Aviso Gorra

Delibes

Aprendí a leer y a escribir con Delibes y, con él, también aprendí la gran lección de mi vida que hoy, una vez más, vuelve a reafirmarse: que nunca sabemos lo que tenemos hasta que se nos ha escapado.

Fue con "El Camino", como lectura obligatoria de mi cuarto de EGB, cuando el joven Mochuelo me descubrió la pasión por Delibes y, luego, ya nunca fue obligado leerle, fue un vicio y un alivio.

Su literatura, en estado de gracia, incluso en el cine, deliraba por el mundo rural que tanto quiero y consiguió que dejara de sentirme huérfana de pueblo y que el paisaje fuera mi pretexto.

Aunque nos habíamos hecho a la idea, ha sido duro de reconocer que se le acabó el tiempo a Delibes. Siempre podremos resucitar sus obras, pero me abruma la melancolía de perder al personaje y me siento incompleta.

La sombra del ciprés es alargada y la suya era descomunal.

Arriba y abajo
En el punto de mira