Un zángano en el palmeral

FIESTAS

 

Se puede ser de los de la partida durante una fiesta, aunque la organización social de los días de la semana abunde en días laborables. Basta con disponer lo necesario durante las horas de descanso o sumarse a la continuidad de la celebración en tanto uno se desocupa. El ocio no tiene por qué ser festivo. Cabe disfrutar de los periodos de asueto que toquen a cada cual, con alegría, pero las expectativas de un festejo lo multiplican todo. Las personas, por eso, porque buscamos emociones y queremos experimentarlas con aquellos a los que llamamos los nuestros, además de las fiestas que por tradición o convenio son precepto anual, hacemos de cada ocasión, si nos place, un espectáculo.

Una conmemoración cuyas razones pueden ser argumentadas conforme a muy sesudas circunstancias o quedar establecidas mediante el ingenio y el desparpajo intelectual. Sin embargo, son aquellos oficios de primera división- Navidades, Carnaval, Semana Santa, Vacaciones, Halloween- los que atraen como participantes a un mayor número de personas. Estas dichas, además de las funciones patronales… Como las de Guadalajara. Otra vez, en septiembre, días de jolgorio, cacharritos, toros, música, ríos de alcohol, justas deportivas, convocatorias gastronómicas populares, jornadas de convivencia, actos culturales y artísticos, concursos, pirotecnia y ruido, mucho ruido… Nadie se imagina una fiesta sin ruido. Total, es una vez al año nada más. Los que son partidarios del silencio, o del ruido a las horas del ruido- que son las diurnas, propias del tráfico, las sirenas, los desplazamientos a voz en grito, el empleo de la maquinaria etcétera- imponen la tiranía de su afición durante los otros trescientos días y pico… Las gentes se saludan más, se abrazan, hacen el amor- tenía otra expresión menos cursi pensando lo que yo pienso- comparten ilusiones, deambulan con graciosa y despreocupada inestabilidad, aprovechan para hacer esas cosas que no hacen nunca… sí, hacerse fotos para ponerlas a disposición del mundo en las redes sociales, comentar la relación de los mejores vídeos de gatitos o los éxitos de Rosalía. Visten trajes de gala y son incapaces de saltar no sea que se arrugue el textil o puedan advertirse manchas de sudor por efecto de la agitación que el hilarante acontecer provoca… O, bueno, sí, son las cosas de cada viernes sábado y domingo, por más que la yincana incluya otras modalidades de diversiones y atracciones extras. Al fin y al cabo, una fiesta sin mesa mantel y vino- mucho vino- sobre todo vino, prácticamente no es fiesta. A la fiesta le quitas el alcohol… le quitas los toros, y pase; le quitas la pirotecnia, y pase; le quitas los cacharritos y las verbenas, y pase: ¿pero el alcohol? No hijo, no. No, pero no conduzcas si estás de fiesta. Confúndete y confunde a otros, menciona lo bien que lo llevas a pesar del cambio climático, orina donde te de la gana- total es una semana al año- y ofrece argumentos laborales a las brigadas de limpieza merced a tu inestimable colaboración: fiesta sí, pero con basura… Alegría, alegría.

Aquí no pasa nada
Grave cornada a Ureña y.., a la feria de La Antigu...