Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

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EL MAMBRÚ DE ARBETETA: AMOR TRÁGICO EN LA ALCARRIA DEL SIGLO XVIII

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Las historias de amor, sobre todo las que acaban mal, son algo habitual en la cultura tradicional. Quizá sea porque el amor correspondido no se vende bien, o porque siempre es más interesante contar desgracias ajenas, lo cierto es que algunas de estas fábulas han llegado a formar parte de la personalidad de lugares como Teruel, cuyos desgraciados amantes han llegado a ser el símbolo de la ciudad. Más cerca nuestro, en plena Alcarria, tenemos otra historia, casi igual de triste, y bastante menos conocida: el Mambrú de Arbeteta y la Giralda de Escamilla, una tradición todavía recordada por los ancianos de aquellos lugares, y recogida y conservada en su obra por el gran historiador Layna Serrano.


Vayamos por partes. A todo aquel que tuvo algo de infancia le sonará Mambrú como el hombre de la canción infantil que se fue a la guerra (“qué dolor, qué dolor, qué pena”), pero no todo el mundo sabe que Mambrú es una forma castellanizada de escribir Marlborough, el nombre de un ducado inglés cuyo titular a principios del siglo XVIII era el aristócrata británico John Churchill.

El duque de Marlborough participó en la guerra de Sucesión española. Esa guerra infame en la que, debido a la muerte sin herederos del hechizado Carlos II, las potencias europeas lucharon para colocar a sus candidatos en el decadente, pero todavía poderoso, trono español. A un lado, un Borbón francés, y al otro un austriaco con ganas de expandir su imperio. Aquella guerra, en la práctica, implicó que Francia, con el apoyo de una agotada Castilla, luchara contra todos los demás, consiguiendo a pesar de ello la victoria. Entre los enemigos de Francia estaba Inglaterra (un clásico), y así fue como al duque de Marlborough le tocó luchar en la guerra española contra el enemigo secular de su país.

El duque participó en 1709 en la batalla de Malplaquet, donde su ejército doblegó a los franceses, pero con un alto coste en vidas. Cinco de sus generales murieron, y él mismo estuvo a punto de fallecer aquel día. Estos hechos motivaron que los franceses creyeran que en esa batalla el duque de Marlborough había fallecido...si bien realmente esto no sucedió hasta 1722, cuando el aristócrata pasó a mejor vida tras un ataque de apoplejia mientras descansaba plácidamente en su palacio.

Pasando por alto el error de bulto de los franceses, comprensible en aquellos tiempos en los que la información no era precisamente fluida, lo cierto es que el pueblo galo celebró la muerte del enemigo con una cancioncilla burlona llamada “Malbrough s’en va-t-en guerre” (Mambrú se fue a la guerra). La música, bastante pegadiza, se hizo famosa entre las tropas y campesinos franceses, llegando a ser todo un éxito décadas después, en la época de la Revolución Francesa, y llegando a España, castellanizada, a través de la corte de los Borbones.
Dicho todo esto, que poco tiene que ver con nuestra Alcarria, veamos la relación de Arbeteta y este Mambrú. Cuenta la tradición popular que en aquella villa, en el siglo XVIII, vivía un joven, hijo del sacristán del lugar, que era tan pobre como elegante y bien parecido. Durante las fiestas de Escamilla el chico conoció a una moza que, casualmente, o quizá no tanto, era la hija del labrador más rico del pueblo, quien poseía tierras y dinero suficientes como para dar una buena dote a quien casara con la joven. Es entonces cuando ambos caen enamorados el uno del otro ante las sospechas del padre, que creía que el forastero estaba cortejando a su hija solo por el dinero. Tanto es así que el terrateniente, al ver que su hija había quedado enamorada de quien él pensaba que era un embaucador, decide encerrarla en casa, y ordena a sus criados que la vigilen noche y día para que no saliera de allí.

El joven, dispuesto a demostrar a aquel monstruo capaz de encerrar a su propia hija todo lo que valía, decidió alistarse en el ejército, luchando bravamente en el cuerpo de granaderos del rey, y consiguiendo alcanzar el rango de sargento. Tras lograr el ascenso, regresó a Escamilla con el uniforme y los galones, seguro de que así podría convencer al padre de su amada de que era un hombre digno de su hija.

El caso es que cuando el sargento llegó a Escamilla, la gente del pueblo le llamó Mambrú. Aquí la historia tiene dos variantes: una de ellas dice que se le llamó así por haber formado parte del ejército del duque de Marlborough, lo que no acaba de cuadrar, porque los castellanos apoyaron al francés Felipe V en la guerra de Sucesión, y el duque de Marlborough estaba entre sus enemigos. La otra versión dice que se le llamó Mambrú porque alguien tuvo la ocurrencia, al verle regresar con el uniforme, de acordarse de la famosa cancioncilla del soldado que se fue a la guerra y que no se sabía cuándo iba a volver. El caso es que el gallardo sargento ha pasado a la historia sin otro nombre más que el de Mambrú.

Cuando el joven se presentó frente al terrateniente para pedirle la mano de su hija, éste le dijo que jamás la casaría con un simple sargento. Derrotado y humillado, nuestro Mambrú regresó a Arbeteta, quedando su amada desconsolada en Escamilla. Cuenta la tradición que un día él decidió subirse con su uniforme y un banderín a lo más alto de la iglesia de Arbeteta, desde donde se podía ver en los días claros la torre del templo de Escamilla. Allí, ella le correspondía subiéndose a lo más alto del campanario, y así se pasaban los días, adivinando la silueta del otro sin poder siquiera llegar a mirarse a los ojos. Un buen día, el joven decidió regresar a la guerra para conseguir un rango más alto que le hiciera digno a los ojos del padre insensible. Dicen que combatió valientemente, y que murió en una batalla después de haber alcanzado el rango de capitán.

Cuando la noticia de la muerte de Mambrú llegó a Escamilla ella enfermó rápidamente, y murió apenas unos meses después. Los vecinos de ambos pueblos, conmovidos por la triste historia, decidieron mantener su memoria colocando en las respectivas torres las siluetas de un granadero y de una muchacha. El Mambrú de Arbeteta y la Giralda de Escamilla. Los ejemplares que se pueden contemplar en la actualidad son dos burdas copias de los originales, que fueron destruidos por diversos avatares, pero permiten mantener viva esta historia que quizá sea real, o quizá fruto de la siempre interesante tradición popular de nuestros antepasados. En cualquier caso, este es un motivo más para visitar aquel rincón de la Alcarria.

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Javier Plaza de Agustín (Guadalajara, 1980) es Doctor en Historia por la UNED, especializado en el estudio de la Edad Media en Castilla. También es licenciado en Historia por la UNED y en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Alcalá. Fruto de su pasión por la historia y su cariño por su tierra surge esta página, en la que se irán publicando distintos artículos sobre la historia de Guadalajara y sus pueblos, siempre con un estilo sencillo, así como la máxima rigurosidad y respeto a la verdad, con el objetivo de acercar al lector el conocimiento de la historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

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