Apuntes de un becario

Comarcalización para evitar el despoblamiento rural

Hay muchas formas de asegurar el trabajo y la vida en el medio rural. Una de ellas es que todos los pueblos, por muy pequeños que sean, tengan unos servicios semejantes a los existentes en las ciudades. Otra consistiría en que los ciudadanos que vivan más allá de Torija puedan acceder a Internet con un ancho de banda digno.

Sin olvidar la existencia de unas comunicaciones por las que se pueda transitar, y un sistema de transporte público regular y rápido que comunique todas las localidades con Guadalajara.

Pero también hay otra medida de la que casi nadie habla. Se trata de la comarcalización, una opción reconocida en la constitución y que ya se ha aplicado en otras regiones españolas como Aragón. Se trata de dividir la provincia en otros territorios menores que, con instituciones propias, gestionarían determinadas competencias cedidas tanto desde la Autonomía como desde la Diputación.

Así, algunas materias se podrían desarrollar mucho más cerca de los pueblos –con lo que se evitarían desplazamientos innecesarios-, se aproximaría la Administración al ciudadano y se podrían generar puestos de trabajo, al conocerse mejor las necesidades del territorio y aplicarse unas inversiones más certeras.

Además, la comarcalización cobra mucho más sentido en una provincia como la de Guadalajara, en la que el despoblamiento afecta a gran parte de su territorio. A ello se añade que la capital se encuentra en un extremo, lo que hace que muchos municipios se encuentren a más de 200 kilómetros de distancia de los centros administrativos –pregúntenselo sino a los vecinos de Alustante o de Orea-.    

Una idea sin duda necesaria para nuestros pueblos. Y en la que Diputación y Junta de Comunidades deberían implicarse para, llegado el momento, ceder competencias con el fin de que las comarcas pudieran tener sus propios organismos.
En busca del empleo perdido
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