Un zángano en el palmeral

DEL COMPROMISO SOCIAL Y POLÍTICO DE LOS NIÑOS SI ES QUE EXISTE

Incluso aquellos triunfos de la humanidad registrados tras el esfuerzo de un hombre sólo, son, en realidad, la suma de distintas asociaciones cuyo resultado forma parte de lo conseguido. Un aporte que conviene reconocer para evitar supercherías e ínfulas sectarias. De modo que, casi siempre, somos con la gente. Unas veces con muchos, con pocos en otras ocasiones, y nada de eso es necesariamente peor o mejor.

Sin embargo, avanzar, llevar a cabo determinadas empresas, requiere un número estimable de individuos. Y esa comunión se logra tras persuadir a los convocados mediante distintas iniciativas. Someter a las personas es uno de esos procederes, intolerable como ningún otro, y manipularlas pasa por ser tan útil como eficaz puesto que logra la adhesión obtenida gracias al miedo y la violencia sin señas mortificantes a la vista. El manipulado obra creyendo que actúa sin otra directiva que la de su propia voluntad y, por eso, su rendimiento es notablemente superior al que la esclavitud o el autoritarismo producen. Llegados aquí discutiremos qué es o no manipulación, quien o quienes la ejercen y si, como en tantas otras cosas, el fin justifica los medios. Mas, desde mi punto de vista lo digo, hay ceremonias sociales y políticas, aparentemente cargadas de bondad, ejemplares pudiéramos decir, en verdad consagradas a la propaganda, a la difusión de un mensaje no precisamente plausible. Es el caso de acontecimientos propios de adultos en los que los niños ocupan un lugar relevante y, aparentemente, didáctico. Pasa con las jornadas en las que determinado número de escolares ocupan los sillones de consistorios o parlamentos a fin de ofrecernos una versión entre inocente y contemporizadora de la discutible cotidianidad política. Durante esos actos algunos infantes alzan la voz y proponen acertadas iniciativas, organizan con mejor suerte asuntos en los que los mayores no se ponen de acuerdo, o riñen con simpatía si es que lo tienen que hacer… ¿Significa eso que los niños están más atentos a los problemas sociales de lo que parece? ¿Puede afirmarse que, si no sustituir, deberían incorporarse los niños a la mesa de sus mayores? Lo dudo. O, mejor, lo descarto. Tanto en estas lides como en otras, cuando se les lleva, por ejemplo, a una manifestación, el gusto de sus tutores por obtener de la tropa reclutada unos resultados brillantes, es superlativo. Vale inducir a los chiquillos orientándoles a comportarse o proceder según el ideario de quienes les pastorean como si la retahíla de clarividencia infantil fuera nada más talento en estado puro… GUADAQUÉ nos contaba la constitución del Consejo Municipal de Infancia y Adolescencia con la reseña entrecomillada del uso de la palabra de alguno de los intervinientes menores  de edad. Víctor, alumno del colegio Río Henares solicitó “más colegios en verano”. Ana, del colegio Maristas exigió “más limpieza en la ciudad”. Y José Miguel quiso saber por qué los niños que no son cristianos no practican su religión en el colegio… ¿De verdad alguien puede creer que sean las demandas dichas, materia de conversación en los patios de recreo de los colegios? Sálvese quien pueda pero, a juzgar por lo que hacen y dicen los chavales, presentes y combativos en parques, plazas y medios de transporte, no, nunca. Sería magnífico que todo sucediera de otro modo, pero los niños están interesados en cosas que tienen que ver con su propio universo de influencia. Algo que no alcanza lo social, al menos de motu proprio. Es lo que hay.

Carta a los Reyes Magos
Enrocada

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