He leído que. “Un método infalible para conciliar con un tigre es permitirle que nos devore”. Son palabras que se atribuyen al gran estadista alemán Konrad Adenauer. Una manera irónica de expresar lo descabellado que puede llegar a ser toda contemporización con quien ha decidido acabar contigo.

Y me sirve aquí porque, muy a menudo, observo lo desproporcionado de las formas y exigencias propias de quienes, precisamente, por lo que predican, deberían dar otros ejemplos. Aludo con esto a grupos y formaciones preocupados por la naturaleza, por ejemplo, cuya manera de manifestar sus propósitos se asemeja a la del tigre de Adenauer: conviene que ustedes hagan esto sí o sí. Sí, porque sino pereceremos todos o, sí, porque perecerán ustedes. Y no será porque entre los argumentos de personas así, generalmente informadas, sensibles y cultas, falten las razones, no. Es que, a pesar de ofrecer muy juiciosos puntos vista, embisten, como el toro, con la única intención de matar. De matar o de someter, de uniformar, de arbitrar medidas que coincidan con una única perspectiva, la de ellos. Cabe decir, claro, lo imperioso del grito o de la actitud grandilocuente si lo determinado es emerger de entre tanto mensaje. Vivimos en una sociedad donde las ofertas efectuadas por segundo, exceden la medida misma del tiempo y, salvo lo desmesurado o sorpresivo, difícilmente hacemos caso, todo nos parece otra más. Pero, considerado lo dicho, no vale actuar desde un orden injusto cuando lo demandado es justicia. Yo por lo menos, es lo que creo. A partir de ahí todo es discutible y de adecuada aplicación si democráticamente se admite… Uno de esos casos, de aquellos que se pueden promover, discutir y, si una mayoría cualificada lo decide, con fuerza para constituirse como ley, es la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Todo el mundo conoce el proceso, la historia, y ya está. No ha pasado nada. La vida sigue. Habrá quienes no estén de acuerdo, otros se sienten satisfechos de la norma en vigor y mañana será otro día. Por lo tanto, en aras de lo justo, me encanta celebrar la postura de Ecologistas en Acción de Guadalajara. Según leo en GUADAQUE, el mencionado grupo “… pide que se modifique el reglamento taurino”. Y, ¿por qué?... Lean, que lo copio de la noticia misma: “… Ecologistas en Acción propone cambiar algunos aspectos del Reglamento Taurino de Castilla-La mancha, además de que haya mayor control y cumplimiento por parte de las administraciones de la ley vigente, que lleven a cabo una campaña de denuncias masiva este verano 2011; que se edite un manual para ayuntamientos y ciudadanos. Además, instan a que se garantice la seguridad de las personas que se manifiesten en contra de los eventos taurinos y, por último, piden una reunión con los nuevos responsables de la Junta y con la subdelegada del Gobierno en Guadalajara para tratar el asunto”… Nada que exceda los límites de lo razonable: que se cumpla la ley, que se cumpla la ley y que se cumpla la ley. Y que se modifique- al menos que se discuta- el actual reglamento porque, según los defensores de la naturaleza, podría ser mejor. Y quienes solicitan que se modifique un reglamento no piden que se extinga, que podrían pedirlo, claro. Dentro de los cauces naturales que la sociedad se ha dado actúan, y, como es lógico, si convencen- mejor convicción que contagio- se cambiará lo que se haya de cambiar. Tan sencillo como eso. Toda idea es buena, todo propósito debe ser considerado, siempre y cuando no atente contra los mismos cimientos de lo que con tanto trabajo hizo de esta sociedad, con sus muchos defectos, un mundo de orden. De ahí que, para algunas personas como yo, los ACAMPADOS, pudiendo hacer todo lo que hacen, mucho con absoluta cordura, sin necesidad de estar en la permanente manifestación que se han auto concedido, en vez de atropellar los derechos ajenos, pierden toda su legitimidad por las formas y por hacer lo contrario de lo que predican.  Al final todo apunta a aquello que dijo Samuel Butler: “Una gallina es sólo la forma que tiene un huevo de hacer otro huevo”. Por más que nos estén cantando los gallos en las plazas.