Pie a tierra

Fracaso Escolar

La Presidenta Cospedal nos ha regalado otra perla “en diferido”. Hablando de la reforma educativa, animaba a sus fans a que combatan la demagogia con pedagogía. Otra vez utilizando el lenguaje para decir lo contrario de lo que se piensa y de lo que se hace. Otra vez hablando al revés.

 

Demagogia, Sra. Presidenta, es decir que su preocupación principal es el empleo mientras despide a miles de sus trabajadores. Demagogia es llamar a la emigración “promoción exterior”, demagogia es culpar siempre a los demás de los errores propios.

Demagogia es hablar (en campaña electoral) de los jóvenes como la generación mejor formada de nuestra historia y ahora llamarles fracasados.

Demagogia es utilizar los datos de un solo informe (el informe Pisa) para justificar sus recortes y culpar a la educación de todos los males del país.

Si quiere compararnos con Europa, compare TODOS los datos: los datos de paro, la estabilidad en el empleo, el número de pacientes por médico, el número de camas de hospital por habitante, la atención a la tercera edad, las pensiones, los salarios… Compare todos los parámetros  y sacará la conclusión de que nuestro problema no es el fracaso escolar, sino un fracaso social.

Compare las horas de TV que consumen los españoles,  compare el número de libros por domicilio, compare el ambiente cultural de nuestra sociedad.

Cómo van a leer nuestros escolares si somos uno de los países europeos en que se leen menos periódicos y los dos más leídos son deportivos.

Cómo van a leer en un país en el que los adultos apenas leen y el Gobierno ha convertido el libro en un objeto comercial en vez de transmisor de cultura y quiere cobrar hasta por el préstamo de libros en las bibliotecas.

Qué cultura van a tener nuestros niños si se promueve el desprecio por todo lo cultural y el Gobierno con sus impuestos (IVA) la aleja cada vez más de los ciudadanos. ¿Es culpa de ellos que conozcan a cientos de futbolistas y a ningún premio nobel, científico, filósofo o escritor? ¿Los conocen sus padres? ¿Y los ministros? ¿Ha contabilizado el tiempo que sus medios de comunicación dedican a unos y otros?

Fíjese en lo que ven nuestros niños, por ejemplo, en su TV castellanomanchega: copla, películas, toros y fútbol… una programación de hace cuarenta años.

He oído decir a José Antonio Marina que en la educación de los niños debe participar toda la tribu. Aquí  no sólo no participa en la educación, sino que la tribu “deseduca”, especialmente caciques y hechiceros (gobernantes y obispos).

Hablar de fracaso escolar, como nuestros gobernantes lo hacen, pone de manifiesto su ignorancia o su maldad. No,  no hay fracaso escolar. Estamos ante un fracaso social que se refleja, también, en la escuela. No fracasa ni la escuela ni los escolares: fracasa la sociedad y, especialmente, quienes la dirigen.

Cómo el Ministro provocador puede calificar de “razonable” un 6.5 para entrar en la Universidad y decir que están mal orientados los alumnos que pretendan acceder con menos de esa nota cuando él no llega ni a un 2 en las calificaciones que le otorgan los ciudadanos y es Ministro de un Gobierno en el que no aprueba ninguno de sus ministros, ni el Presidente.

Qué motivación van a tener nuestros jóvenes cuando ven que los más ineptos son los que llegan arriba. ¿Qué modelos sociales les proponen: banqueros y empresarios estafadores, farándula, gente guapa, deportistas de élite, hijos de…? Unas minorías de vida fácil que se presentan como deslumbrantes, para esconder sus miserias y casi siempre su incultura y falta de formación.

Y paralelamente, desprecio por la escuela y los maestros, recortes, cierres, masificación de las aulas, dificultades para acceder a las becas o a la Universidad…

Y no hablemos de las oportunidades laborales que encontrarán nuestros jóvenes tras su formación. Desmotivadoras. Quienes deberían ser los responsables de enfocar su formación hacia un futuro laboral prometedor (medicina, docencia, investigación…) están pensando en rebajarles los salarios y las condiciones laborales o mandarlos como emigrantes a otros países; eso para los más “afortunados”,  el paro para todos los demás. No porque haya fallado su formación. Lo que falla es lo de después. ¿Por qué muchos de nuestros jóvenes borran de su curriculum sus títulos universitarios cuando se presentan a determinados trabajos? ¿Qué tipo de trabajadores estamos buscando?

Pero el colmo de todo esto es cuando nuestros gobernantes culpan al fracaso escolar  del paro juvenil: “cómo no vamos a hacer una reforma educativa con más de un 50 % de paro juvenil”. No sólo es demagogia; esta afirmación acumula tal cantidad de mentira, manipulación, intención de confundir, ignorancia, maldad… que, solamente decirlo, debería ser incompatible con la ocupación de un cargo público.

Esto no es un fracaso escolar; es un fracaso social, un fracaso de las políticas del PP, un fracaso de las reformas laborales,  un fracaso de la austeridad, de la Unión Europea, de la troika…

Estas son las reformas que urge emprender.

Fuera del telediario
Bomarzo