Tauromaquia

La Tauromaquia… en la fotografía de un alcarreño

FOTOGRAFÍA: Sergio Moreno.

Desconozco si su autor leyó la Tauromaquia Completa de Francisco Montes Paquiro; el alumno de Pedro Romero. Desconozco si su autor sabe de los grandes de la fotografía taurina de antaño, como: Baldomero, Calvache, Alfonso… por solo nombrar algunos de los fundadores del periodismo gráfico taurino. Desconozco si Sergio Moreno sabe todo eso; y más ignoro qué sabemos, los aficionados a los toros y a la fotografía, sobre quién es su autor… yo le conocí hace días en Villanueva del Arzobispo en una charla de 10´. 

Y les cuento lo que sé de… un joven alcarreño nacido en El Casar, periodista de profesión y que después de trabajar como tal en la anterior arrendataria, Coso de Las Cruces, lleva ahora el departamento de prensa de la empresa taurina Tauroemoción, además de ser responsable de la documentación gráfica de los eventos que dan por muchas plazas del país. No sé más, salvo que los aficionados lo conoceremos mucho mejor por sus obras; estoy seguro y será más que suficiente.

La fotografía, con muy grandes posibilidades de protagonismo en el tema taurino, se puede afirmar que arranca en los inicios del pasado siglo XX. Fue un revulsivo muy importante en la configuración de las crónicas, hasta entonces vinculadas al arte y oficio del relator para mejor imaginación del lector; sin duda condicionado, unas veces por la pasión y otras, por el interés de este. Por eso, ante la impresión de imágenes, algunos críticos se palparon las vestiduras ante el riesgo de encontrarse, mas pronto que tarde, un documento gráfico que desmintiera lo escrito con tanta pasión.

Tenía el éxito del don de la oportunidad en el disparo de la cámara, pero carecía del ajuste del lance realizado en el ruedo. También, eso sí, por el toreo sobre las piernas dominante en la época. Nada impide reconocer un mérito extraordinario a ese trabajo que está en las bibliotecas para deleite de entendidos y profanos. El avance técnico tan especial en las cámaras de hoy, revierte al profesional, la responsabilidad de captar mucho más de lo que la imagen ofrece…Y para tal muestra, el extraordinario documento que encabeza este artículo, por ser el causante del mismo y que sirve para explicar esa exigencia actual. Pues, si se logra, el trabajo realizado deviene en una obra de arte. 

Para ello es necesario ser: muy aficionado a los toros; conocer su técnica; saber de las características del ganado que se lidia; del buen o mal hacer de los toreros; adivinar lo que va a ocurrir sabiendo lo que está pasando y… suerte; suerte buscada y merecida, por todo lo antes dicho. Con todo esto y por su culpa, tenemos la oportunidad de poder contemplar una gran fotografía con el concurso de un animal único, de un alcarreño detrás del objetivo y por otro al 50%, Juan Ortega, vestido de luces y actual Profesor Honoris Causa del escalafón. Eso sí, TOREANDO, nunca mejor dicho, en el coso de Villanueva del Arzobispo la tarde del 24/4/2021.

Y como se trata del estudio y análisis de un cuadro de autor, corresponde el observar los detalles que resaltan, puntualmente, lo que configura esa obra de arte. Lo primero en señalar, es que el lance del natural es con la mano derecha, sin ayuda del estoque, que lo porta en su izquierda; cuando lo común es hacerlo con la izquierda con el estoque en la derecha… que equivale a una sensibilidad artística diferencial de torero y fotógrafo. Puesto que cuando se torea al natural con la derecha, suele tirarse a la arena el estoque. Lo cual no tiene sentido, pues si se cogen los trebejos para hacer faena, es porque son necesarios y útiles; aunque solo sirvan a veces para componer la figura y librarte luego del tener que recogerlo, cual trasto para basura. Son esos detalles… pequeños detalles que son consustanciales al toreo clásico y de arte, en plenitud.

Lo segundo, el plasmar la exquisita pureza del lance, puesto que se adivina el inicio del   adelanto del engaño, citado de frente, dándole las ventajas al toro y la respuesta del mismo acometiendo con ansia de cornear la tela, que el artista mantiene siempre a la misma distancia frustrando el derrote del animal ante la imposibilidad de alcanzarlo. Es decir: se inmortaliza el temple y se muestra la alta calidad de la embestida del toro con marchamo de bravura, nobleza, clase y con aviso a navegante ante cualquier duda del diestro, con su fuerte agarre al suelo y su blandir en alto el rabo. Señal de bravura y, sobre todo que, si puede, hiere. De ahí la verdad del ver al torero herido.

Lo tercero, el plasmar esa mirada del diestro siguiendo la embestida por el camino que él marca, inclinando el cuerpo, cargándolo sobre su pierna de salida, girando solo la cintura para llevar lo más lejos posible la embestida. O sea, cargar la suerte, como mandan los cánones de máxima exigencia en Tauromaquia. Pero eso no es todo… porque, si el artista debe dominar el trazo, no lo consigue si no remata con excelente pincelada para evitar un brochazo. 

Y ahí lo mas maravilloso de la obra de arte. Porque si nos fijamos con detenimiento en su mano derecha, el estaquillador no va cogido… sino suspendido, en su mitad de longitud, por solo tres dedos; el índice y pulgar lo suprime para que el pulso, mandando sobre el giro de su muñeca, haga el gran milagro de la suavidad, ante el vendaval de la embestida del bruto. 

La difícil pureza estética en la composición de la figura, el trato de levedad y suavidad en el movimiento del engaño, durante la vida del lance, para dominar el peligro de un animal totémico, es la única posibilidad del TOREO para la burla de la muerte y la norma irrenunciable para una Tauromaquia eterna; y por eso hoy la estamos disfrutando. Es verdad que en contadas veces y por muy pocos toreros, pero los hay suficientes para poder seguir viviendo por la autenticidad de lo que nos emociona y defendemos. 

Felicidades a los dos Maestros por el milagro de hacernos tan fácil la comprensión de La Tauromaquia, en tan solo la imagen de un fugaz instante, que recopila muchos siglos de existencia, miles de tratados escritos, cientos de miles de libros, millones de crónicas y de textos que lo intentan explicar. Además de sus múltiples manifestaciones de arte en todas las disciplinas imaginables. Pues… toda esa maravilla de técnica y plasticidad se logró por dos jóvenes artistas alcarreños dispuestos a seguir enseñando a una afición, que olvida el alma de La Tauromaquia, su historia, su técnica y que, en el mejor de los  casos… solo la vive al día. 

Palabras mayores, lo de Cifuentes… ¡¡oigan!!
Cuando se revivió el magisterio de K-Hito…