Cada día, España me sorprende más. No dejo de salir de mi asombro. Lo último ha sido la jura de bandera ¿civil? celebrada en Guadalajara este domingo. Un acto al que han acudido más de 700 personas. Muchos vecinos han querido participar en un acontecimiento que, sin embargo, no alcanzo a comprender su utilidad y su oportunidad.

 

El alcalde de la ciudad relacionaba la participación en la propuesta con un supuesto orgullo español. Y, como era de esperar, también lo vinculaba con una hipotética postura en contra del proceso plebiscitario abierto en Cataluña. Una idea que el Tribunal Constitucional ya ha frenado, por lo menos desde el punto de vista legal. “A pesar de los últimos intentos secesionistas, nuestra bandera debe ser más firme que nunca”, afirmaba Antonio Román.

Sin embargo, un acto de estas características, ¿es oportuno en estos momentos? Obviamente no. Y no lo es por dos razones. Por un lado, ante el reto que la Generalidad catalana ha lanzado, es una torpeza cobijarse en banderas y en radicalidades patrióticas. Lo que se debe hacer es dialogar, conversar, convencer y ceder. Por ambas partes. Y no caer en discursos facilones de trincheras, que sólo llevan al choque de trenes. Pero, precisamente, parece que eso es lo que quieren en el PP, el enfrentamiento. Sólo para conseguir réditos electorales.

Por otro lado, ¿no estábamos en crisis? En una coyuntura como la actual, cuando la falta de dinero es la tónica, se deben suprimir las iniciativas sin utilidad, como la del domingo 4 de octubre. La cantidad que se invirtió en ella, poca o mucha, se pudo destinar a fines sociales. Hay muchas familias necesitadas en Guadalajara que, a buen seguro, habrían agradecido esa ayuda.

Además, si con la jura de bandera civil se quería responder a los intentos soberanistas de los catalanes, ¿no habría sido mejor tomar otras decisiones? Un pueblo con la educación, la sanidad y los servicios sociales cubiertos y de calidad, no quiere irse del país. Por ello, ¿no habría sido más práctico frenar los recortes que están acabando con España y los españoles, antes que enarbolar sentimientos nacionalistas? Pero claro, el neoliberalismo manda.

En consecuencia, lo acaecido el otro día en La Carrera no tiene ningún sentido, salvo enrarecer todavía más el ambiente. Lo ideal es que no se hubiera hecho, y que el dinero invertido en la actividad se destinara a fines sociales. Y, ante todo, se tendría que realizar pedagogía y fomentar el diálogo en torno al asunto catalán, dejando a un lado tanta veneración a las banderas. Al fin y al cabo, nuestros representantes a los que deben servir son a nosotros, a los ciudadanos.

PD.: No quiero pasar por alto el “ágape” que la gente del PP realizó en el Palacio del Infantado con motivo de la Interparlamentaria que celebraron en la capital. Los miembros del partido en el gobierno, ¿pagaron los 5 euros que se exige al resto de vecinos? ¿Pidieron oportunamente la utilización de este edificio histórico para su fiesta privada? ¿Yo, con mis amigos, también puedo hacer allí una celebración? ¡No a la privatización de nuestra historia y patrimonio!