Un zángano en el palmeral

EXCURSIONES ELECTORALES

La democracia se pone espléndida a la hora de velar por sí misma. Cuando ha lugar a la ceremonia del voto, cosa que va a suceder en unos pocos días, decide que todo gasto es menudencia. Luego no… o sí, ya verán...

Pero, por el romanticismo de observar que no hay ciudadano sin lugar ni hora frente a las urnas, a pesar de disponer de  dispositivos que prevén la posibilidad de acceder a las votaciones al acreditarse que tal honor resulta del todo imposible, lo que haga falta. Leo en GUADAQUE la noticia: TRANSPORTE PARA IR A VOTAR PARA PERSONAS CON PROBLEMAS DE MOVILIDAD, es el título. Y sigue: “Con motivo de las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán el domingo día 22 de mayo, el Ayuntamiento de Guadalajara pondrá en marcha un operativo especial para el traslado de personas con problemas de movilidad a sus colegios electorales. Este servicio es gratuito y se realizará con una furgoneta adaptada y con plataforma”… ¿Por qué? Porque es un día nada más y una ocasión “sagrada” si se quiere. Como suele decirse de cara a los grandes acontecimientos, un día es un día y, tampoco va a ser tan grande la factura. Probablemente cierto. Probablemente justo. Probablemente necesario. Mas, ¿y luego? ¿Es que los votantes que carecen de posibilidades para desplazarse autónomamente o tienen insuficientes recursos para hacerlo con las ayudas que correspondan, concluyen sus apariciones públicas una vez han finalizado el acto electoral supremo? ¿Vale entonces que son como el Cristo del pueblo o la Virgen a los que se saca en andas una vez al año- en este caso según los periodos electivos- para residir en sus altares el resto del tiempo? Porque, no vale que se les requiera y pague el “paseillo” para ir a votar- pudiendo, insisto, hacerlo por otros medios- y considerar que fiscalicen lo que realizan sus representantes, sin salir de casa. Porque es en la calle, entre la gente, donde se comprueban las cosas. Por ejemplo, como ahora en Lorca- aun con el miedo y el horror en sus carnes- a día y hora de comprobar que, si no se puede evitar ni prevenir una catástrofe natural, conociéndose sin embargo que la zona donde se ha producido el infortunio es de gran riesgo sísmico, ni las personas saben que han de hacer en caso de terremoto- porque las autoridades deben tener para sí que con ver videos de los siniestros telúricos ocurridos en el Japón en YOUTUBE, los vecinos de las provincias afectadas van que chutan- ni los constructores edificaron pensando en respetar las normas de seguridad que existen, ni los técnicos municipales actuaron contra los propietarios de recintos con poquísimos años de antigüedad ahora absolutamente derruidos, ni los políticos hicieron nada por actuar conforme a la ley ni a las promesas que hacen a sus electores. Y todo esto, en verdad, se ve en las calles, junto a los que tiemblan, junto a los que lloran, junto a los que lo han perdido todo. Personas a las que cabe restituir, de algún modo, lo perdido, sin que ello signifique acallar la petición de responsabilidades que procede. Porque alguna de las personas que viven confinadas en sus casas o residencias pueden considerar, incluso, que la fiscalía debiera actuar de oficio investigando unos “por qué” mucho más importantes que los de Mouriño… Aquí, sobre las palmeras, también se sintió la cólera del subsuelo, pero el picudo permanece, por desgracia. Otra cosa es que, tanto el mal bicho como un servidor, zángano y tan contento, opinemos lo mismo: a ver si el día en el que de verdad exista dinero para dotar de contenido a la Ley de Dependencia, los que salen para votar puedan estar en las calles siempre. Siempre.

Un sol de revolución
DE AMIGUETES Y POLÍTICA POSTIZA

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