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| “En Guadalajara no hay cultura de alimentos ecológicos” |
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Sanz considera que esta inconsciencia podía evitarse con el fomento de la información en los medios de comunicación, pero que “fundamentalmente depende del Gobierno de Castilla-La Mancha, de la Consejería de Agricultura, de la de Medio Ambiente o de la de Industria”. La solución que da el investigador es la inversión en publicidad para todos los medios de comunicación. Un alimento ecológico es un producto que no lleva ningún aporte químico, como pesticidas, o nutrientes artificiales. “Son productos de la tierra que se elaboran como hace cien o doscientos años” explicaba el experto. Para que una tierra se denomine “ecológica” tiene que estar cinco años sin producir nada, para, así, neutralizar los efectos de los productos químicos que se pusieron en su día. Cuando ha pasado este periodo de tiempo, se pide la certificación. La compañía se lleva unas bolsas de tierra y plantas, hace estudios, en los cuales identifica que ya no hay sustancias químicas, y en consecuencia, se autoriza la producción agraria. La característica fundamental que diferencia los alimentos normales de los ecológicos es su composición. Los productos normales están constituidos por sustancias químicas, o por transgénicos (agricultura modificada genéticamente). En los normales se obtienen grandes producciones, como por ejemplo en la carne; donde se inyectan hormonas al animal para que engorde, y conseguir así más producción. Por el contrario, los alimentos ecológicos no permiten ningún aporte químico o alteración que perjudique a nuestro organismo. El experto ecológico ha explicado que las sustancias químicas, con el paso del tiempo, se acumulan en nuestro organismo, y esto conlleva a que se generen enfermedades incurables como la osteoporosis o el alzhéimer. Por ejemplo, los cereales ecológicos que se elaboran en Jadraque están compuestos por miel, harina multicereal, agua, levadura y sal. Puede servir para una cena o un desayuno, y cuesta alrededor de 60 céntimos, incluida la leche o zumo. Sanz asegura que si tomamos 50 gramos de cereales, tenemos nutrientes para hasta seis o siete horas. Además, ayuda a adelgazar, ya que evita el apetito, y también obtenemos una gran vitalidad. Controles exhaustivos Estos productos destinados a la comercialización tienen que tener una garantía que apruebe que el agricultor no ha puesto ninguna sustancia química; la llamada certificación ecológica. La certificadora, que tiene vinculación con Bruselas, realiza controles exhaustivos para asegurar la calidad del producto. El investigador ha contado que su empresa de panadería recibe controles cada cierto tiempo, en los que la certificadora puede estar hasta más de cinco horas, y asegura que “es imposible meter ningún componente químico porque te lo detecta”. Sanz cuenta un ejemplo personal con los resultados de estos controles. Hace unos años, en España no había malta ecológica para hacer pan, en consecuencia, se les autorizó el consentimiento para usar una no ecológica, unos meses después, un particular lo analizó, lo detectó, y les denunció. Por tanto, no sólo están los controles de la entidad certificadora, sino que también hay particulares que se aseguran que el producto no contiene productos químicos. Persiguiendo la sostenibilidad Con la producción ecológica se pretende, sobre todo, la sostenibilidad. Sanz piensa que si se estimulase la región del norte de la Alcarria, con legumbres, viñedos, olivos, o ganadería ecológica, se podían producir exportaciones, microempresas, que favorecerían la recuperación de la economía de los pueblos, creando puestos de trabajo, además de incrementar el consumo de los productos en la zona. Para que la sostenibilidad sea favorable, lo que se produce en Guadalajara, se debería de consumir en la provincia. La experiencia de Sanz en la región no es favorable, ya que tiene que gastarse muchísimo dinero en transporte para exportarlo a ciudades como Barcelona, Mallorca, Canarias, Sevilla o París. Otro ejemplo es el caso de la empresa que produce leche ecológica en Alovera. En vez de venderse en Guadalajara, se exporta a Madrid. Según Sanz, en Europa se consume un 25-30% de productos ecológicos; sin embargo, en España, el 10% de la agricultura es ecológica, y únicamente el 1% se consume en España, el resto se comercializa por toda Europa. Por tanto, “no hay producción, no hay consumo, no hay cultura”, opinaba el experto. En Guadalajara, el mercado ecológico es virgen, ya que no hay consumo. Para que esto cambie, los medios de comunicación y el Gobierno de Castilla-La Mancha tienen que poner empeño para el desarrollo de la cultura de la alimentación ecológica. En la actualidad, en la capital de nuestra provincia, podemos encontrar este tipo de productos en tres tiendas, y dos en el pueblo de origen, Jadraque. Por el contrario, los mercados maduros como Cataluña, País Vasco, La Rioja, Comunidad Valenciana, Navarra, Baleares o Madrid tienen un gran consumo de productos ecológicos, y muchísimos comercios donde encontrar estos productos. El investigador considera que en La Alcarria se podían producir todo tipo de productos ecológicos, desde cereales, legumbres, verduras, fruta, miel, queso, aceite, pan, frutos secos hasta carnes o vino. Panadería La Vega del Henares APAG Herbolario Luz y Vida Victoria Rojo Herbolario Milenrama
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