Hieles y mieles

¿Adónde vas, España?

Alguien (no recuerdo quién) dijo que los perversos triunfan por la indiferencia, pasividad, silencio y cobardía de la buena gente. De esta frase se deduce que, para erradicar el mal, todos debemos aportar nuestra influencia, porque todos somos responsables del futuro no sólo nuestro, sino de las generaciones que nos sucederán. Si piensas que no te interesa la política, porque todos son iguales, estás en un grave error, que podría costar caro, no sólo a ti, sino al resto de la sociedad y a tus descendientes.

Por esa razón, salto a la palestra, para exponer mis ideas, esperando que las consideréis constructivas, en estos tiempos en que España se encuentra, como jamás la he visto en mi vida, en un auténtico muladar, por culpa de unos políticos ineptos y corruptísimos, a quienes importa muy poco su PATRIA. La mayoría de ellos lucha no por solucionar los problemas del país, sino por alcanzar el poder, con sus correspondientes y pingües ventajas económicas, recurriendo al insulto, la calumnia, la mentira y la asociación con malhechores.

Como me baso en la idea de que el hombre es dueño de sus ideas y esclavo de sus ideologías, puedo asegurar que me rijo por mis propias opiniones y no sigo ninguna tendencia religiosa, política ni de ninguna otra índole. Los rojos me llaman facha y los fachas, rojo. Soy conservador y, al mismo tiempo, progresista, pues considero que es necesario progresar; pero sin olvidar el pasado, del que, además, tantas enseñanzas podemos sacar.

Mis ideas pueden ser acertadas o erróneas (errare humanum est); pero puedo cambiarlas y mejorarlas, según influyan en mí las circunstancias. En cambio, el que sigue una ideología obedece con ciega sumisión las normas, muchas veces intencionadamente engañosas, que le dictan sus dirigentes.

Ya soy un viejo de 78 años que nació en 1942 y, por consiguiente, ha conocido muy bien la corrupción y la brutalidad del Franquismo. En 20 meses de mili y 17 años de trabajo en la, por entonces, corruptísima Iberia, he sufrido tropelías increíblemente dolorosas que, aunque no pretendo mantenerlas en secreto, no voy a relatar aquí por falta de espacio; pero las tengo archivadas, para poder tapar la boca a los defensores a ultranza del Caudillo.

Pero pecaría de insensatez o de falta de honestidad si no reconociese que la dictadura empezó con una España destrozada y terminó con una España floreciente y eso hay que valorarlo, del mismo modo que doy mi opinión de que, si aquello fue indudablemente malo, lo que tenemos ahora es muchísimo peor

Una vez, en el Palacio de la Moneda de Santiago de Chile, entablé conversación con un policía y llegué a decirle que no comprendía por qué muchos chilenos sentían tanta admiración por Pinochet, causante de muchas muertes y desapariciones. Su respuesta fue tajante: “Porque, de no haber sido por él, estaríamos ahora como en Cuba”. Esa frase me hizo pensar que, de no haber sido por Franco, hubiésemos estado como los países de la URSS, de los cuales he conocido varios y todos tienen opiniones coincidentes cuando hablan de la tiranía inhumana y criminal de los soviéticos. En resumen: Franco no fue tan bueno como dicen unos ni tan malo como dicen otros.

He mencionado a Cuba y he de decir que he estado allí tres veces y, como decimos en España, se te cae el alma a los pies. Los cubanos hablan en su propia casa en voz baja o por señas, por miedo a que algún vecino sea miembro secreto de los temibles CDR (los chivatos del régimen) y se entere de la conversación. La desconfianza se ha establecido, incluso entre hermanos, y una anciana de 82 años me decía muy triste: Con Batista vivíamos mucho mejor.

Presumen de la excelente calidad de su Sanidad Pública y tienen casi completamente vacías las estanterías de las farmacias. De sus hospitales no hablo, porque no he estado en ninguno; pero no sospecho nada bueno. Además, han convertido a los médicos en producto de exportación, tanto económica como ideológica, y tienen que ir al país donde los manda el Partido, tanto si quieren como si no.

En cuanto a Rusia, puedo contar otra anécdota sorprendente. Cuando trabajaba en el aeropuerto de Barajas, me hice amigo de un empleado ruso de Aeroflot. Vino a mi casa tantas veces como lo invité; pero luego me llevé una gran sorpresa: cambié mi domicilio de Madrid a Torrejón de Ardoz y lo invité de nuevo; pero él se excusó, diciendo que no estaba autorizado por su gobierno para salir de Madrid y desplazarse los aproximadamente 15 km. que separan estas dos ciudades. Ésas eran las libertades de que disfrutaban los ciudadanos del país que más ha presumido de ser (gran mentira) comunista.

En cuanto a Venezuela no puedo decir nada, porque intenté ir varias veces, en tiempo de Chávez, y hubo amigos que me disuadieron, diciendo que era una locura y que allí la vida humana no tiene ningún valor. Creo que, para saber lo que es aquello, bastan las noticias que recibimos por los medios de comunicación.

