El blog de la señora Horton

Acceso denegado

Ya hace meses que adquirí, por motivos que se me ocultan, un ordenador nuevo muy superior al viejo en todos los sentidos; por motivos que se me ocultan, digo, pues jamás he llegado a utilizar al completo las potencias de todos sus antecesores en el cargo: ni su memoria ni su entendimiento ni su voluntad. Ciertamente lo nuevo siempre es un estímulo y así como tras un viaje o una lectura reveladora el escritor sufre un revolcón espiritual que se traduce en acelerones y calentones de las facultades mentales, así la presencia del ordenador nuevo introduce una mutación -y siempre esperamos que positiva- tanto en la comprensión del mundo como en los resultados literarios.

 

He de confesar que desde que apareció el primer ordenador en mi vida viró mi estilo hacia lo barroco, pues cuando escribía a máquina (dios ¿quien se cuerda de ello?) tendía a ser parca para no desperdiciar tiempo y papel en correcciones con repercusión en la deforestación del planeta y perdida de horas para diversiones en mi vida. Quizá la falta de un buen tratamiento de textos marcó el estilo de Homero y siempre que releo Las tentaciones de San Antonio (y juro que las releo, son fuente inagotable de inspiración) imagino a Flaubert con un ordenador, ya que la vida y obras del demonio precisan verborrea, barroquismo y una inundación de páginas, al contrario que las memorias de dios que seguramente están mas que acabadas con una sola palabra. Y no quiero aventurar cuál sería esa palabra.

Total que después de adentrarme en las tripas de este poderoso huésped nuevo, empezando por un programa de poker online al que soy muy pero que muy aficionada y ganar cien de cada cien partidas, las cosas han empezado a cambiar. Anoche observé que el juego en el que soy experta se me resistía. Tanto que perdí ininterrumpidamente.

Esta mutación del carácter del nuevo ordenador -siendo como somos la baraja y yo las mismas- me induce a pensar que a) se ha dado cuenta de que juego compulsivamente, desatendiendo sueño, alimentación y familia y  trata de protegerme para no tener que denunciarme por ludopatía extrema; eso me lleva a suponer que,  quizá por negligencia y desconocimiento a la hora de la compra haya yo introducido en mi casa un ordenador moralista (¡dios no lo quiera es lo que me faltaba!) que se ha empeñado en proteger mi escaso peculio, o b) este es un ordenador que hace trampas.

Me inclino por esta segunda hipótesis. Luchando contra su oposición y resistencia y venciéndolas a base de versatilidad y astucia he ido sacando a la luz cosas terribles. Primero fueron los peregrinos vídeos del difunto Chávez, emboscados entre los archivos de un programa de matemáticas, y ahora, esta mañana, me he encontrado una carta en verso que el mismo ordenador me dedica, bajo el título "Error 404" y donde me pone de chupa de dómine. Después de leerla, harta de perder al poker y de los insultos que me destina, colérica, he forzado su cierre con un par de narices. Y cuando lo he querido volver a abrir (y es que no sé vivir sin él) me he encontrado con una página azul -¡qué mal presagio!- e inmediatamente ha aparecido el cartelito que me temía: Acceso denegado.

Luego me he dado cuenta de que he sido injusta con el pobre trasto: lo que sucede es que se ha unido a la deriva de los tiempos y está como los cajeros de Chipre, fuera de servicio: no suelta un euro ni en la mesa del tapete verde ni en las ventanillas bancarias y tampoco permite ninguna otra solución.

¡Agua va!
A OTROS CON ESA BROMA