Un zángano en el palmeral

De las amigas de las flores

b2ap3_thumbnail_abejas_flores.jpgEs difícil encontrar un sector social, una comunidad, una familia, un ciudadano anónimo o conocido siquiera, dispuestos a manifestar algo que contradiga la letanía del infortunio o lema de la adversidad que se afirma es propio del día a día desde ya hace algunos años. Pero, cuando vienen mal dadas, incluso las abejas o el Palmeral están en crisis…

Objetivamente, más que en otras ocasiones, menos también- dependiendo del momento histórico con el que se compare- existen la pobreza, el quebranto, la injusticia, la desigualdad, el dolor… dicen que en mayor cuantía de la debida. Todo para concluir, si se atiende a los distintos aparatos de propaganda de las fuerzas políticas formalmente conocidas y a las que, de forma cada vez menos soterrada- porque lo que interesa es adquirir seguidores, votos y, por lo tanto, dinero en subvenciones- han ido surgiendo con motivo de tanta avenida torrencial de abundante barro, vivimos al borde de la revolución o en un espléndido renacimiento. Y, si la paz social queda en entredicho, y si tampoco fuera para tanto, larga viene siendo la lucha contra el “picudo rojo”, gorgojo que mina las palmeras hasta su fin, como preocupante es el protagonismo- negativo, fatal- de los pesticidas, agentes químicos que debilitan el sistema inmunitario de las abejas y las desorienta.  Pero, con esa extrema acechanza a la salud de las antófilas- las que aman las flores- no solo se pone en riesgo la supervivencia de las mismas, sino que, mucho más gravemente, puede suceder que se resienta la polinización que facilita, entre otras cosas, la salida adelante de cultivos, asunto este que debiera estremecernos a todos. Porque luego vienen las quejas, los lamentos y, como somos ciudadanos acostumbrados a sumarnos a la acción cuando ya no hay remedio- y con esto, obviamente, lo que sugiero es participación permanente en los asuntos que nos atañen como colectivo, nunca algaradas- dejamos en manos de quienes se ven afectados en primer término las iniciativas que correspondan. Diligencias que son consideradas por los apicultores y, tal vez no con todo el rigor necesario, han sido materia de ordenación por parte de la Unión Europea: desde el 1 de diciembre de 2013 quedaron prohibidos, de momento durante 2 años, tres pesticidas cuyo empleo, según dictámenes científicos, es perjudicial para las colmenas. Organizaciones como Greempace, sostienen, no obstante que lo acordado se queda corto puesto que existen otros productos igualmente dañinos actualmente libres de acotación alguna y critican que la medida no se extienda al uso general de todas las sustancias químicas que, siempre según los ecologistas, producen evidentes trastornos en la naturaleza. Opiniones que tienen su contrapunto y se aceptan o no conforme a los intereses, sociales, políticos e industriales. Mas, en la medida en que a todos nos  incumbe, como señalaba anteriormente, la supervivencia de las abejas tendrá, un indudable respaldo cual ha de ser, según leo en Guadaqué, “… instalar un museo permanente de las abejas en la provincia de Guadalajara… “. El empeño surge de las actividades que viene manteniendo la Fundación Amigos de las Abejas y, si llega a concretarse felizmente, podría ser una experiencia pedagógica y de alto contenido social que contribuya a conocer y valorar mejor un recurso territorial de universal influencia. Se trataría, pues, de hacer algo más- por parte de los ciudadanos digo- que saludar con aprobación un hecho como este. Debería suponer la ocasión de aproximarse- de aproximarnos- a la apicultura como consumidores y agentes de la conservación que desean disponer de la mejor información. Es el modo de estar al tanto de la buena marcha de las cosas, antes de que llegue la hora de salir a las calles porque la única solución que quede sea la pancarta

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