Pie a tierra

El enemigo en casa

… Y se quedan tan tranquilos… Hablan del desmantelamiento del Estado con una tranquilidad que espanta. Habréis oído las palabras de Esperanza Aguirre, la dama de hierro carpetobetónica: “Todos los servicios que presta el Gobierno, las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos hay que privatizarlos o eliminarlos”… y se acabó.

No queda ahí porque, ante el tono crítico que parecían tener esas palabras, saltan como resortes, los voceros del PP: “Eso es lo que estamos haciendo” desde que gobierna Rajoy. Y, para rematar el asunto, la vicepresidenta Soraya defiende que se ha avanzado con este Gobierno más que en los últimos 30 años, asegurando que ya han despedido a 300.000 empleados públicos, otro curioso ejemplo de su “preocupación” por la creación de empleo.

Entiendo que pueda haber gente que prefiera lo privado a lo público. NUNCA lo compartiré, porque creo firmemente que la solidaridad debe ser un valor fundamental en las relaciones sociales, pero lo entiendo. Lo que no entenderé NUNCA es que se les dé el gobierno de lo público a quienes no creen en lo público.

¿Os imagináis a un madridista presidiendo el Barça?
¿Conocéis algún empresario capaz de dejar su empresa en manos de la competencia?
¿Creéis posible que un ateo llegue a ser Papa?
Entonces, ¿por qué dejamos lo público en manos de quienes quieren cargárselo? Es como meter al enemigo en casa, como “poner la zorra a guardar las gallinas”.

Que a nadie le extrañe que un día nos levantemos y no quede ni una gallina.

Nuestra democracia es demasiado inocente, demasiado vulnerable.

Pero no es un problema ideológico de si te gusta más o menos lo público (También en esto nos engañan). Se trata de un enorme negocio. Y quienes se van a beneficiar de este suculento botín de las privatizaciones están muy cerca de los que lo “administran“.

Deberíamos echar al enemigo de casa y, mientras se va o no, hay que dejarles claro que les han elegido para que administren lo público, no para que lo vendan.
¡REBELAOS!

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