En China se nota claramente que impera la sumisión impuesta por el gobierno, a la que han ido acostumbrándose durante varias generaciones. Es una sociedad completamente sometida. En la plaza Tiananmén, me he sentido como un borrego sumiso, entre miles de personas, tras un toque de retirada, cuando la cierran al atardecer. Estaba en un país que no era el mío y tenía que obedecer.

He conocido también países que estuvieron sometidos tras el telón de acero y enseguida les rezuma el pavor que han sentido bajo la zarpa de la URSS.

Y en España hemos de admirar y agradecer el magnífico ejemplo para mejorar que han dado a las clases media y desfavorecida nuestros ínclitos Marqueses de Galapagar: se han convertido en prototipo de trepadores, para saltar de un pisito humilde de Vallecas a un ostentoso casoplón. Son el mejor ejemplo que podemos seguir, para convertirnos en casta.

No os espantéis si digo que me fascina el Comunismo. ¿Hay algo mejor que repartir el trabajo justa y equitativamente entre todos y tener plenamente cubiertas nuestras necesidades completamente gratis? Está claro que no; pero esa utopía no ha existido ni existirá jamás, porque choca de lleno con la naturaleza predadora del hombre. Los sistemas o personas que se han ufanado y se ufanan todavía de ser comunistas no son nada más que dictadores sanguinarios y hasta genocidas, que convierten sus países en crueles cárceles y a sus compatriotas en presidiarios indefensos y humillados.

Y, en cuanto a la derecha, otro desastre: no sólo está dividida, sino también tratando de eliminarse entre ellos.

No puedo callar que tengo bien guardados en mi casa documentos que me han convencido de que Rajoy, Cospedal y Arenas son unos corruptos mentirosos, lo mismo que he de decir que mi opinión sobre los jueces y la Administración de Justicia Española queda reflejada en un libro que publiqué hace unos 10 años, titulado “Si pides Justicia, date por jodido”.

Dada mi fecha de nacimiento, he conocido la Segunda República desde mi infancia; pero sólo por referencias muy directas de quienes habían vivido en ella y la calificaban, igual que muchos historiadores, como todavía más criminal que el Franquismo.

Por otro lado, no voy a decir que España no ha progresado con nuestra democracia; pero me duele muchísimo ver cómo se ha ido gestando desde hace muchos años el desastre actual. Tanto Felipe González como Aznar, van ahora por ahí como “decidores” de sabias palabras, opinando, incluso con acierto algunas veces; pero deberían pedir perdón a todos los españoles, porque, en muchas ocasiones, en vez de gobernar para el bien de nuestra patria, lo han hecho a beneficio de Raterías Pujol, S. L., haciéndole muchas concesiones perniciosas para España que, a cambio, les interesaban a ellos para mantenerse en el poder. ¡Ahora estamos pagando las duras consecuencias de sus chanchullos!

En la actualidad, tenemos en España un gobierno autocalificado como progresista. Sí: un progreso voraz hacia los años treinta del siglo XX, olvidando por completo sus obligaciones con el futuro.

En cuanto a la machaconería obsesiva con que se habla de memoria histórica (que, evidentemente, no es histórica, sino histérica y semi-histórica, pues contempla la mitad de los acontecimientos), yo contrapongo el también evidente olvido histórico que pretenden. ¡Qué ruindad, dar vida a unas tres cuartas partes de los acontecimientos y sumir el resto en un olvido intencionado! Una persona sensata y honesta reconoce y condena por igual los crímenes de ambos bandos contendientes. No hacerlo así es pura felonía.

Tal vez piensen que vamos a desconocer lo que nos enseña la Historia y que acabaremos convencidos de que hubo víctimas solamente en el bando de los rojos, que fueron tanto o más criminales que los de derechas.

Quiero traer a colación lo que oí al distinguido dirigente de izquierdas Julio Anguita: “Si tu partido te propone que votes a un deshonesto y el partido contrario a una persona honrada, no lo dudes y vota al honrado”. En ellas me baso para pedirte que, antes de deducir una opinión, analices bien lo que te ofrece cada uno, teniendo en cuenta que hay políticos que buscan la destrucción de España y tienen la mentira como principal herramienta de trabajo. Observa y analiza bien sus actos y no te fíes nunca de sus palabras, pues son maestros en el arte de engañar bobos, como podemos comprobar, si recurrimos a la hemeroteca. Te lo repito: no creas nunca las palabras de los que presumen de demócratas y fíjate en sus actos. Si mienten, no esperes nada bueno de ellos.

¿De verdad no os dais cuenta de todas las mentiras que, con la clara intención de engañarnos, se vociferan en el Congreso ni de la forma tan esperpéntica en que son aplaudidas? Está bien claro que a muchos españoles os satisfacen; pero somos muchos también los que las encontramos ridículas, esperpénticas y hasta terriblemente pérfidas.

Por favor, pensad con el cerebro y no con el corazón, lo que equivale a decir que sigáis vuestras ideas, sin hacer caso de ideologías engañosas.

Cuando yo sea Presidente
Pocas luces