A ver, antes de nada, para que nadie se llame a engaño por anticipado: lo que leerán, si es que disponen de las ganas, del tiempo adecuado- no mucho- y del beneplácito para admitir lo que este modesto juntaletras está a punto de proponer, en absoluto tiene que ver con la actualidad política. De modo que, si alguien se interesó por el texto que leen pensando en Pedro Sánchez, el Gobierno de España, los independentistas catalanes y los condenados por sedición en el juicio que se celebró en el año 2019, pierdan toda esperanza. Hay indulto, sí, pero…

Pero será otro el indultado. La explicación de todo esto tiene que ver con una carta fuera de su sobre en la que un remitente anónimo- no lleva firma- se dirige a otra persona a quien trata con ira y desprecio. Diríase que es su peor enemigo. Una persona a la que odia. En la misiva, hace saber a quien deba tener en cuenta lo que fue escrito- también es desconocida la identidad del destinatario porque en el texto no se advierten señas particulares- que no desea su muerte. Todo lo contrario. Afirma que sería feliz, si la vida- técnicamente hablando- del insufrible rival se llega a prolongar por muchos, muchos años. No obstante, tampoco desea para él nada bueno. Más bien lo opuesto. Sin necesidad de que se vea sometido a torturas- a una manipulación externa que le haga sufrir- quiere para el detestado todo lo peor, una agonía creciente, la sucesión de infortunios y dolores que hagan su existencia espantosa sin que lleguen a cesar los latidos de su corazón… Sin duda, lo que hay entre esos dos, al menos por parte de aquel quien redactara el billete, es una contienda originada bastante tiempo atrás, que nunca se ha olvidado y que continúa sin resolución satisfactoria para una de las partes. Son enemigos, no cabe duda. Gente que, más allá de las leyes, han encontrado en el antagonista la encarnación de lo más abyecto. Dirán que mantener tanto rencor es insano, y seguramente tienen razón. Pero a muchos, en alguna ocasión, se nos ha pasado por la cabeza vivir sin descanso hasta haber comprobado que esas demandas revanchistas han sido cumplidas. Dirán también que, a veces, el peor enemigo de uno mismo está bajo nuestro propio pellejo. Y, desde luego, me parece plausible. Tanto como para pedirme a mí mismo el indulto. Para solicitar el perdón por si alguna vez obre contra natura para perjudicarme… aunque no me supiera el receptor de ese daño al que aludo. Pido mi indulto y creo que me lo voy a conceder porque he prometido alejarme de tales inhumanidades y así asistir, aunque en la distancia por razones ya explicadas en mi anterior escrito, al Maratón de los Cuentos de Guadalajara, como estarán a punto de hacer o habrán hecho ya, si leen esto tras el fin de semana. Como dicen en ciertas convocatorias publicitarias baratas: “Que no te lo cuenten: ¿te lo vas a perder?”.