Aviso Gorra

Este es mi día

Son casi las dos de la mañana y acaba un día completo con muchas ganas de hacer off. La jornada comenzó a eso de las seis y media de la mañana. No hizo falta que sonara el despertador, pues ya estaba mi gato maullando para pedir el desayuno después de su particular juerga nocturna.

Lo primero es echar un vistazo rápido al correo y después a la prensa por internet y organizar los últimos apuntes de la agenda del día. Después llega la ducha, el desayuno y una charla seria con mi hijo bastante desmotivado, a sus 23 años, con su futuro laboral.

Luego tuve que pasear al perro, pues esto de adoptar animales es lo que tiene, que luego has de cumplir.

Mi marido me da los buenos días por teléfono. La crisis nos ha convertido en un matrimonio a tiempo parcial, con puestos de trabajo a más de cien kilómetros de distancia y hay que suplir la ausencia con conversaciones inalámbricas.

Después tocó discutir por teléfono con el proveedor de internet, revisar los pagos bancarios (bendita banca directa por internet) y hacer las camas, pasando el cepillo casi en volandas, mientras escucho los informativos de la radio y saco a descongelar unas costillas para hacer luego unas patatas guisadas.

Antes de acudir a la primera rueda de prensa, paso al bar a tomar otro café, pues sigo siendo adicta a tocar el papel prensa, aunque ya no me dejen disfrutarlo con un cigarro en el que era el momento más placentero de cualquier jornada laboral.

Entre ruedas de prensa, notas de prensa, post, mails y muros virtuales se me come la mañana y se me abre el apetito, pues el olor del guiso llega hasta mi oficina (ventajas o desventajas del teletrabajo).

Mi hijo va a por el pan y pone la mesa, pero hoy una vez más se hace el remolón a la hora de fregar los cacharros. Una pausa de un cigarro es toda mi siesta y de nuevo al tajo.

Antes llamo a mi madre que anda convaleciente de un cateterismo y luchando con mi padre a quien le ha pillado el mal de la desmemoria. Qué pena no poder estar más tiempo con ellos. Ella si que ha sido y es una gran trabajadora y madre de diez hijos.

Hago un rato de administrativa, ultimando unos presupuestos y unas facturas. De nuevo la actualidad a la que persiguo como un comecocos. Trago una nota, una opinión, otra convocatoria, y un vistazo a facebook y a twitter donde mis gurús insisten en que hay que hacer un periodismo de calidad. Sí, pero cómo, o más bien cuándo, me pregunto yo.

Otra vez a correr la zapatilla con dos actos vespertinos, la semana solidaria y el reúma. Menos mal que mis articulaciones no se quejan, pienso, y qué poco hago yo por los que más lo necesitan.

Entre acto y acto aún me ha dado tiempo a echar un botellín con un amigo. Qué suerte.

Antes de volver a casa, paso por la de mi tía abuela, vive sola con 92 años y lleva un par de días esperando que le acerque un callicida.

De nuevo en mi casa-oficina y por dónde empiezo. Con las horas que son casi mejor aparcar el periodismo y colgarme el delantal. Unos lomos empanados y una ensalada es una cena que todos celebran, aunque el fregadero vuelve a quedarse lleno de cacharros que nadie parece ver.

Doy las buenas noches telefónicas a mi marido y celebramos que mañana ya nos volvemos a ver. Cuánto se nota su ausencia para conciliar. Tiendo una lavadora y preparo la lista para ir a la compra mañana. Que no se me olvide que falta mostaza, me chifla la mostaza. Mi hijo me dice que ya me ayuda él a comprar, pienso que se siente culpable por la regañina matutina y aflojo un poco. Pero qué majo es y cuánto le quiero.

Al perro no se le olvida que por la noche también toca paseo. Bueno, ya que no tengo tiempo para ir al gimnasio por lo menos meneo las piernas.

Otra vez delante del ordenador. Me gusta escribir de noche y remato lo pendiente con ganas. Cuelgo la portada de mañana y envío el mail de tareas a la redacción. Un solo redactor, la otra está de baja. Me gustaría charlar un poco con los amigos aunque sea a través de facebook, pero estoy realmente cansada,  aunque no me resisto a echar un vistazo y felicitar a un compañero que lo fue hace mucho tiempo. Tengo que dejar de fumar tanto, pienso como casi siempre a estas horas.

Mientras me lavo los dientes veo en el espejo que ya se me ven otra vez las canas, habrá que buscar un agujero en la galaxia del tiempo para escaparme a la peluquería.

Ya me he puesto el pijama y cuando cojo "El ángel perdido" para leer un rato antes de que se me cierren los ojos caigo en la cuenta que mañana es el Día Internacional de la Mujer y que debo festejarlo. Vuelvo a encender el ordenador y escribo este post.

Celebro que soy mujer, esposa, madre, hija, amiga, trabajadora, empresaria y soñadora. Y que el día de mañana vendrá cargado con otras 24 horas, bueno alguna menos ya, para repartir la tarea. Felicidades a todas. Este es un gran día, aunque estoy segura de que lo podíamos hacer mejor.

 

CINCO A PARES
ALEGRÍA