El blog de la señora Horton

Beber para crecer

Quizá, pienso, nuestra inclinación a las drogas, especialmente al alcohol se deba a la necesidad de olvidar nuestras continuas ridiculeces. Este año está lleno de ellas: dividir, saquear y arruinar un país no tiene otro nombre.


Así que para tomarse en serio a sí mismo a veces hay que pasar por la ventanilla de la borrachera a fin de mirarse cara a cara con el propio corazón, como en un estado sagrado. Un hombre inteligente que ha vivido lo suficiente debería, si ha soportado estoicamente los últimos terribles años, permanecer de continuo en estado ebrio. Siendo esto imposible, pues sin algunos momentos de cordura no podría ascender en su carrera hacia la tontería, ha de abandonar el líquido sagrado para contemplar el telediario, pero sin perder de vista que un buen pedal en las actuales circunstancias no solo amansa el dolor si no que hace olvidar todo tipo de molestas verdades, ya las haya dicho Agamenón o su porquero. "Yaceré entre ciénagas, pero me endiosa el pecho inexplicable un júbilo secreto" escribió el poeta solo para ser entendido por la intuición que aún permanece en el centro de la ebriedad.

Lo malo de beber es beber para nada o beber para olvidar los fracasos por llegar, o las tonterías de los otros. Lo malo, es tomar la bebida a mala parte. El bebedor social es un modelo que se lleva, como se llevan los jeans rotos. Por esa moda infame los chicos adolescentes beben y luego la policía los desaloja y salen en la pantalla agarrados a la botella y chocándose con las farolas. Van haciendo hip hip por la acera adelante entre dos filas de adultos escandalizados e hipócritas. Lo repugnante no es ese espectáculo nocturno, lo repugnante es inducir al mozo a yacer entre ciénagas cuando aún no posee un pecho inexplicable en el que acoger ese júbilo secreto del que el poeta nos hablaba unos renglones más arriba. O sea, que no tiene trabajo ni trazas de tenerlo.

Mal están las cosas para todos pero aún peor para la juventud incluso para la infancia. Si el chaval se queda en casa, encima de no tener calefacción ni desayuno, puede asistir en la televisión a cualquiera de sus ofertas: desahucios exprés, sexo a la española, autopsias made in USA, discursos políticos centrales y autonómicos o (y esto sería lo más constructivo, por eso se ve poco)  juicios a banqueros.

Si va al cole puede recibir una bronca  en el recreo a cuenta de la lengua autonómica o sufrir acoso escolar, o pasar de curso con siete asignaturas suspensas; si se va a la calle puede aprender oficios de gran futuro: racista, camello, proxeneta o tironero. Pero si es fin de curso y papá le ha dado pasta, entonces el discotequero de la esquina puede emborracharle concienzudamente.

Dicen que en el seno de todos los licores duerme una fiera. También dicen que en el corazón de todo hombre se oculta otra.
Yo creo que los jóvenes beben para olvidar que viven en un parque zoológico.

Quién no llora con el blues
Hacia Europa en blanco