Un zángano en el palmeral

LÍDERES

De vez en cuando los cronistas deportivos sienten un impulso lírico o detectan en sus mentes un atisbo de ingenio. Responden entonces con la metáfora o añaden al argot una expresión nueva. Sueñan con ser los primeros y obtener así una serie de réplicas cuales las del terremoto principal una vez se ha producido el gran cataclismo: esperanza de escuchar repetido su éxito por una legión de profesionales duchos en la incontinencia verbal…


Lo digo por expresiones como, “serpiente multicolor”, hablando de ciclismo. Una voz que hace referencia al grupo de corredores que circulan, casi uno detrás de otro, formado una ristra de varones- o mujeres-  ataviados con vistoso uniforme cuya variedad cromática llama la atención. Es un deporte que se distingue, entre otras cosas, por el tinte  de la camiseta del deportista que triunfa o va triunfando al haber cubierto en menos tiempo el recorrido por carretera- si es que es esta la especialidad- previamente estipulado.  Por ejemplo, en la vuelta a Francia o TOUR, que se disputa durante estas fechas, el maillot amarillo. Una prenda cotizada que se consigue a costa de superar al rival, al líder, rey que está constantemente expuesto a sufrir ataques que le derroquen… Y, ya se sabe, a rey muerto, rey puesto y otra vez a conspirar. Les pasa a todos los que se postulan como jefes de algo, como capitanes, como paladines. Habrá quien les discuta, quienes les contradigan y quienes ambicionen su lugar o posición atentos a demostrar su supremacía física y quienes, fuera del terreno de los gladiadores puros, deseen el poder, la fama, la cumbre social, política, militar, cultural, etc … Don Juan o Casanova, son mitos, pero cuántos antes hicieron, y cuántos deshacen ahora,  para lograr el favor de las damas y el reconocimiento de otros machos dominantes en lo que respecta a las lides de la conquista amorosa… Siempre el líder y sus cuitas, con una corte de depredadores que ansían su suerte, que desean sus circunstancias y que, por las buenas o las malas, disputarán con él la prevalencia en esos instantes asumida. Algo típico de muchas especies animales y, según otros animales, pero racionales, el motor de nuestro progreso. Si no existe competitividad no vamos a ningún sitio, dicen. Y no sólo establecemos quienes son los mejores mediante múltiples mecanismos, registramos el valor exacto de lo que generan los abanderados de lo superlativo por afinidad, empatía, adoración, familiaridad, confesionalidad, corporativismo, admiración o pertenencia, pongamos por caso. Líderes que fabricamos como se inventan nuevos modelos de automóviles. Legiones de jefes que han de ponerse al frente de miríadas de soldados, dicen, para formar equipo y llegar a la cima olímpica del negocio bien hecho. Por lo menos, debe ser algo de lo que les habrán dicho a los participantes en el Segundo Curso de verano de la UNED en Guadalajara, que se clausuraba, según noticia recogida por GUADAQUÉ, con la ponencia sobre liderazgo en el deporte. Y relaciono deporte con negocio porque, todo, todo, todo, es un negocio. Hagamos lo que hagamos se trata de recaudar, aunque vivamos de otras cosas. Sólo se obtiene reconocimiento una vez alcanzado el techo del mundo cuando, además, nuestros desperdicios se cotizan como oro. Competimos y en la morbosidad de la lucha- por eso existen atajos- reside la fuente magnética gracias a la cual se convocan a las masas. El líder, los líderes, han de conducir a sus fieles, según parece, como unas entrenadoras de gimnasia rítmica- aparecidas en un programa de televisión-  exigentes con sus pupilas, unas niñitas sometidas a lo más cruel de la vida tan pronto han dados sus primeros pasos, a imagen y semejanza, en su dominante proceder, a la de los militares que preparan a una tropa de asalto. ¿Para qué? ¿Por qué? Para ganar, para no hacer el ridículo, para, sean hembras o machos, demostrar qué huevos hay que tener y se tienen. Huevos u ovarios… Ya se sabe, al segundo, ¿quién le recuerda?

UNA DE MORBO
DE LA ALEGRÍA DE CURAR

Related Posts