Un zángano en el palmeral

DE LA NUEVA NORMALIDAD

Uno se entera, casi siempre, mediante la intervención activa o pasiva de terceros. Digo, de muchas de las cosas a las que accede o utiliza o admite- con gusto o con disgusto- en el transcurso de la vida cotidiana. Otra cosa es el conocimiento, el dominio de ese algo que acaba de incorporarse a lo que podríamos denominar como propio. El caso, por ejemplo, de “La nueva normalidad”. Yo me he enterado de que existe gracias a nuestro presidente Pedro Sánchez. Pero, ¿qué es “La nueva normalidad”? ¿Lo sabe alguien?

 La nueva normalidad- retiro las comillas porque, a estas alturas la particularidad de la voz huelga- es, o debe ser, una promesa o una amenaza o una promesa de amenaza. Desconozco qué promesa o qué amenaza. Entiendo que, si es nueva, idéntica o no a la normalidad de la que disfrutamos cuando vivíamos satisfechos de nosotros mismos, será una normalidad a estrenar. ¿Lo malo conocido, lo bueno por conocer? Dentro de un rato los “expertos”, otra de esas palabras que hemos aprendido durante el confinamiento- al final de este texto pongo juntas todas aquellas que recuerdo y que pueden vincularse con la pandemia- nos dirán qué es y cómo será la normalidad nueva que se avecina… y cuando utilizo “se avecina”, pienso en la serie de humor casi siempre… Pero, como se quiera, hasta ahí podemos leer- y sigo con la tele- ya que el déficit de recursos a fin de escrutar lo que se antoje que sea la nueva normalidad, es notable. Algo muy habitual cuando pretendemos saber del futuro, por muy próximo que se esté al periodo de la vida que conocemos como presente. Al menos, todo esto en mi opinión- hay que decirlo- sin que persona alguna, autoridad en lo que proceda, haya comparecido para decir: “No lo sé”. No lo sé. Tres palabras esclarecedoras. No todo se puede saber. Al menos, hasta que se estudia, hasta que se aprende. Otro ejercicio notable, el de asimilar algo mediante la razón. Sobre todo, porque, durante esta cuarentena nos han sucedido cosas suficientes, por acción o por omisión, para haber aprendido mucho. Porque hemos aprendido mucho, ¿no? ¿Qué hemos aprendido? He de confesar que yo no he podido cultivarme en esta ocasión. Sé lo mismo que sabía antes de empezar- desde luego nada notable que pueda incorporar a lo mío tras toda esta peripecia y relacionado con la misma- y lo que venga, la nueva normalidad, tengo la impresión, me va a confirmar justo el detalle de lo que ya sabía. Por lo tanto, sin sorpresas: el miedo que malea el ánimo de las personas de pronto tremendamente solidarias, fraternas, casi espirituales y una vez desaparece la conmoción, se esfuma para que los ciudadanos retornen a ser lo que eran para bien o para mal, lejos la mayoría de la virtud; la obediencia incondicional, porque las multas y el calabozo imponen, no porque los ciudadanos estemos dispuestos a toman en consideración de buena gana aquello que conviene, precisamente, para el bien común, si no se nos obliga; y la confusión, el desconcierto originado por la cháchara de los políticos, los expertos, los científicos, los periodistas, las entidades internacionales, la oferta de los balcones y la que cada cual hayamos podido originar. Eso hemos aprendido… o habré aprendido yo. Y algunas palabras, como les dije. No todas les serán ajenas, pero ¿qué palabras? Tomen nota: abuelos; ancianos; aplausos; bulos; caceroladas; China; ciencia; “cogobernanza”; confinamiento; contagio; coronavirus; Covid 19; curva; desescalada; “emergencia sanitaria”; estadísticas; “estado de alarma”; Europa; expertos; fases; héroes; “hibernación económica”; hospitales; “infodemia”; mascarillas; morgue; muertos; niños; “nueva normalidad”; OMS; oposición; Pablo Iglesias; parados: Pedro Sánchez; poscoronavirus; residencias; respiradores; sanitarios; serología; telemática; teletrabajo; tests; triaje; ventanas y balcones; videoconferencia; virus; Zoom. Seguramente hay más. Completen la lista si lo desean. Que por mí no vaya a ser.

ESTO SON HECHOS. HAY PARA TODOS IGUAL
Los sospechosos