Historia de Guadalajara

Historia de una provincia con un pasado mucho más apasionante del que a simple vista parece.

LA BATALLA DEL TAJO: ANIBAL EN LA ALCARRIA


Aníbal cruzando los Alpes. Museo Capitolino, Roma.

La Celtiberia siempre tuvo fama de ser una tierra indómita. Antes de que los romanos la conquistaran, tras muchos años y con grandes pérdidas humanas y materiales, por aquí estuvieron los cartagineses, tratando de imponer su ley, con éxito mucho menos duradero. 

Cartago y Roma eran los dos grandes poderes del mundo mediterráneo en el siglo III a.C. La primera guerra entre ellos se había saldado con la derrota de los norteafricanos, que perdieron Sicilia. Cuando Cartago pudo recuperarse del golpe, comenzó a planear su venganza, y para ello fijó sus ojos en Hispania, donde podría encontrar los recursos y hombres que necesitaba para una nueva guerra contra los romanos. Para controlar estas riquezas, sin embargo, antes debía doblegar a pueblos guerreros que no tenían ninguna intención de someterse ante nadie. Es en el contexto de estas guerras en el que aparece la figura de uno de los grandes generales de la Historia: el cartaginés Aníbal Barca. 

Cartago había conseguido dominar la costa del sudeste hispano, donde fundaron, en el 227 a.C., la actual ciudad de Cartagena, que les serviría como base de operaciones para asentar su poder. Desde ahí, los norteafricanos comenzaron a lanzar una serie de campañas militares con las que someter a las tribus del interior, encontrándose una feroz resistencia. Uno de estos pueblos, el de los carpetanos, tuvo un papel muy importante en el resultado de esta guerra entre hispanos y cartagineses. Los carpetanos dominaban una parte considerable de la meseta sur, especialmente el Tajo medio, con una presencia estable en la Alcarria, donde destacaba la ciudad amurallada de Caraca (Driebes). Habían conseguido desarrollar una economía razonablemente próspera basada en la agricultura y el comercio, beneficiado por encontrarse en una zona de paso entre el mundo mediterráneo y el atlántico. Los historiadores de la época destacan que eran un pueblo poderoso militarmente, aunque su pragmatismo, que les llevaba a pactar antes que cometer locuras, al estilo de los numantinos, ha hecho que su historia haya pasado más desapercibida que la de otros pueblos contemporáneos.

En el año 220 a.C., en este contexto de conquista cartaginesa y resistencia hispana, Aníbal comenzó una campaña contra los vacceos, tribu de la meseta norte, que finalizó con la toma y saqueo de Helmántica (Salamanca). Los supervivientes de Helmántica, así como otras tribus previamente vencidas por los cartagineses decidieron entonces unirse para luchar juntos contra el invasor. Conscientes de que Aníbal tenía que regresar a Qart Adasht (Cartagena) con el botín de guerra antes de que llegara el invierno, decidieron cortarle la retirada. El territorio propicio para ello era el de los carpetanos, que también deseaban acabar con el peligroso invasor, y que no solo aceptaron unirse a esta confederación hispana, sino que al aportar el mayor número de tropas pasaron a liderarla. El lugar elegido por los carpetanos para presentar batalla fue el río Tajo a la altura de Caraca, que era el punto de la ruta de Aníbal donde sus tropas, cargadas de botín, serían más vulnerables. Si quería cruzar el río, debería enfrentarse a ellos en situación de desventaja.

Así, los carpetanos y sus aliados esperaron a Aníbal en el lado sur del Tajo, en las cercanías de Driebes, donde el río formaba varios meandros en los que había vados para cruzar. Dicen los historiadores clásicos que los hispanos sumaban unos 100.000 efectivos, aunque ya sabemos que en aquella época se tendía a exagerar mucho con los números. Aníbal, con unos 25.000 hombres y 40 elefantes (siempre según las fuentes de la época), llegó a la zona tal y como sus enemigos habían previsto, y allí se encontró a los carpetanos esperándola al otro lado del río. La lucha en campo abierto hubiera sido una fácil victoria de los hispanos, por lo que el legendario militar africano tuvo que idear una estrategia alternativa que le permitiera salir de aquel territorio hostil con el botín, y sin comprometer demasiado a unas tropas que necesitaba para las siguientes campañas. Para ello recurrió a dos cosas que ningún general debe ignorar: la arrogancia de un enemigo confiado por los números, y la ayuda del terreno. En este caso, el Tajo. 

