Tauromaquia

Comités de expertos y… sus dudas administrativas

 

Como este blog tiene como principal objetivo el análisis de los temas taurinos, vamos a tratar uno muy sensible para la necesaria correcta relación entre la Administración y sus administrados. En cuanto se refiere a la mayor limpieza y mejor claridad, en la actuación administrativa, para la adjudicación de un contrato de explotación de un coso sacado a licitación, para llevar a cabo la actuación correspondiente con el mismo.

Y si hay que buscar una actuación administrativa mas compleja, para dejar indemne de suspicacia a su labor, no hay duda que serán los contratos con gran carga de aspectos artísticos, en los que los juicios de valor conlleven el mayor peso de valoración. Porque un juicio de valor, no es sino el tener en cuenta los criterios de la valoración de alguien, sobre el tema a considerar; que luego un tercero decide si es aceptable o no.

Y claro, en el tema taurino, los criterios artísticos casi rozan el dilucidar el sexo de los ángeles; y la cualificación de los responsables de llevar a cabo la valoración, ha de estar revestida de un conocimiento de la tauromaquia y de todo lo que la configura, no solo en la del momento de su examen, sino que deberán conllevar criterios también de otra índole para el logro de la viabilidad de lo que se pretende. 

Y es, en este específico contexto de especialidad, donde reside la dificultad de la elección de los componentes de dicho comité; y se tiende, con verdadera gran osadía, a nombrar personal vinculado a la Administración y por tanto no exento de sospechas, cuando la decisión final corresponde a un político, superior jerárquico. Nadie debe molestarse por esta afirmación, porque los jueces saben que los comités son muy maleables y les chirrían las exigencias y los criterios de valoración, tan discrecionales, que se arrogan.

Los Pliegos de Condiciones, de las adjudicaciones de explotación de cosos propiedad de la Administración, no deberían recoger una valoración por puntos a los profesionales que se ofertan en las plicas. Y si esto ya es difícil y de antinatura conceptual, díganme de las ganaderías, si las reses salen como salen y vaya uno a saber cómo salen... Por lo que se deberían valorar solo sobre los carteles que se oferten; y será responsabilidad del licitante la confección armónica de estos, para según sean los cánones artísticos o de otra consideración que se busquen, junto con las reses que se ofrezcan.

La categoría de los carteles, son, a su vez, muy subjetivas de valoración, pero si alguien puede ajustar sus méritos, esos son los verdaderos aficionados, que solo buscan en ellos la armonía de su atractivo, tanto para los entendidos, los interesados o los curiosos. El logro de esas intenciones, habrá que blindarlas en el Pliego y existen muchas formas para asegurarlas. Tanto para con los profesionales, como las ganaderías que se ofrezcan, además de la prevención sobre las posibles modificaciones, por casos de fuerza mayor, que impidan el deterioro de la oferta y vayan en beneficio de ahuyentar componendas.

No es tan difícil hacer las cosas bien, si las exigencias son las justas. Las sanciones estén claramente señaladas y la buena profesionalidad de los licitantes serán contrastadas. El no hacerlo así, conllevará el riesgo del incumplimiento, la sospecha de la prevaricación y el vicio tan común de la corrupción; que, si es inadmisible siempre, lo es mucho más en el cumplimiento de algo, tan importante, como lo es en un contrato administrativo. 

Por ello debe ser la Administración y solo ella, la que tenga el poder de elección ante las posibles modificaciones sobre los carteles, en todos sus apartados, que fueran motivo de su adjudicación. Y para ello es necesario la oferta, digamos de los posibles sustitutos, tanto de profesionales como de ganaderías. 

Hoy en día se debe y tiene que exigir, en los Pliegos de los concursos, la aportación de las pruebas gráficas y documentos varios, que se deban considerar más oportunas por la Administración, para el primer análisis de las características asignables a las reses y su trapío, así como de las de su registro en los libros de la ganadería. Porque la tan traída y llevada visita al campo… no deja de ser sino una gentil pillería para que empresarios y sus posibles clientes; digamos… pasen un día festivo. Y, eso sí, no dejar nunca dudas en cualquiera petición, aclaración, indicación que pueda generarse en el proceso, tanto de selección como durante el tiempo a transcurrir hasta la celebración del evento, que… la Administración siempre ha de tener la última palabra.

En nuestra Guadalajara, se van cumpliendo lo ya adelantado en este blog. Pues, que se sepa, del Pliego de Condiciones para adjudicar el coso, no se tienen trazas de ver el sol. No ya por desidia, que también, sino porque la promesa de hacerse con el concierto de los aficionados no se produce. Lo cual no es novedad, viniendo de quien hizo la misma, si no que, a estas alturas, como dijimos, con los plazos administrativos a cumplir, la fiesta de primavera solo será posible disfrutarla en La Muralla de Brihuega. Y para los fastos de septiembre pues… ¡¡ay Guadalajara, Guadalajara… y sus políticos de mis pecados!      

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