Aviso Gorra

Autónomos

La aventura de cualquier autónomo empieza como el cuento de la lechera. Uno se convence de que sabe ordeñar, quizás hacer nata o mantequilla, y se coloca el cántaro en la cabeza dispuesto a ir al mercado a vender.

 

Los llaman emprendedores para que se crean empresarios, hasta que Hacienda les recuerda que son trabajadores por cuenta propia, por la cuenta que les tiene y por la cuenta que le deben.

Para los bancos son autognomos, o sea enanos económicos, cuyo riesgo no merece crédito.

Y para la Administración autoempleo, o sea autoparo, uno menos en la lista del INEM.

Son criaturas extrañas que trabajan a destajo, que hacen del trabajo salud, pues no pueden ponerse nunca malos, ni irse de vacaciones, porque si no trabajan, no ganan, y aún trabajando a veces tampoco.

Como no tienen jefe sobre el que maldecir su suerte, son seres optimistas, porque como dijo Churchill, no parece muy útil ser otra cosa.

Y lo de menos es que el cántaro se rompa.

Nuestros animales
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