilo, con ese flamenco divertido y rápido que Amargo hace siempre tan bien.
Por fin, se la sube, la gente lo aplaude (literal) y sigue bailando. Y se le vuelve a bajar. Sigue bailando, sin chaqueta, sin importarle ya nada. El público loco. Se pone en el borde del escenario y comienza susurrando un zapateao, levanta la mano en signo de “tranquilo”, y se pone de tacones y camina hacia atrás, mientras sigue taconeando, increíble, los aplausos ahogan el final. Esta es su firma.
Rafael, encantado, baja, se mezcla entre el público saluda a todos. Las señoras le paran para tocarle, se harta de dar besos. Cuando le dejan, vuelve al escenario, ya sin camisa. Y comienza el flamenco arte, el flamenco puro, el flamenco de patio de casa, el flamenco y punto. Flamenco y punto
Y sale de nuevo, antes no lo hemos dicho, una de las bailaoras que lleva Amargo, con sus buenos 50 y tantos años o más, baila las castañuelas de una forma tan espectacular que fue la que se llevó más aplausos de toda la compañía. Increíble, un genio de las castañuelas. Ella se sintió a gusto y pidió un micro inalámbrico y cantó. Y los demás, lo celebraban. Y el público se lo agradecía.
Y más sorpresas. ¿Se puede alguien imaginar una guitarra de aire, en lugar de cuerda? Pues es lo que consigue el flautista que lleva Amargo en su mini orquesta (violín, chelo, cajas, guitarras y flauta). Es increíble también. Y siguió la fiesta. Ya todos tan a gusto, como en casa. Tanto, que Rafael se arrancó a cantar. Y no lo hace mal.
La mitad del público de pie, la otra, sentado. No sabían qué hacer, si estar de pie para aplaudirles, si sentarse para seguir disfrutando del espectáculo. Decía Rafael Amargo en la presentación del espectáculo que éste duraba hora y media (hasta que bajó a saludar), pero que si se sentía a gusto, se alargaba a las dos horas. Pues estuvo más que a gusto, porque se alargó un poquito más de dos horas. El público también estuvo cómodo y le gustó.
Tiempo muerto es lo que tienes que pedir cuando lo ves bailar así. Cómo se pueden mover los pies tan rápido. ¡Qué bárbaro Rafael!.
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que pena que este tipo de espectáculos lleguen a gente con tan poca sensibilidad musical y artística como la que demustras tu escribiendo esta crónica.documentate un poco de flamenco ya que lo que escribes es penoso,un saludo