Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

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CARACA: LA JOYA OLVIDADA DE LA ALCARRIA

Publicado por en en Historia de Guadalajara

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Imagen del plano obtenido por georradar en el yacimiento de Driebes.

Era el año 78 antes de Cristo, y Roma se encontraba inmersa en una de sus tradicionales guerras civiles. De un lado, Cayo Mario, el que había defendido Roma de las invasiones bárbaras y había transformado a las legiones en una infantería demoledora, y de otro, Lucio Cornelio Sila, representante de la más antigua oligarquía senatorial romana y de las tradiciones elitistas de la república del Lacio. Hispania no fue ajena a esta guerra, pues a nuestras tierras llegó Quinto Sertorio, sobrino del primero de los contendientes mencionados, y uno de los generales más capaces de su tiempo. Mientras en Roma se nombraba dictador a Sila y los de su facción se hacían con el poder, comenzando las represalias contra los partidarios de Mario, Sertorio decidió refugiarse en Hispania, y resistir aquí a cuantas legiones le enviaran sus enemigos. Para ello, debía controlar a las tribus nativas hostiles, mientras conseguía aliados que le aportaran los soldados necesarios para defender su posición.

Cuenta Plutarco que, en el curso de estas campañas, Sertorio llegó cerca de un lugar llamado Caraca, donde habitaban los carpetanos. Ésta era una tribu que se extendía por gran parte de la Meseta Sur, siendo sus capitales ciudades como Toletum (Toledo) o Complutum (Alcalá de Henares). En la actual provincia de Guadalajara los carpetanos ocupaban aproximadamente la parte Suroeste, quedando las tierras más elevadas del Norte y el Este en manos de los celtíberos. Los carpetanos se organizaban en torno a ciudades-estado, como Caraca, que dominaban amplias extensiones de terreno, pero que no llegaron nunca a formar una coalición política entre ellas, pues siempre fueron plenamente independientes entre sí.

De aquel lugar dice el historiador que:  “Son un pueblo [los caracitanos] situado más allá del río Tagonio, que no se compone de casas, como las ciudades o aldeas, sino que, en un monte de bastante extensión y altura, hay muchas cuevas y cavidades de rocas que miran al norte. El país que la circunda produce un barro arcilloso y una tierra muy deleznable por su finura, incapaz de sostener a los que andan por ella, y que con tocarla ligeramente se deshace como la cal o la ceniza. Pues bien, los bárbaros, cuantas veces se refugiaban en las cuevas por miedo a la guerra y reunían dentro el botín estaban sin temor, al ser inexpugnables por la fuerza”.

Siguiendo siempre la versión de Plutarco, Sertorio, hábil militar, pasó mucho tiempo estudiando de qué manera podía vencer a aquellos enemigos que se reían de él desde sus cuevas, sabiéndose a salvo de su ejército. Tras explorar la zona y hablar con gente de aldeas cercanas, se dio cuenta de que las cuevas de los caracitanos estaban orientadas al norte, para captar en verano el viento fresco que solía soplar suavemente en aquella comarca, y que en la época estival del año levantaba grandes polvaredas. Después de analizar la situación, se le ocurrió una idea brillante que quedaría recogida en los anales militares de la Antigüedad: ordenó a su ejército que levantara un muro de tierra y cenizas en las cercanías del lado norte del cerro enemigo, muro acerca del que los caracitanos comenzaron pronto a hacer burlas, pensando que con él los romanos querían de alguna manera protegerse de un contraataque. Las tropas de Sertorio acumularon tierra en aquella zona durante todo un día, hasta que cayó la noche. Al amanecer del día siguiente, comenzó a soplar la brisa del norte, tal y como era habitual, que poco a poco fue transformándose en un viento fuerte, que comenzó a levantar grandes nubes de polvo. Aprovechando la situación, desplegó a sus hombres sobre aquel improvisado muro, ordenándoles que con los pies, y con ayuda de sus caballos aquellos que tuviesen uno, lo fueran destruyendo, para levantar el mayor polvo posible. La nube de polvo que los miles de soldados de Sertorio consiguieron levantar oscureció el cielo, y se fue desplazando, dirigida por el viento del norte, contra las bocas de las cuevas de los caracitanos, ahogándoles lentamente en un aire espeso contra el que trataron de sobrevivir durante dos días, siendo obligados a rendirse al tercero.

Sertorio consiguió así someter Caraca sin perder un solo hombre en combate, y la romanización comenzó a imponerse poco a poco en la zona, no solo militarmente, sino también culturalmente. Los carpetanos fueron aceptando la forma de vida romana, tomando el latín como idioma propio, aceptando el gobierno de los magistrados enviados por Roma, asumiendo el pago de impuestos, y asociando sus divinidades a las de los invasores, en un proceso que fue general en casi toda la península.

Con el tiempo el nombre de Caraca quedó envuelto en un halo de misterio, y su localización exacta se perdió en el olvido. Quizá la crisis del Imperio Romano hizo que sus habitantes la abandonaran para vivir en aldeas, o posiblemente su actividad económica se viera interrumpida por algún fenómeno desconocido, que llevó a la ruina al municipio. En el siglo XIX algunos estudiosos, siguiendo la información de los geógrafos antiguos, consideraron que el río Tagonio al que se refería Plutarco era el Henares, y las cuevas de los caracitanos las terreras del río en las cercanías de Guadalajara. Esta interpretación, que trataba de dotar a la capital alcarreña de un pasado mítico, cristalizó en el gentilicio de “caracenses” para los habitantes de Guadalajara, y en nombres de instituciones tradicionales de la ciudad como el Liceo Caracense. Otros identificaron el Tagonio con el Tajuña, y Caraca con Carabaña. Como se puede observar, a los caracitanos no les faltaban pretendidos herederos.

