El blog de la señora Horton

Contra el amor

Durante mis reencarnaciones (catorce según me dijo en su momento una vidente de pega) he escuchado muchas opiniones sobre el amor y casi todas buenas. Sin embargo repasando de memoria lo que la plebe piensa de este sentimiento, acudo al folclore que es donde se deposita la sabiduría popular y ahí me entero, gracias a la zarzuela, que el amor es un veneno de un poder fatal, cantinela rescatada del alma mediterránea que aún soporta peor los reveses del amor que la miseria.

Y en otra reencarnación tuve una relación somera con un ministro de la primera transición con el que coincidí en un viaje el día de San Valentín. Entre unas cosas y otras llegamos ambos a la conclusión de que las penas de amor son las mas penosas de todas las penas, especialmente dijo (y no lo olvido porque era extraño oír hablar de amor a un político, con tanta sencillez) porque son el primer dolor que cae sobre el alma tierna y todavía sin anticuerpos, el primer mordisco en la parte mollar del espíritu, el primer rodillazo entre las piernas del corazón. Súbito e inesperado.

Y aún en otra más antigua reencarnación, recuerdo de niña a mis tías solteras ya difuntas, que paralizaban en casa toda actividad para presenciar, con los ojos llenos de lágrimas, como en la tele unos retrasados mentales venidos de allende los mares, se complicaban amatoriamente la vida. Y es que comerse una rosca sigue siendo un bien tangible y deseable y, aunque los periódicos estén llenos de luctuosas noticias sobre el amor y sus consecuencias,  el público en general persigue con ahínco ese desbarajuste del espíritu que, digan lo que digan sus defensores, nunca es divertido ni barato.

Y para colmo, conocida por los buitres del comercio esta debilidad humana y analizadas la languidez moral y la dejadez estética, síntomas de esta cruel enfermedad que nos ocupa, se lanzan a la producción en masa de objetos  detestables con leyendas sonrojantes, en la conciencia de que un enamorado nunca está en sus cabales y por ello cometerá la imprudencia de adquirir tales horrores para regalar a su amado/a.

Todo esto viene a cuento porque en esta última reencarnación acabo de escribir un libro sobre el amor. Un libro de poemas. Pero no crean que estoy a favor de. He tratado de mirar el complejo sentimiento desde todos los ángulos que me permita la edad (muchos ángulos, claro) y me parece que al final concluyo que no soy precisamente proclive a su alabanza.

Realmente los hombres somos unos tipos raros empeñados en conquistar las galaxias exteriores haciendo como si no lleváramos dentro a nuestro mayor enemigo. Y además nos creemos libres cuando tenemos entre las cejas el mandato de perpetuarnos y con ese fin la sabia madre naturaleza nos ha puesto a mano tan raro sentimiento con aspecto de bien muy deseable. Somos un ser blanducho y vulnerable que de repente echa a correr tras unos portalones o una tetas sin la más mínima idea de los motivos por los qué. Somos unos majaderos que en pleno delirio firmamos un compromiso para los restos con un prójimo desconocido, sin leer la letra pequeña, como si se tratara de las preferentes.

Y eso que llevamos toda la santa vida escuchando la verdad de boca de los poetas: "Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor...¡todo en ti fue naufragio!"

Pues eso.

Nuestro primer premio
El plan B