Pie a tierra

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“VIOLENCIA DE GÉNERO”

Publicado por en en Pie a Tierra

Me parece impreciso, cuando no incorrecto, que llamen “violencia de género” a ese preocupante problema de nuestra sociedad y que consiste en que unos cuantos animales masculinos agreden, hasta la muerte a veces, a otras personas del género femenino. El año pasado murieron medio centenar de mujeres y este año comienza también violento.

El lenguaje es importante. Lo hemos oído mil veces y es verdad, por mucho que haya gente que se resiste a admitirlo. El lenguaje es el primer paso para formar nuestros pensamientos. Éstos dependerán en buena medida de cómo te lo hayan contado. Y además, el lenguaje es la forma más habitual de expresarnos y en esa expresión, consciente o inconscientemente, manifestamos nuestras ideas. Se puede conocer, por ejemplo, a un machista por un comentario o detectamos a un racista con solo oírle hablar un instante.

Es claro que el género está presente en estas agresiones y repitiéndose en todos los casos los papeles masculino y femenino. Pero esta presencia no creo que debiera ser determinante para utilizar ese término. Por la misma razón que no se llama violencia política a los atentados que están relacionados con las ideas políticas ni se llama terrorismo religioso a otras violencias influidas claramente por la religión.

El género será, quizá, la forma más inocente para referirse a las diferencias entre hombres y mujeres, el que menos violencia suscita. El sexo es otra cosa. Las relaciones sexuales sí que pueden tornarse en situaciones violentas; de hecho ocurre muy a menudo en el mundo de la pareja y, aunque en la mayoría de los casos se soluciona, otras veces pasa a mayores. La diferente forma de entender el sexo puede generar conflictos, las diferencias de género, no. En principio, me parece más correcta la expresión “violencia sexista” o “violencia machista” para este tipo de delitos y dejaría la expresión “violencia de género” para definir la que se ejerce contra aquellas personas que en su cabeza sienten un género distinto al de su cuerpo y no se les permite vivir como se sienten, con su verdadero género.

Pero voy más lejos. El nombre que le ponemos a las cosas debería aportar una breve definición del concepto, para que todo el mundo sepa de lo que estamos hablando. Pero claro si llamamos a esto “violencia sexista” estamos previniendo a nuestros jóvenes ante el sexo, advirtiéndoles de que puede tener algunos peligros, entre ellos la violencia. Y es verdad que hay que educar en el sexo para que los y las jóvenes conozcan todos sus aspectos, pero no me parece oportuno que algo tan hermoso y necesario para las personas y tan opuesto a la violencia, el sexo, lo relacionemos con connotaciones tan negativas. Por la misma razón que por el hecho de que haya unos terroristas de una determinada nacionalidad, nunca debería ponerse el gentilicio correspondiente al lado de la palabra terrorismo. Tampoco es del todo correcto denominar “violencia machista” a unas agresiones que, aunque las ejerza un varón, no siempre son provocadas por el machismo.

Una correcta denominación puede y debe servir, además, para prevenir a la gente. En este sentido de avisar a los jóvenes sobre determinados peligros y precauciones, más acertado me parecería poner a esta violencia el calificativo de “conyugal” o “matrimonial”, entendiendo estos términos en toda su extensión de convivencia en pareja, porque es en ese entorno donde se produce y desarrolla. Y es verdad que a los jóvenes no siempre se les prepara para algo tan complicado como la convivencia. Es necesario prevenirles y prepararlos para la resolución pacífica de los conflictos que sin duda surgirán.

Si la llamamos violencia “matrimonial” o “conyugal”  estamos apuntando a las posibles causas y al entorno en que se producen los problemas que a veces acaban de forma violenta.

Cuando el diagnóstico es acertado estamos más cerca de la solución. En cambio, si la llamamos violencia “sexista” o “de género” estamos desviando el problema y por lo tanto complicando la solución. Creo que no está bien empleada esa denominación, porque no define bien el fondo del problema.  Si la solución a estos problemas nunca está en un cambio de sexo o de género es, simplemente, porque tanto el sexo como el género son inocentes. La solución casi siempre se busca en el alejamiento de la pareja y la ruptura de esa relación matrimonial. Por eso me parece más adecuada esa otra denominación.

Es complicado, lo sé. Y, aunque tengo mis preferencias, yo tampoco tengo la solución. Pero me parece importante reflexionar y darnos cuenta que la solución de los problemas tiene muchos aspectos y, entre ellos, el lenguaje es muy importante.

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Comentarios

  • cuñao
    cuñao Miércoles, 22 Febrero 2017

    Igual hay gente que se dedica a estudiar estas cosas (diferencia entre sexo/género; patriarcado; violencia de género) como para que el primer cuñado que pase por aquí diga lo que se le ocurra sobre este tema...

    Es complicado, lo sé. Pero igual hay que leer antes que escribir.

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Invitado
Invitado Viernes, 24 Febrero 2017

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