Un zángano en el palmeral

EL MARATÓN Y LA DUDA

 

El Maratón de los Cuentos de Guadalajara acaba de finalizar. Es un hecho. En septiembre. Quién lo diría. Pero es la verdad. Pudo no haber sido. En junio- porque siempre es en junio- no hubo oportunidad, y ahora, fiada la decisión de alzar el escenario de la buena ventura- que es el tablado de las ilusiones dichas de viva voz- a la esperanza del otoño, también ha estado en riesgo… Pero, ¿por qué ha sido pertinente?

 La duda, la bendita duda, ha acudido en mi socorro antes de que se oscureciera el día. La duda, luego de haber concluido para mí que el Maratón debiera haber permanecido en pausa, y tras poner por escrito mis razones, que resuena como vibra una cuerda agitada por el viento en algún lugar de la propia naturaleza invitando a escuchar lo que otros dicen. Tenemos juicios acerca de las cosas- yo los tengo- y conviene dar participación, contrastar las convicciones que se originan en el día a día para alcanzar un sitio, el sitio más próximo a la verdad. Por suerte dos voces actuaron en mí beneficio, de distinta manera, pues acudí a su consejo. Y, aunque estuve a punto de obrar cual Quijote que va a emprenderla contra los molinos- que yo veía como gigantes- hubo doble ración de Sancho y me tuve en mi lugar. Sostenía yo, que lo mejor hubiera sido ausentarse de la ceremonia, suspender el rito, desconvocar la fiesta de la palabra. Esperar a tiempos mejores. Estaba, creo, buenamente convencido. Aún lo creo en cierto modo. Pero, ¿tiempos mejores? ¿Qué tiempos? ¿Cuándo vendrán? ¿Y mientras? ¿No queremos el razonable triunfo de la cultura? ¿No queremos la dignidad de las personas que, precisamente, se acrecienta con la interpelación de los seres con quienes interpretan la vida y la comparten de muy distintas maneras? ¿Sí? Sí, respondo. Entonces, había que ponerse en marcha. No cabía esperar. Por eso lo hecho, hecho está, está bien hecho y se justifica de sobra: necesidades culturales, como no estaba sabiendo ver yo: que no se pare ni se desampare la cultura; necesidades laborales y económicas: que no se pare ni se desampare a los que trabajan en la cultura; y necesidades existenciales: que no se pare ni se desampare la vida… De ahí que la duda me haya tocado y a fuerza de no sentirme por encima de la duda, acepte lo devenido como muestra de justa gobernanza. El Maratón ha finalizado hoy, 27 de septiembre del año de la pandemia 2020. Y nada me cabe objetar. Yo hubiera esperado, insisto, pero mis razones, discutibles, son menores. Nada podían y nada pudieron, por suerte para el Maratón y sus gentes. Es decir, también para mí. Ahora, en la distancia, desde el palmeral de Elche- hábitat de este zángano- siento lo mismo que lo que reconozco sentí tantas veces al pasear un domingo por la tarde o un lunes, justo después de haber concluida una edición del Maratón: un vacío sereno; una ausencia tranquila, un recuerdo de sol en la sombra sin nubarrones. Es lo que hay.

¿Y si no tienes COVID?
Los argumentos