Apuntes de un becario

El agua envenenada

Han pasado más de dos meses desde que el pasado 5 de octubre la red de agua potable de Hiendelaencina se viera contaminada por un vertido de gasoil. Desde entonces, los vecinos de la localidad han tenido que sobrevivir como han podido. ¿Se imaginan ustedes, queridos lectores, no poder emplear durante más de 60 días los grifos de sus casas para beber, cocinar o ducharse? Pues esto es lo que han tenido que sufrir los ciudadanos de este municipio serrano, a medio camino entre Cogolludo y Atienza.


¿Y qué pensarían ustedes si, durante todo este tiempo, las administraciones con capacidad financiera para solucionar el problema pareciera que no quisieran arreglarlo? Pues eso es lo que están haciendo tanto la Junta de Comunidades, presidida por María Dolores de Cospedal, como la Diputación, comandada por Ana Guarinos. ¿Las razones? Un misterio más propio de Iker Jiménez que de la vida real.

Muchos de ustedes dirán: el Ayuntamiento de la localidad, ¿qué tiene que decir en todo esto? Es cierto que, en asuntos relacionados con redes de aguas, son los consistorios los responsables del mantenimiento de la infraestructura. Pero, realmente, en un municipio como Hiendelaencina, como poco más de 100 habitantes empadronados, sus cuentas no son lo suficientemente grandes como para poder afrontar una actuación tan enorme como la que requieren las tuberías del pueblo. Y es aquí donde deben intervenir las instituciones superiores, como la Diputación.

Aún resuena en mis oídos la defensa cerrada que hizo Guarinos del organismo provincial que preside. Es ahora, ayudando a los vecinos de Hiendelaencina, como se deben demostrar sus intenciones. De lo contrario, el apoyo que, en su día, hizo de las Diputaciones quedará en entredicho, y será lícito pensar que lo que hacía era justificar su sueldo en la plaza de Moreno. Mientras tanto, los habitantes de esta pequeña población serrana han de seguir lavando sus  alimentos y fregando sus platos como pueden, lejos de las comodidades propias del siglo XXI.

Pero la gota que ha colmado el vaso –nunca mejor dicho– ha sido la visita que el consejero de Sanidad y Asuntos Sociales, José Ignacio Echániz, realizó a la localidad el pasado 8 de diciembre. En una estampa propia de Fraga y su baño en Palomares, el representante regional fue a beber a la fuente del pueblo, para hacer ver que ya se podía consumir el agua de la localidad. Sin embargo, sólo avisó de su llegada a los medios de comunicación. Ni los ciudadanos de Hiendelaencina ni sus representantes municipales sabían del arribo del político, que tras degustar el líquido elemento se encerró en un bar del municipio.

¿Qué pretendía demostrar el consejero? ¿Sólo iba para hacerse la foto o en realidad buscaba ayudar a los vecinos? Si deseaba colaborar con los lugareños, ¿por qué se metió en el bar y no habló con nadie? Si Echániz quiere realmente estar a la altura de su cargo, ha de coger el toro por los cuernos y ayudar a solucionar el vertido. Porque los afectados de esta situación son personas, no lo olvidemos. Aunque parece que en el asunto del agua envenenada, tanto el PP provincial como el regional no lo ven así. Por su forma de actuar dan a entender que lo que desean es castigar al alcalde de la localidad, del PSOE, quien además se ha constituido como una de las personas que más ha luchado en favor de los servicios públicos de la comarca y en contra de los recortes del PP.

Adiós Madiba
Ricart y sus cuates