Castilla a la intemperie

Bitácora de Guadalajara sobre nuestra región castellana con sus luces y sus sombras. Cultura al plato con aroma de identidad y emulsión de sociedad al toque de política. Disfruten vuestras mercedes.

Elecciones Generales

Quizá sea por aquello de que últimamente tomo distancia de muchas cosas, pero estos días veo a la gente especialmente crispada. Los resultados electorales no han hecho sino exacerbar esa crispación y han desencadenado el silencio de muchos y el cabreo más o menos disimulado de otros tantos. La verdad es que los resultados electorales me produjeron bastante gracia.

 

Sí, como lo oyen, me estuve riendo un buen rato. Era eso o llorar, así que como comprenderán… Pero no me parecieron tan inesperados como se está diciendo en los medios de comunicación. Yo creo que aquí hay dos factores clave que pueden resumirse en la propiedad, por un lado, y el popular dicho de “quien no te conozca que te compre”. Paso a explicarlos en detalle.

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La propiedad: una realidad que nos acompaña desde el comienzo de la historia de la humanidad, pues todo hombre o mujer aspira a tener cosas en propiedad. Al menos los que se visten por los pies. La juventud que ha impulsado Podemos, liberada en su mayor parte del vínculo con la propiedad, ha apostado por un discurso de sonrisas, rosas, el país es el pueblo, viva la gente, etc. Un discurso que es muy ilusionante, efectivamente, pero que lo es para un joven universitario. No para un padre o madre de familia.

A nivel sociológico es curioso comprobar como el ser humano en general, andando el camino de su vida, se va volviendo en general más conservador. Además de ser porque cada vez se tienen más vivencias y recuerdos (y los recuerdos pesan mucho en nuestra psicología), el factor de la propiedad ejerce una influencia determinante. Lo que al principio te parece simpático (unos jóvenes con pañuelos palestinos haciendo botellón en la facultad, alzando el puño en una manifestación), cuando tienes 40 años, una hipoteca, una pareja, dos hijos, el coche… ya no te parece tan simpático. En gran medida porque consideras que te has esforzado, has trabajado duro y mediante ese esfuerzo (que te privó de muchas cosas) has adquirido una serie de obligaciones o responsabilidades. Y no nos engañemos, el ser humano hace eso por una razón tan dura como sencilla de admitir: para no ser igual que los demás. ¿Por qué nos esforzamos, por qué estudiamos, por qué trabajamos duro? ¿Para tener más dinero? Desde luego, pero caeríamos en el error si únicamente pensáramos así. En nuestra sociedad de clases el estatus social lo da una combinación oportuna de dinero, prestigio profesional y relaciones familiares. Y lo cierto es que nos esforzamos durante toda la vida para tratar de progresar. Trabajamos, por tanto, para no ser iguales. Porque la igualdad la queremos básicamente delante de un juez, pero no en el resto de nuestros planos vitales.

La propiedad, por tanto, hace que dejemos de ser iguales, hace que tengamos cosas que perder y en consecuencia hace que, en última instancia y ante la posibilidad de perder un estatus la gente opte por una opción sobre la que tenga la certeza que mantendrá el statu quo. Quien tiene cosas que perder no las pone en riesgo, y quien alcanza la preciada “desigualdad favorable” en nuestra sociedad (esto es, alcanzan una situación de mayor bienestar respecto a la mayoría social) vota en consecuencia a aquello que coadyuve a mantenerla.

Como muestra, un botón: a nivel político probablemente pocas personas puedan estar en desacuerdo respecto a que se debe primar la educación pública y gratuita sobre la concertada o privada. Sin embargo, cuando una persona mediante su esfuerzo ha logrado una posición y unos ingresos que le permiten llevar a su hijo a un colegio concertado, esa persona no quiere en modo alguno una Administración que le ponga trabas, barreras o le sugiera optar por el colegio público del barrio, con altos niveles de inmigración, donde algunos niños de la clase procedan de familias desestructuradas o ambientes poco deseables. Y dicha opción tampoco es criticable. Cuando se tienen hijos se quiere lo mejor para los hijos, y “lo mejor” para un padre o madre es un concepto absoluto, por tanto nunca es aquello de lo que ya disponen los demás. Nunca es la igualdad. Son mejores oportunidades, mejores posibilidades que los demás.

El segundo factor de los resultados electorales, como decía inicialmente, es el dicho “quien no te conozca, que te compre”. Volvamos a los simpáticos veinteañeros con el pañuelo palestino en el botellón de la facultad. Sorprende encontrar años después a algunas de esas personas en una lista electoral de Podemos, IU o Unidos Podemos, que tanto da. El votante medio se mira a sí mismo. Mira su esfuerzo de años, su hipoteca, su pareja, sus hijos, su coche… Y después les mira a ellos en cualquier foto o grabación de televisión: las camisetas, los pantalones rotos, las rastas, el desaliño general... en algunos casos el votante interpreta (con acierto o desacierto, según el caso) la ausencia de responsabilidades en esas personas. Les oye hablar de las rosas, de las sonrisas y del mundo feliz del césped de la facultad. Pero la vida es otra cosa. Es más, muchos recuerdan a compañeros de juventud que vivían ese estilo de vida, alguno que otro recordará a algún conocido con la bandera de la hoz y el martillo en alguna manifestación. En ese momento cualquier ínfima posibilidad de apoyo del votante medio se desvanece.

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El bipartidismo ha traído corrupción y podredumbre a nuestras vidas, aunque su reciente resurrección electoral probablemente esté en representar el mantenimiento de esa escala social que reconoce y distingue a las personas como desiguales en atención a lo que han conseguido a lo largo de su vida. En cambio, los soñadores de las facultades de letras, a pesar de que hablen de socialdemocracia, rosas y viva la gente, no pueden ocultar a los votantes el modelo social que persiguen: la igualdad real. La igualdad social y económica entre todos, pues en el fondo de ellos está Gramsci, Marx o Trotski. Y la igualdad real y absoluta, económica y social, es algo que para cualquier persona que se haya esforzado en progresar a lo largo de su vida resulta inaceptable.

La condición humana es así. Lo que es sorprendente es que en Unidos Podemos se estén preguntando aún qué es lo que ha fallado. Ha fallado su visión de la sociedad, que jamás será compartida por una mayoría de la población. Evidentemente la sana defensa de la propiedad individual y la desigualdad fruto del esfuerzo en ocasiones derivan en un egoísmo insolidario que tampoco es deseable y representa la raíz de los males del capitalismo. Decía Aristóteles en su Moral a Nicómaco, que “la virtud es un medio entre dos vicios que pecan uno por exceso, otro por defecto”.

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