Y digo microferia porque en comparación con las cartelerías de las anteriores abrileñas, esta se proponía con menor categoría de los festejos; ya que de una corrida de toros se pasó a uno de erales sin caballos. Eso sí, faltaría mas… sin la menor explicación salvo la no exigencia, eso dicen, del pliego. Pero olvidándose de que fueron ellos mismos, los empresarios, los que así la crearon en su oferta y fundaron esa tradición. Y mientras no se demuestre lo contrario, en el buen hacer del consistorio y del empresariado taurino; aquella da un marchamo de costumbre a respetar.

Pero el caso y verdad es que desde el lejano oriente nos llegó la felicitación navideña, que se tardó su tiempo y más en abrir… y en la que resulta se nos comunicaba que en lontananza tendríamos, para los que quisieran verlo, un negro horizonte de tragedia, donde los espectáculos de masas estarían vetados y en concreto: los toros en el mundo, pues como que no. También nos decía muchas otras cosas y más importantes, de las que de un seco golpe, parece ser que ya nos hemos enterado. Y, por ello, aquí estamos en clausura… viéndolas venir. 

Y el panorama, por muchas vueltas que le demos o queramos darle, es lo más parecido a un año sabático de festejos; entre ellos los taurinos. Por lo que el 31 de mayo no lo habrá, porque no debe ni puede haberlo, ni tan siquiera festividad alguna, salvo la de recordar a los que más sufrieron y nos dejaron, hayan sido o no allegados de sangre o amistad; pero todos compatriotas de una de las mejores y más sacrificada generación que tuvo este país a lo largo y ancho de su muy larga historia.

Existe la esperanza, en algunos aficionados, de que sea en septiembre cuando se tenga la suficiente garantía de que la normalidad vuelva a gestionar nuestras vidas y poder retomar el circuito de las ferias taurinas. Y la cosa la vemos muy peliaguda con muchos condicionantes de toda índole. Porque el drama estará todavía muy a flor de piel, los recuerdos presentes y las relaciones sociales en fase de recuperación. Sobre todo en las ciudades pequeñas, donde la pandemia parece ser se pasea a sus anchas. Pensar en gastarse un dineral de todos, para las ferias patronales, con lo que estarán soportando tanta gente no puede ocupar la mente que esté en sus cabales… amigo Sancho. 

Pudiera ocurrir que en capitales grandes con unos seriales taurinos de gran tradición, en el mes de septiembre, quisieran seguir manteniendo su cita taurina; pero sería tener que hacerlo conjuntamente en competencia con otras varias grandes ferias desplazadas en el calendario a dicho mes; y que ya están así anunciadas o casi, pero sin fecha fija. El maremágnum que se organizaría sería de alta escuela e iría en contra de cualquier razón. La que se puede organizar ante los escasos festejos en el año, entre los que mandan en el escalafón para copar los puestos, solo entre ellos o en todos y cada uno de los carteles posibles, con la exclusión de los menos influyentes, es para echarse a temblar…

Y todo esto se llevaría por delante, cual gran sunami, a las ferias de menor peso en esas fechas de la temporada y que deberían reajustar, al menos este año, tanto el número de festejos como los carteles de los mismos. Con lo que eso conllevaría de riesgo ante un muy posible descalabro en las taquillas, teniendo muy en cuenta, además, que faltos el personal de veraniegas escapadas, se aprovechen los puentes de las fiestas para salir por pies. Como para pensárselo… 

Guadalajara lo tiene muy difícil, con solo una disyuntiva si se dan toros; y ya lo hemos dicho, no puede haber un ferial taurino con un gasto de unos 120.000 € contra las arcas municipales solo por los encierros; con lo que habrá caído sobre los que ya sabemos les caerá y su cómo estarán. Queda por tanto el gesto posible de un único festejo para mantener la tradición y la buena costumbre de siempre, en la que la fiesta de toros se acuerda de los más desfavorecidos por desastres humanos y naturales. 

Hablo de una digna corrida benéfica, donde no existan pases de favor de ningún tipo, con cartel de toreros de la tierra o con vínculos a ella, que pudiera matar el gusanillo del aficionado local de ver toros en su plaza y además el detalle de contemplar el homenaje de la afición alcarreña a Sánchez Vara, por la celebración de los 20 años de su alternativa  que ya se le negó la tomara en Las Cruces en el año 2000. Así se podría pasar el ayuno de una temporada que muy pocos querrán recordar. 

Es por tanto imprescindible el tomar la resolución sobre la feria lo antes posible por el consistorio, para abortar las tentación de reclamaciones por daños. Hay que dejar para 2021 la deseada normalidad en todo; y que taurinamente se desarrolle con el nuevo pliego y la nueva empresa adjudicataria, parece lo más cuerdo. Que para eso tanto se habló y con tanto tiempo, por quienes defendemos la buena gestión y dignidad del coso; y también por quienes muestran tan llamativa poca decisión en dicho empeño y menos aún, memoria.  No le veo otra…