Un zángano en el palmeral

A OTROS CON ESA BROMA

Lo recuerdo ahora. Fue hace tiempo. Durante una de esas, entonces habituales para mi, vigilias de radio, en la cocina de casa, pendiente de profesionales que no salían en televisión y, por lo tanto, totalmente imaginados a partir de la voz con la que se dirigían a los “escuchantes”, como suele designarse a los oyentes durante las mañanas de sábado y domingo en Radio Nacional- NO ES UN DÍA CUALQUIERA- de las que es maestra de ceremonias Pepa Fernández. Hablaban, digo, de humor y de lo escasamente tolerantes que solemos ser cuando los chistes hacen alusión al colectivo del que formamos o creemos formar parte…

Pues bien. Ocurre lo mismo con la crítica. Las opiniones adversas, más allá de improperios, descalificaciones y ofensas, son tomadas por quienes las reciben como inadmisible acto de guerra que da lugar a una repuesta crecientemente belicosa. Es verdad que existe la mala costumbre de realizar reproches poniendo a todos los de una misma “familia” en el mismo saco. Si se trata de repartir halagos, bienvenidos los consideran todos. Pero, basta con decir, “los políticos hacen o deshacen, suben o bajan, comen o dejan de comer”, para que, hasta de debajo de las piedras, “profesionales” y simpatizantes, salgan a protestar por la “broma”… “¿Cómo que nosotros?”… “¡Oiga, que no todos somos iguales!”… Y pasa con los sindicalistas, los maestros, los funcionarios, los artistas, las feministas, los abogados, los sanitarios, los banqueros, los jóvenes, los abuelos, las amas de casa, los opulentos, los pobres de solemnidad, los creyentes, los forofos, los militares, los ecologistas, los románticos, los peatones, los dueños de mascotas, los dependientes de comercio, los pacifistas, los cofrades, los arquitectos, los adictos a Internet, los locutores de radio, los publicistas, las emisoras de televisión etc. … Nadie, jamás- ocurre como con lo de dimitir- de entre quienes se ponen en pie para rechazar la mayor y la menor- hace uso de un ápice de cordura con el fin de asegurarse si aquello que fue puesto en cuestión tiene visos de corresponder con algo cierto. Nadie admite que, hay ganaderos, monjes, peluqueras o payasos cuyos actos merecen censura y que ese error o cúmulo de faltas se perpetúa si los que pueden hacer algo más que mirar para otro lado evitan tal desinterés interesado… Creo que se atribuye a quien fuera presidente de los Estados Unidos de Norte América, Franklin D. Roosevelt, aunque no estoy seguro de que fuera este personaje de la historia quien lo dijera, quien, refiriéndose al dictador Anastasio Somoza- dueño según él de Nicaragua- sostuvo: “Puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”… Por lo visto, una manera de ver las cosas que no es privativa de los dirigentes del país que detenta todavía el puesto de primera potencia mundial. Que nadie ose decir, “El Barça jugó de pena”, porque, aunque sea un hecho, sobre todo si el aserto viene de parte del rival de toda la vida- el real Madrid- hasta el último socio “culé” se sentirá ofendidísimo. Y viceversa. Que nadie ose decir, “El defensa del Betis mereció la tarjeta roja”. Porque, aunque sea un hecho, sobre todo si viene de parte del rival de toda la vida- el Sevilla- hasta el último socio bético considerará que lo de tal miembro de la plantilla es menos importante que aquello otro que en tal fecha perpetró fulanito, estrella del equipo de los que se manifestaron críticamente. Así que, “menos lobos”… Y viceversa. Es a lo que jugamos todos los días.

Acceso denegado
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