Hoy traigo al blog unas reflexiones prestadas. El texto que va a continuación, en cursiva, lo he sacado de “Los desorientados”, de Amin Maalouf (Alianza editorial). Este autor libanés, que se exilió voluntariamente a Francia durante la guerra en su país, comenta con un amigo cómo otro amigo común había llegado a ser ministro y se había enriquecido tras enrolarse en un grupo mafioso.

 

La situación, cambiando guerra por crisis, me recuerda lo que está ocurriendo hoy en nuestro país: ascenso político, cadena de errores, falta de principios, enriquecimiento ilícito, justificación de los amigos…

Las leyes de la sociedad no son las de la gravedad, con frecuencia te caes hacia arriba y no hacia abajo. El ascenso político de nuestro amigo fue consecuencia directa de la grave falta que cometió. Desde aquel momento cometió muchas más, por la fuerza de los acontecimientos… Los principios son vínculos, amarras; cuando los soltamos, nos liberamos, pero nos pasa lo que a un globo grande lleno de helio, que sube y sube y sube, y parece que se eleva hacia el cielo, siendo así que se eleva hacia la nada. Así que nuestro amigo subió y subió; se volvió poderoso, famoso y, sobre todo, rico, insultantemente rico. (…)

Pensar que uno de nuestros amigos íntimos tiró por ese camino me resulta intolerable. A veces hay quien me dice, para defenderlo: no hizo nada que no hicieran todos esos que prosperaron en los años de guerra. Es posible que hiciera lo que todos, pero él era uno de los nuestros. Soñamos juntos un país diferente, un mundo diferente. A él no le perdono nada. Que fuera mi amigo no es desde mi punto de vista una circunstancia atenuante. Es, por el contrario, una circunstancia agravante. Las fechorías de un amigo mancillan e insultan: es deber nuestro juzgarlas sin compasión.”

Juzgar sin compasión las fechorías de los nuestros… Creo que es el comienzo para terminar con la corrupción. No los acuerdos parlamentarios, ni el endurecimiento de las leyes, ni la publicación de las cuentas, ni todas esas falsas medidas aprobadas hasta ahora, sin que hayan supuesto ningún freno al problema

Sólo saldremos de esta cuando nos repugne lo que hacen los nuestros, más cuanto más cerca, nos avergüence, nos impulse a colaborar de verdad con la justicia para su esclarecimiento en vez de esa tibieza de intentar comprenderlos, ser prudentes, defenderlos, otorgarles el beneficio de la duda, la presunción de inocencia, el “no podemos hacer más”…

Hay que acabar con los indultos, los aforamientos, la pasividad, el “y tú más”… con que intentamos defender a los cercano, los que más daño nos hacen. Que otros lo hagan no justifica ni atenúa su crimen; la cercanía lo agrava.

Vamos al revés también en esto, por eso tiene mala solución… y seguiremos cayendo; unos hacia abajo, otros hacia arriba, pero todos hacia la nada.