Tras unas primeras escaramuzas, ambos bandos quedaron asentados frente a frente en las dos orillas. Aprovechando unos primeros momentos de dudas en el bando carpetano sobre cómo proceder, Aníbal cruzó el río y con enorme rapidez levantó una empalizada paralela al cauce dejando varios sitios por los que los enemigos pudieran cruzar, y que coincidían con vados transitables. Tras ello, retrocedió al otro lado del Tajo, y se quedó a la espera de la iniciativa hispana, aparentando no atreverse a atacar. Además, para fingir todavía más debilidad, escondió a su caballería de élite tras un cerro, pareciendo que sus ejércitos eran aún menos numerosos de lo que pensaban sus enemigos. Los carpetanos y sus aliados pensaron que los movimientos de sus tropas levantando la empalizada, seguidos por la retirada al otro lado del Tajo, eran fruto del miedo del cartaginés, por lo que lanzaron un ataque total, cruzando la empalizada por los huecos dispuestos por los africanos. El ataque fue brutal, pero descoordinado, y una vez las tropas comenzaron a cruzar el río por los puntos dispuestos, Aníbal ordenó cargar a su caballería. Al estar concentrados los combates donde los cartagineses habían dispuesto, los carpetanos perdieron la ventaja del número. Además, la lucha en medio del agua era desigual. Los carpetanos, a pie, no podían combatir en esas circunstancias contra los hombres a caballo de Aníbal, que desde lo alto de sus monturas podían abatirles con facilidad mientras ellos se esforzaban en no ser arrastrados por la corriente. Los que no murieron a sus manos fueron arrastrados por el río hacia la otra orilla, donde les esperaban el resto de tropas cartaginesas y los temidos elefantes.

Los carpetanos, al ver la matanza que estaba teniendo lugar, comenzaron a retroceder, conscientes de la trampa, y en ese momento Aníbal lanzó a su infantería por los mismos huecos de la empalizada, encontrando a un enemigo atemorizado y desorganizado, que huyó como pudo del lugar. Unos días después el cartaginés recibió la sumisión de los carpetanos, humillados por la derrota. Con esta rendición, Cartago consiguió el dominio efectivo de toda la península ibérica al sur del Ebro, comenzando a estar en condiciones de amenazar a la mismísima Roma.

La ubicación de esta batalla, clave para entender la época en la península ibérica, no ha estado exenta de especulaciones. Muchas de las fuentes escritas con las que contamos son de autores que no estuvieron allí, y que nos narran los hechos usando testimonios indirectos, por lo que las descripciones geográficas son confusas. Los historiadores modernos han aportado varias hipótesis sobre el lugar de la batalla, pero ninguna ha podido ser contrastada. Los posibles lugares son diversos: Aranjuez, Toledo, Talavera…sin embargo, la teoría más moderna, y a la vez la más completa, es la que sitúa la famosa batalla en la Alcarria, en las cercanías de Driebes. Este municipio, donde se ubicaba la antigua ciudad carpetana de Caraca es el punto del cauce del Tajo mejor ubicado para un regreso rápido desde Helmántica a Qart Adasht, por lo que sería propicio para que los carpetanos y sus aliados hubieran esperado allí a Aníbal. Además, la geografía de la zona se adapta perfectamente a las narraciones de la batalla: un terreno en la ribera del Tajo en principio propicio para los carpetanos, que habrían elegido la ubicación en un entorno que conocían bien, y una estructura fluvial con meandros y vados para cruzarlo. No solo eso, sino que las excavaciones arqueológicas cercanas han encontrado un resto de lo que podría haber sido la empalizada levantada por Aníbal, así como restos por la zona que atestiguan la presencia allí de los cartagineses. Un lugar con historia en pleno corazón de la Alcarria.

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