El blog de la señora Horton

La gallina

Muchos y muy bien situados autores opinan que los estados depresivos sociales son más peligrosos que las epidemias. Ninguna epidemia ha matado a tantos hombres como ciertas diferencias de opinión en el año 36 del pasado siglo.

El estado depresivo actual es tan depresivo que ya no tenemos ánimo ni para una posible regeneración nacional. De hecho van a quitar del diccionario la palabra nacional pues nadie sabe qué significa y el mismo camino lleva regeneración, que ni está ni se la espera.

El Estado Depresivo Español -con mayúsculas- es tan sumamente depresivo que nadie tiene nada personal que hacer que no sea abrir la boca cada día un poco más. Las negras bolsas de basura rellenas de billetes grandes ocupan el callejero y parte del alcantarillado de las ciudades en huelga de limpieza y de metro. Con la aurora nos llega por TDT la explosión diaria de alguna supernova financiera cuando no un meteorito delincuente alcanza la atmósfera de nuestra cocina en pleno desayuno de régimen. Muy, pero que muy deprimente.

Nuestros entretenimientos, nuestros sueños, incluso los ratos de conversación con las amigas están dedicados al devenir de unos pícaros ricos a quienes no preocupan nada la subida de tasas de Gallardón ya que tienen intención de instalarse a perpetuidad en los salones del Supremo con tienda de campaña, mayordomo y camping gas. Los corruptos de uno y otro pelaje se están convirtiendo en auténticas mareas humanas, así que se da la paradoja de que si alguno de ustedes tiene estómago para encender la tv y dedicar un rato a cualquier tertulia en la que se hable de lo mismo, puede encontrarse con corruptos presentes opinando sobre corruptos ausentes. Todo queda en familia. Y no es broma.

En este ambiente agobiante, en este clima envilecido, las palabras como guantes de seda cruzan los rostros de este y de aquel. Pero todo es una pantomima, los rostros tornan y cambian como efectos especiales y todos los floretes y los sables llevan protección. La única sangre que corre, corre entre los espectadores.

Rulfo me estremeció hace tiempo con un cuento del que solo guardo una imagen (ya les hablé sobre la inexactitud de mis citas, pero juraría que esta vez no yerro): un campesino va caminando bajo el sol llevando su única propiedad, una gallina, protegida bajo su chaqueta. De vez en cuando, en aquel llano en llamas, el hombres para, saca la gallina y le sopla en el pico para que no se asfixie.

Pues ni siquiera ese detalle.

Y miles de pisos vacíos y embargados.

Y los sótanos de las facultades de medicina atestados de cadáveres sin tierra.

Y mira el Barça.

No, si ya te digo.

 

 

LAVAR EN AGUA SUCIA
HÉROES Y VILLANOS