Hieles y mieles

Cuando yo sea Presidente

Como, según el refrán, de ilusión también se vive, yo, que no tengo nada más que 78 años, mantengo la de llegar a ser algún día Presidente del Gobierno de España.

Ya sé que algunos estáis pensando que se me va la olla y que no estoy capacitado para tan digna responsabilidad; podéis mirar la Historia universal y hasta la de nuestro querido país, y descubriréis que ha habido e incluso hay infinidad de papas, reyes y gobernantes que han estado o están muchísimo menos capacitados que yo, ergo me considero válido.

Cuando esto llegue, estaré seguro de que mi nombre pasará a la Historia y procuraré  por todos los medios que la posteridad me recuerde como un hombre ilustre y de honestidad acrisolada y no abochornaré a mi descendencia por haber sido desvergonzado, corrupto, traidor, embustero, vanidoso e inepto. Para ello, no tendré más remedio que adoptar las medidas necesarias, por lo que os prometo:

  1. Cumplir siempre los compromisos adquiridos en mi campaña y si, por una dificultad insuperable, me resulta imposible, exponer las razones a todos los españoles y pedir su comprensión. No cumplir lo prometido es ser un traidor para los ciudadanos.
  2. Tratar de ser el mejor jefe que jamás se ha visto, teniendo en cuenta que no es mejor jefe el que tiene muchos subordinados, sino el que saca adelante el trabajo con el menor número de ellos. El exceso de subordinados es un despilfarro ruinoso y sirve solamente para halagar a mentecatos vanidosos.
  3. Todo el mundo estará enterado de que tengo solamente un título de bachiller superior, empezado a la edad de 11 años y terminado a la de 27. Aprovecho para decir que la valía de una persona no se mide por el nivel que alcanza, sino por el aprovechamiento que hace de sus posibilidades. Hay doctores que tienen su título bajo sospecha. Ésos no sirven para un cargo tan digno.
  4. Elegiré mis ministros con un meticuloso sentido de la responsabilidad: para Sanidad, un médico eminente; para Defensa, un general responsable; para Agricultura, un ingeniero agrónomo, para Economía, un economista de demostrado prestigio y así sucesivamente, teniendo siempre al frente de cada ministerio a un experto en su materia.
  5. Una de las cosas que más desprestigian a un gobernante es la asociación con malhechores. ¡Con malhechores, no! Si queréis, os lo repito cinco veces. ¡Con malhechores, no!
  6. En cuanto a asesores, tendré muy poquitos; pero buenos. La superabundancia de asesores en un gobierno puede ser indicio de una de estas dos cosas: ineptitud o nepotismo del Presidente. Ineptitud, porque no se siente capacitado para tomar decisiones por sí mismo, o nepotismo, porque enchufa en buenos cargos a personas de su familia o su interés. También puede darse el caso de que confluyan en una misma persona las dos cualidades (ineptitud y nepotismo); pero podéis confiar con total seguridad en que, cuando yo sea Presidente, no caeré en este error.

Éstas son las promesas que me vienen a la mente, de momento. Estoy seguro de que surgirán algunas más.

No os quepa la mínima duda de que respetaré fielmente mi compromiso para cumplir lo prometido, porque, de no hacerlo, por mi falta de sensatez, de honestidad o de ambas cosas, pensaréis que soy más falso que un trilero y quedaré ante España y ante el mundo entero como un desvergonzado, corrupto, traidor, embustero, vanidoso, inepto, ruin, miserable, necio y muchas cosas más, que no quiero que se me apliquen como calificativos. Evitaré pasar a la Historia como el Presidente más felón de todos los tiempos.

Y si somos los mejores, bueno y qué
¿Adónde vas, España?