Un zángano en el palmeral

El Maratón de los Cuentos y sus pregoneros

Dice el refrán: Bodega de buen olor no ha de menester pregón. Pero, por lo visto, esta sentencia no genera unanimidad. No entre, por ejemplo, las personas, o algunas personas con capacidad de decisión vinculadas a los engranajes creativos del Maratón de los Cuentos de Guadalajara. Está a punto de desarrollarse la edición vigésimo quinta del Maratón y, mal que me pese, he de comentar lo que, a mi juicio, es una equivocación de libro…

Una equivocación de libro, bien dicho, un error humano en su afán de multiplicar recursos para adquirir notoriedad- ¿necesita el Maratón más celebridad que la de su propia existencia?- un error que, espero, si no durante esta edición, se subsane en las futuras. Me refiero al anuncio de un nuevo reto en redes sociales: que “#25MaratónCuentos” sea trending topic este sábado. Es lo que aparece en la web del Maratón y lo que se difunde. Para ello, según leo en Facebook, “Tenemos que ayudar tuiteando y retuiteando con el hashtag #25MaratónCuentos”. Tanto como proponer el mundo de vuelta. Que lo primero sea después. Que tengamos la maquinita conectada para pulsar con locura en vez de prestar atención, puestos los cinco sentidos, en lo que de verdad cuenta… que son los cuentos… Es decir, “a la bodega”, tras veinticinco años de historia, tras un constante y trabajado prestigio de décadas, le hace falta algo más que ese olor, que ese perfume de esencia maravillosa para, ¿ampliar horizontes? Y si fuera que tal asunto se originara en el interés que el propio Maratón genera, aún. Sin llamadas a la servidumbre forofa. Porque los fans, si han de actuar, deberían hacerlo lejos del condicionamiento que supone estimular su orgullo… Pero, ¡qué va! “Invocamos a los que no descansan ni olvidan el escrutinio electrónico de la vida, ni así les arresten, para actuar como soldados del nuevo record, del éxito publicitario, de la propaganda, del pregón obsoleto...”, parece que estén diciendo… Ahora bien, a fe mía que daré razón de excelencia a quien me la pida si son argumentos los solicitados como aval del Maratón de los Cuentos de Guadalajara. Y repetiré concordia y saludos de respeto a cuantos intervienen en el sostén y puesta en marcha de la fiesta de la palabra. Incluso romperé una lanza a favor de los ciudadanos incapaces de guardar silencio- no sea que se demuestre que les ha comido la lengua el gato- cuando otros ofrecen su palabra, porque comparecen en el Patio de los Leones. Pero tiene visos de metedura de pata el zafarrancho virtual del que he dado cuenta y, precisamente porque desluce la calidad sobresaliente de principios del verano- o finales de la primavera- en la ciudad, merece los reproches que de mi parte se acaban de leer pues lealtad y afecto también es justicia. No negaré que “el mejor escribano echa un borrón”, que desde ese punto de vista se contempla la idea y por eso no hemos de lamentar otra cosa. Así pues, con un poco de cuidado y aplicación, quede todo como reza el dicho a partir del viernes: “Hoy domingo y mañana fiesta, buena vida es esta”.

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