Apuntes de un becario

¡No a la SGAE!

Sociedad General de Autores y Editores. Eso es lo que significan las siglas SGAE. Una organización encargada de la “defensa y gestión de los derechos de propiedad intelectual” en España. Y lo hace a través de la gestión del dinero de un canon que pagamos todos los ciudadanos cuando compramos el disco duro de un ordenador, una memoria usb o un CD. Sin embargo, y a pesar de ser un impuesto público, la mencionada entidad, lejos de repartir los beneficios entre todos los creadores –que sería lo justo-, lo hace únicamente entre sus asociados.

Pero eso es la teoría, ya que se trata de una distribución que no siempre se cumple. Y para muestra, un desfalco. El pasado 1 de julio saltó la noticia de que varios directivos de la referida organización, entre ellos su responsable, Teddy Bautista –que para quien no lo sepa ejerció como músico hace más de 20 años-, estaban acusados de apropiación indebida, falsificación de documentos y desvío de fondos. Un total de 400 millones de euros habían desaparecido ¡Ahí es nada! Una extraordinaria cantidad de dinero que, por cierto, previamente habíamos pagado todos los españoles a través de lo que algunos llaman el «canon revolucionario».

El delito, presuntamente, se habría sido cometido a través de una trama empresarial parasitaria impulsada desde la Sociedad Digital de Autores y Editores (SDAE), que depende de la SGAE. De hecho, el presidente de la primera de estas entidades, José Luis Neri, fue quien “ideó” dichos desvíos de fondos, mientras que Teddy, su amigo y compañero de «gestión de derechos de autor», “consintió” la operación. Todo ello según el auto publicado por el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz.

A la luz de estos hechos, se debe hacer un cambio radical en la gestión de los derechos de autor en España. La transformación fundamental debe pasar porque un canon público como el que se encuentra en debate nunca debería ser cobrado por una entidad pública de derecho privado, como es la SGAE. Esta situación es una anormalidad dentro de los países avanzados en los que nos enmarcamos, y ha servido para que desde Europa hayan dado varios toques de atención al Gobierno español con el fin de que subsane esta circunstancia.

Un Ejecutivo que debe coger el toro por los cuernos, retirando una competencia que nunca tuvo que tener una sociedad como la ahora investigada. Debe ser valiente y hacer como en otros Estados de la UE, donde impuestos parecidos los cobran las administraciones. Algo mucho más justo que aseguraría un reparto más equitativo y que respondería al interés general, evitándose los métodos cuestionables que emplea la SGAE.

De hecho, la forma de actuar la Sociedad General de Autores y Editores siempre ha estado en la picota, llegando a exigir el pago del canon a los organizadores de galas benéficas, por la simple razón de que en ellas actuaba un grupo de música o de teatro. Circunstancias como ésta, o como el presunto desvío de fondos de Teddy y los suyos, el Ministerio de Cultura debería tomar cartas en el asunto y cambiar la legislación. Ahora parece que la responsable de este departamento, Ángeles González Sinde, ya es consciente de la situación, y no descarta cambios en este campo. Pero hasta que se produzca la variación legal, sólo huelga decir una cosa: ¡No a la SGAE!

DE LA ALEGRÍA DE CURAR
LA RESACA

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