Aviso Gorra

La memoria de Suárez en Suárez

b2ap3_thumbnail_suarez-Grieta.jpgAunque yo apenas era adolescente cuando Adolfo Suárez se convirtió en el primer presidente democrático, la figura de él ocupa un gran cajón de mi memoria. Es un cajón repleto de recortes de periódicos que heredé hace años de Luis Suárez de Puga, quien fue candidato a la Alcaldía de Guadalajara con UCD en aquellas primeras elecciones democráticas municipales de 1979, que llegaban dos años después de esas primeras generales libres que alzaron como vencedor a Adolfo Suárez.

 

Explicar cómo llegó hasta mí este gran cajón de la memoria no tiene mucha importancia. Todo se debe a una buena relación de vecindad y de amistad, junto a mi oficio de periodista y mi fascinación siempre por la figura de “Luisón”, a quien entrevisté en 1992, para Guadalajara 2000, poco antes de que la enfermedad, que le postró en silla de ruedas durante diez años, se lo llevara definitivamente. Y esa relación hizo que su viuda, María Luisa Cotayna, me regalara este legado.

La caja ya me ha acompañado en varias mudanzas, y en ella me gusta bucear de vez en cuando, soñando que tengo tiempo para escribir un libro, con todo lo que aquí hay guardado. Está llena, sobre todo de recortes de prensa que cuentan la historia de la UCD, primero y el CDS después, con Adolfo Suárez como protagonista.

Cuando este viernes Adolfo Suárez hijo, anunciaba que la vida de su padre se apagaba, tuve la necesidad de desempolvar esa vieja caja de la memoria de alguien que colocó a Adolfo Suárez en el mérito de ser recordado, en el momento justo en el que acontecían los hechos, y no desde la perspectiva de la historia.

Y allí estaba Adolfo Suárez jurando ante el Rey como presidente del Gobierno el 5 de julio de 1976, o en el Congreso, rodeado de todos esos centristas que luego caminarían para un extremo u otro, celebrando la Constitución del 78, y en su escaño del Congreso, con cara de póker, aguantando el tipo en la moción de censura de 1980 que no prosperó, pero que sin duda quebrantó su entereza. También una portada del semanario “Time” con un Suárez de mirada limpia y un titular al pie “Spain: Democracy Wins”, otro recorte con Suárez estrechando la mano de Jimmy Carter, o una entrevista de Raúl del Pozo en el Interviu, con un Adolfo Suárez fotografiado como fumador empedernido y confesando: “Los socialistas me pasan por la derecha”.

Entre esa montaña de papeles, me cautiva esta imagen en la que se ve a Adolfo Suárez en mayo de 1983, cerrando la campaña del CDS en Guadalajara, junto a Luis Suárez de Puga que se presentaba por segunda vez a alcalde, tras esa primera intentona del 79 en donde quedó fuera de juego, por presentarse tres minutos tarde la lista de su candidatura. La imagen está tomada en el desaparecido pub “La Grieta”, en el paseo de las Cruces, y junto a los dos Suárez, de similar porte y similar sonrisa, aparece Emilio Clemente, que era el número dos del CDS en la lista municipal y cabeza de lista en las autonómicas. No aparece el nombre del autor de la fotografía, pero todo me hace pensar que no es otro que Alfonso Romo, que es quien figuraba en el staff de la Prensa Alcarreña por entonces. “El CDS pretende recuperar el centro perdido”, rezaba el titular de aquella información, con mensaje de augurio.

Luis de Grandes Pascual, José María Bris, Feliciano Román, Fernando González Galvez, Agustín de Grandes, Carmen Martínez de Tejada, son algunos de los nombres de esa historia de la UCD en Guadalajara, que aparecen en los papeles de Luisón.

Lo que me provoca esta imagen es una desconcertante reflexión entre las similitudes, de ambos Suárez, más allá de la coincidencia de primer apellido o de su elegante porte de caballeros, con cierto parecido físico, que alguno llegó a atribuir a parentesco.

Ambos se fueron muchos años antes de morirse. Ambos tuvieron una temprana, aunque corta carrera política, salvando las distancias de la magnitud de cargos, y ambos, desprovistos de apoyos, dimitieron de su propio partido. Ambos dejan en mí un recuerdo de sentido común y trascendencia humana, y la convicción de que ser político es algo noble.

Yo no conocí el carisma de Adolfo Suárez, pero sí el de Luis Suárez de Puga, y desde su caja de la memoria, era obligado rescatar este recuerdo, ahora que Suárez se apaga, porque hace ya muchos años que un médico de provincias, decidió que tenía todo el mérito para recordarle.

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