Aviso Gorra

De personalismos y principios

“En la política los ideales y los valores tienen que estar por encima de los personalismos”. Esta es la frase que ha pronunciado Ana Guarinos hoy en su discurso como portavoz del PP, en la constitución de la Diputación de Guadalajara, y que en sí misma, deberían suscribir todos y cada uno de los políticos, más allá de los que había en el salón de Plenos de la Diputación, si de verdad se creyeran que su poder es público, como implica la propia definición de la política, y que los cargos públicos son esa dimensión humana de un proyecto. Pero me temo, que son precisamente esos personalismos, los que impedirá a más de uno, suscribir esta frase, independientemente de su autoría, por ser quien es, quien la ha pronunciado.

Habrá quien se niegue a reconocer que hay generosidad en la renuncia de Ana Guarinos, por mucho que esta venga impuesta, a modo de veto, por la necesidad de esa abstención de Ciudadanos, ante la falta de una mayoría que prefiero calificar de suficiente, más que de absoluta, porque los absolutismos no siempre son mayoritarios y si son personalistas.

Se olvidan, quienes esta renuncia la interpretan como obligación, de esos grandes ejemplos de egocentrismo, narcisismo, e individualismo que en esta Guadalajara han sido tan recurrentes. Desde aquel Ayuntamiento de la capital gobernado en 1991 por tres concejales de Izquierda Unida, que no pudo durar más de un año, porque a los ideales de izquierda se los engulló algún yo egoísta, hay hemeroteca para rato. Basta mirar algunos extraños compañeros de cama en los últimos pactos de investidura.

Guarinos podría haber hecho como otros y tirar por la calle de en medio, pero para querer un órdago, aparte de valorar lo que se puede ganar, hay que sopesar lo que se puede perder y ahí es donde creo que radica la generosidad. Guarinos pierde, pero el PP gana. 

Otros rizan todavía más el rizo.  Desde el PSOE aseveran que la decisión de cargarse a Guarinos es de Antonio Román, y se debe a lucha caínita en el seno del PP, para reconocer dos frases más adelante que la decisión de Ciudadanos de abstenerse en la investidura y permitir un gobierno del PP es “autónoma y legítima”, y otra más adelante criticar que esta decisión se tome en Barcelona. Demasiadas contradicciones para una mañana de resaca.

Qué Guarinos y Román no se llevan bien es un secreto a voces, pero el poder une a veces una barbaridad.

La mayor coherencia del PSOE ha sido decir que si cambia el cartel, pero no cambian las políticas, nada cambia. O lo que es lo mismo, que el ideal está por encima de los personalismos, y que aunque José Manuel Latre sea un buen tipo no puede encarnar sus objetivos.

A mí, que el PSOE se escandalice porque las decisiones de Guadalajara se tomen en Barna me chirría tanto o más como escuchar lo buenos que son Ciudadanos en Toledo y Andalucía y lo cafres que son en Guadalajara, que no han sabido ver la regeneración democrática la tiene el PSOE, y los imputados el PP, porque lo de Chaves y Griñán es más abajo de Despeñaperros.

Y luego está Ciudadanos, pecando de novatos, y barajando esos principios junto a esos personalismos en trasnochadas y con las redes incendiadas. “American say, in Twitter we trust”, como apuntaba María José Establés, en medio de ese fragor internauta en el que cada uno pactaba a su manera, en personalismos virtuales, que más que principios tienen fines.

A su regeneración democrática, que pasa también por “sugerir talantes” además de repudiar imputados, suman una contención de gasto para una Institución a la que todos tildan de tacaña en los últimos cuatro años.

Lo de la cercanía a los pueblos, la lucha contra la despoblación, la banda ancha y el impulso del turismo es común programático de todas las formaciones, aunque lo del centro comarcal de la Campiña, el Parque de Bomberos de Sacedón o reabrir los Centros de Interpretación Turística, es algo más concreto. Por cierto, que nada hay en el pacto de acabar con la Diputación o fusionar los pueblos pequeños.

No quiero olvidarme de una bancada de la Diputación, la que ocupa Ahora, que aquí es claro tándem de IU-Podemos, tan arrimados en Guadalajara como cada vez más distantes en ese otro panorama nacional.

Me imaginaba yo a la de Chiloeches, diciéndole al de Torrejón eso de la “lucidez del pesimismo existencial”  tildándole de cenizo político y mandándole a cantar la Internacional con sus estrellas rojas, mientras que Riaño decía lo de que su candidatura es "una unidad popular de confluencia" y que tendrán un pie en la calle.

Para quienes no sepan de que hablo, es de otro personalismo, este mayúsculo, vestido con la sonrisa de Pablo Iglesias que acaba de contestar al ofrecimiento de IU para ir juntos en las generales con un "cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas, pero no te acerques”, literal en entrevista publicada por El Diario, sin desperdicio.

Confieso que yo soy más de personalismo que de principios políticos, pero considerado éste en su terreno filosófico, ese que coloca a la persona como fundamento y no como cadena de un sistema o una ideología. Sigo viendo a las personas por encima de sus siglas.

Por eso quiero decir que me encantó, aunque pareciera postiza y cursi, la cita cervantina del nuevo presidente de la Diputación, José Manuel Latre, para concluir su discurso de toma de posesión, sobre todo eso de “los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos”.  Cosas veredes, amigo Sancho.

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