Un zángano en el palmeral

Destacado 

GRETA

En algún lugar he leído que Greta es un nombre propio que proviene de Grecia, Persia o la India. Una variación de Margarita que otros traducen como Perla. Pues bien, Greta, la Greta a la que aludiré, nació en Suecia, tiene 16 años y acaba de estar en la ONU pronunciando un discurso político, cual activista que se conoce que es. Se apellida Thunberg y ya es famosa. Puede que, dentro de un tiempo, desaparezca del Olimpo y renazca en uno de esos apartados de la prensa digital usualmente titulados “Qué fue de…” … Claro que, a buen seguro, yo podría estar equivocado. El futuro es algo que no está contenido en esferas mágicas de cristal y, por lo que se ve, incluso puede que no haya…

Sin embargo, aquí estamos y cabe hablar de Greta porque todo el mundo habla de Greta. No sé si tanto de aquello que viene proclamando Greta- nada que científicos de todo el mundo hayan dejado de establecer con mediciones y datos- como de lo que Greta puede significar en este mundo tan dado a crear y derribar ídolos. Greta tiene una opinión respetable, aparentemente fundada, expuesta en la tribuna a la que fue invitada, con indudable teatralidad- candidata a impartir conferencias motivacionales en cuanto la maquinaria económica vea la oportunidad- probablemente tenida en cuenta o no según los intereses de las autoridades y de los estados que acudieron al encuentro para “callar y escuchar” como he leído que fue en opinión periodística. O, dicho de otro modo: no cabe creer que lo que haya dicho o hecho, lo que diga o haga Greta, vaya a suponer, en verdad, ningún cambio, para bien o para mal en la tarea de evitar la nefasta intervención del ser humano en los ciclos naturales del planeta Tierra. Y lo creo así porque no se ha escuchado, como decía, a hombres y mujeres de ciencia que vienen alertando de todo lo que ocurre desde hace años. Es a ellos a quienes se debería haber atendido desde el principio, con quienes se hubo de contar para todo proceso de asesoramiento, en vez de esperar la llegada de esta adolescente a la que, por otra parte, no cabe culpar en modo alguno. Tampoco se puede decir como parece ser la tentación de parte, que los jóvenes sean sensibles a todo lo que abandera Greta. Habrá un determinado porcentaje. Sobre todo, esos cachorros de sindicato que salen en la tele cuando se entrevista a los estudiantes que se declaran en huelga a causa de lo que sea. Esos y esas que, con casi absoluta seguridad, harán carrera en la política del futuro. Una política, a buen seguro no muy diferente de la actual. Pero son, los jóvenes, la mayoría, mediocres- cualquiera que esté en contacto con ellos por cuestiones docentes y sea sincero corroborará lo que digo- porque son casi incapaces para expresarse salvo en lo tocante a su reducido mundo de celebración y juego, gentes que están a otras cosas… Por supuesto a esta circunstancia de opinión se le podrán oponer citas y ejemplos. Argumentos, además, ciertos: no tengo por qué dudar a priori. Pero sostengo que la gran mayoría está a lo que está. Y la población adulta, no digamos. Una vez pasada la efervescencia del estímulo mediático o la agitación en redes sociales, apagón. Tal vez necesitemos una Greta, por ejemplo, también, en Guadalajara. Una Greta que decida estudiar para, precisamente, trabajar en el futuro, en compañía de otros, para ayudar al bien de la humanidad. Una niña de 16 años, rubia y sueca que nos recuerde las toneladas de basura que aportamos a la limpieza del mundo durante los fines de semana y las distintas fiestas del año, por traer a colación variedad de desatino que, sin duda, conocemos bien. Una niña de 16 años en el Paseo de las Cruces, en el parque de La Concordia, en cada calle, en cada plaza, en cada rincón, en cada pueblo, donde ustedes quieran. Tal vez lo necesitemos, digo, pero ni aun así vamos a reaccionar.

EL DÍA QUE GUADALAJARA FUE NOMBRADA CIUDAD
San Lorenzo, La Ventana, Valdefresno y D. Simón...