El blog de la señora Horton

Fuera del telediario

En mi adolescencia me asombraba saber que la juventud de mis padres hubiera estado dedicada en cuerpo y alma a una guerra y que todos sus pensamientos, pasiones y deseos hubieran estado  marcados por ella. Aquello me parecía un despilfarro.


Y esa fue la realidad, tanto exterior como interior, ya que, por ejemplo, no es lo mismo pasearse con un mozo por la playa a la luz de la luna que tenerle en el frente y pasearte tú sola imaginando atrocidades.
Después, la incomodidad fundamental que se padecía en la época franquista era la atención que el General precisaba en el desempeño de su ocupación de gobernar, ya que uno sabe que está bajo una dictadura cuando no te queda hueco para la libertad, ni interior, ni exterior ni mediopensionista. Este hombre –Franco– era fervientemente observado por partidarios y detractores, y además de gastar la vida en esa atención, es que  no quedaba resquicio para hacer lo que uno le diera bonitamente la gana porque lo exigido y lo prohibido se acercaban tanto que la vida propiamente propia (y perdonen) no cabía entre aquellas dos murallas.
Bueno, pues ahora, por motivos distintos, estamos en las mismas. Nuestra vigilia y nuestro porvenir están atentos al devenir de unos pícaros y de quienes les sustentan. O sea, atentos al telediario. Este robo de la intimidad empieza a seguir aquellas pautas antiguas.
Mucha gente que se siente asfixiada ha renunciado al telediario. El otro día me lo comentaba una amiga: "en cuanto empieza, cambio de canal, me he dado cuenta de que tanto la verdad como la vida quedan fuera de él. Estoy harta de tantas mentiras y tantas exigencias".
Un buen gestor es el que pasa inadvertido. Eso es lo que debe ser un político en un mundo en el que, en rigor, se ha perdido la soberanía de los Estados, lo que no me parece del todo mal, vaya esto por delante, ya que las soberanías son muy peleonas y siempre estan pensando en guerras y en quebrantos.
 Un buen gestor hace que el motor esté bien engrasado y que los ciudadanos que ocupamos el vehículo no notemos ni siquiera los baches del terreno. Un buen gestor tiene la obligación de producir la felicidad básica de una nación, pues ya se encarga la vida personal de cada uno de producir su propia desdicha. Un vehículo que funciona no debe hacer ruidos extemporáneos y, desde luego, no es de recibo que el conductor haya choriceado previamente las bielas del coche que conduce.
Decía Cela que el personal se divide en tres grupos: amigos, hijos de puta y gente en observación. Amigos en política nos quedan pocos. En el segundo grupo tenemos superavit: tenemos  horteras trincones con bigote y tupé, asaltadores de la propiedad privada y duques empalmados. En el tercero de momento solo tenemos alguna que otra sombra aún sin nombre (ya lo dirá el telediario) y una infanta compradora de naves y solares.
Nada nos falta en botica.

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Fracaso Escolar