En los años 80 del siglo pasado, investigadores como J. Manuel Abascal Palazón y Jorge Sánchez-Lafuente trataron de localizar la antigua Caraca analizando las fuentes escritas de la época imperial, que les sirvieron para buscar un lugar acorde a lo que éstas describían. Según habían escrito los antiguos geógrafos, una vez se asentó la dominación romana en la zona, Caraca se había erigido en un punto de descanso, también denominado mansión, en la importante vía que conectaba Complutum (Alcalá de Henares) con Cartago Nova (Cartagena). Esta pista les llevó al cerro de la Virgen de la Muela, en término municipal de Driebes, donde se podía observar la existencia de restos de conducciones de agua, columnas y cerámicas, En ese mismo punto, en 1945, se había hallado durante las obras de construcción del canal de Estremera un pequeño tesoro compuesto por joyas, plata y monedas, algunas romanas, que invitaba a pensar que aquel cerro guardaba interesantes secretos. Estos investigadores, ya en su momento, identificaron el lugar con la antigua Caraca, y reclamaron que allí se realizara un estudio arqueológico de calado que permitiera confirmar su hipótesis.

El deseo de Sánchez-Lafuente y Abascal se ha cumplido recientemente, cuando un equipo de investigadores dirigido por Emilio Gamo Pazos y Javier Fernández Ortea, gracias al uso de un georradar, ha podido llevar a cabo una prospección arqueológica y geotérmica del cerro de la Virgen de la Muela, en Driebes, confirmando que allí está enterrada una ciudad que estuvo habitada entre los siglos IV a.C. y II d.C., y que muy posiblemente sea la antigua Caraca. El emplazamiento, que se extiende a lo largo de nada menos que 12 hectáreas, contaba con dos avenidas principales que confluían en el centro en un foro porticado. También tenía un mercado, unas termas, un magnífico conjunto residencial, y un templo dedicado a alguna divinidad romana, exactamente en el lugar donde en el siglo XVI se construyó la ermita que a duras penas resiste hoy el paso del tiempo. A tenor del descubrimiento, parece que la antigua Caraca fue una ciudad de cierta envergadura e importancia en la Hispania romana, pues el acueducto que la abastecía, de nada menos que 112 metros de canalización, podría haber dado de beber a una población de unas 2.000 personas.

La función de Caraca era la equivalente a la de una estación de servicio actual. Los romanos, militares previsores, dotaban a sus territorios de vías de circulación por las que desplazar a sus legiones y mensajeros a gran velocidad, y éstas estaban salpicadas de puntos de descanso o mansiones como Caraca, que distaban entre sí el espacio necesario para que las tropas pudieran llegar de una a otra en una jornada, que de media podía ser de aproximadamente 25 km, dependiendo de lo escarpado del terreno. Allí, las tropas y otros viajeros, podían encontrar agua, caballos de refresco, habitaciones para quien pudiera pagarlas, y otros servicios básicos, que permitían mantener a una cierta población local en los puntos más alejados de las grandes ciudades. Además de esta función principal, la ciudad de Caraca vivía también gracias a una rica agricultura, que se beneficiaba de la cercanía a la vega del Tajo. También se trabajaba el hierro, el esparto, el textil, y el lapis specularis, un antecedente del vidrio que usaban los romanos, lo que nos da la imagen de un municipio próspero.

Ahora solo queda esperar a que las excavaciones confirmen la magnitud del hallazgo, y permitan confirmar lo que desde hace muchos años se sospechaba, que debajo del cerro de la Virgen de la Muela de Driebes se ubica esta ciudad romana. Sin embargo, todavía queda una duda, que remite al episodio de Sertorio, pues a ningún observador se le escapará que en aquel cerro de Driebes no se dan las condiciones parara recrear las hazañas bélicas de los romanos contra los nativos y sus cuevas, a lo que se suma el hecho de que la información antes comentada de los geógrafos antiguos no es unánime acerca de la ubicación de Caraca. ¿Mentía Plutarco acerca de las nubes de polvo del ejército de Sertorio? ¿Acaso la ciudad romana de Driebes, contra todo pronóstico, no es Caraca? Algunos investigadores como Abascal opinan que pudiera haber habido dos Caraca, siendo una de ellas la de Driebes, y otra la de la hazaña de Sertorio. De hecho, no es extraño encontrar en la Hispania romana varios lugares habitados con el mismo nombre. Así pues, ¿dónde estaría la Caraca de Sertorio? El mismo investigador cree que esta otra ciudad, la de las cuevas, estaría mucho más al norte, quizá en Taracena, lo que confirmaría de alguna manera el pasado caracense de Guadalajara, o quizá más allá, cerca del límite provincial con Soria. Sobre este particular, las hipótesis son muy numerosas, y solo la arqueología nos permitirá, algún día, salir de dudas.

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Javier Plaza de Agustín (Guadalajara, 1980) es licenciado en Historia por la UNED y en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Alcalá. Compagina su trabajo de economista con los estudios de doctorado por la UNED, siendo su campo de investigación la Edad Media en Guadalajara. Fruto de su pasión por la historia y su cariño por su tierra surge esta página, en la que se irán publicando distintos artículos sobre la historia de Guadalajara y sus pueblos, siempre con un estilo sencillo, así como la máxima rigurosidad y respeto a la verdad, con el objetivo de acercar al lector el conocimiento de la historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

Comentarios

  • Invitado
    Juan luis Lunes, 17 Abril 2017

    Me encanta la historia,y por supuesto la parte que toca a la antigua Roma,aunque sea muy extensa también.Y ahora este gran descubrimiento de Caraca me toca un poco más de cerca,todavia más.Un saludo

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Invitado
Invitado Domingo, 23 Abril 2017

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