Tauromaquia

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Lo que no logró la bula De Salute gregis Dominici…


PIO V: EL PAPA INQUISIDOR Y ANTITAURINO

… lo ha conseguido el coronavirus. Que en libre adaptación a la incidencia actual taurina, podemos bautizarlo como cuernavirus. Porque la cornada que se ha llevado hasta ahora La Tauromaquia, es de pronóstico reservado y tiene, también, muy asegurada, una larga convalecencia durante toda la temporada presente. Y ya veremos… 

El anterior intento de suspenderla sine die, fue durante el muy corto papado de Pio V (Michele Ghislieri), un dominico (domini canis), el 1/11/1567, mediante la promulgación de la bula antes mencionada. Porque por su formación eclesial de asceta, estricto y gran severidad, santo y seña de la orden fundada por el burgalés Stº Domingo de Guzmán, se vio más que obligado a poner buen y santo orden en una Iglesia que, en esa difícil época temprana de la Contrarreforma campaba por la historia con el muy gravoso peso de un libertinaje, como pocas veces tuvo.

Así que, entre sus primeras decisiones estaba el desterrar los modos y maneras que se recuperaron en Roma con el papado de Pablo III, (Alessandro Farnesio), y él estimaba como un gran peligro ético y moral. Por lo que ni corto ni perezoso prohibió: el Carnaval, los juegos de toros, las carreras de caballos, el medicar a los pacientes que no se hubieran confesado, azotar a las prostitutas solteras, quemar en las piras a los herejes y a los practicantes de la sodomía, prohibir a los solteros tener una sirvienta, sobrepintar castamente los personajes del Juicio Final de Miguel Ángel en La Capilla Sixtina (LOS PAPAS, Una historia; John J. Norwich). En fin, poner su orden en aquel lio de todo tipo, que para eso él era Inquisidor General de los Estados Vaticanos.

Con el tema digamos taurino fue implacable y señaló excomunión a los que intervinieran o asistieran a los llamados juegos de toros por considerarlos como: espectáculos dignos de los demonios… incluso: negándosele la sepultura eclesiástica a los que encontraran la muerte en algún lance durante el festejo. Y así hasta hoy… pues la vigencia de esta prohibición, no consta esté ya levantada ni tampoco comprobada su esperada eficacia. Así que, para saberlo, toca esperar, con algo de suerte… a lo más tarde posible.

No solo por estas decisiones, sino también por la implantación de su buen gobierno reformista y la gran defensa a ultranza de las conclusiones del Concilio de Trento; el día 22/5/1712, Pio V, fue canonizado por Clemente XI. Fue esta, una subida a los altares que los más ilustres y prestigiosos historiadores del papado, (ninguno aficionado a los toros), fueron y son unánimes en señalar, tal decisión eclesiástica, como: bastante inexplicable aplicando al término, la exquisitez que tanto se le reconoce a la diplomacia vaticana.

Como de inexplicable es: lo que ha pasado, está pasando y sin duda todavía pasará con la dramática realidad del coronavirus que se apuntó desde sus inicios a derribar también la tradición taurina en este mundo; no se sabe muy bien si para salvar nuestras almas de aficionados. Pero el caso y verdad es que en mi artículo último, de fecha 7/4/2020, ya advertimos que la cosa taurina estaba más que cruda, por lo menos, hasta el mes de septiembre; y ya veríamos. El dar por terminada la temporada, al día de hoy, es lo más lógico porque ya nadie entendería una celebración con lo que está cayendo y caerá.

Ha tenido que ser una proteína, (lo primero, en su significado griego) y referencia médica de lo saludable para los legos, la que, en menos que se lo cuento, tiene a casi toda la ciudadanía del planeta confinada en casa. Y en sus centros de poder, a una clase política que, en su mayoría, no sabe donde meterse pero sí escudarse detrás de una molécula… y claro el personal, sea de donde sea y piense lo que piense, pues sentencia que es imposible el taparse con semejante mochila que portaron y portan de ineptitud.

Y en esto, solo vale hacer una valoración de los pocos países de variadas características, ya sean culturales, económicas, sociales… con mayor o menor influencia en el mundo y que han tenido como acción común la que hay que pedirles, a las clases dirigentes, para que sean luz y guía para sus pueblos en los momentos necesarios y oportunos: previsión y anticipación. Y con esta casuística pues el cuadro de honor, como siempre, muy corto.

Este país no es de los mejor parados, es evidente. En gran parte por su más que tardío y esperpéntico inicio, su desconcertante desarrollo y el chirriante camino hacia un final que deseo fervientemente sea eso: el final. Porque a pesar del acuerdo tácito de todos los partidos en evitar la tan traída y tan llevada judicialización de la política… es más que posible que, por las dimensiones del desaguisado, hasta se intente el politizar la justicia. Por lo que estaremos con el covid-19 hasta la próxima generación. No tenemos sino que echar la vista atrás; y no olvidemos que: si galgos o bien podencos es el deporte nacional.

Pero si algo meridianamente claro esta puñetera proteína de la pandemia deja a la vista de todos, es que la oportunidad tan deseada, dentro del ordenamiento territorial, de que las Comunidades Autónomas funcionen acorde y con orden, se ha difuminado de forma palmaria y sobre todo más que muy llamativa. Y eso hay que corregirlo, inclusive en las distintas provincias regionales, por la simple razón de que nos va el País en ello.

Un ejemplo de lo último, está ocurriendo con el tema de la celebración de las fiestas locales. Donde regidores de distinta confesión política, dudan todavía en suspenderlas sin que den a conocer sus dudas. Y claro… ello conlleva la extrañeza generalizada de la gente normal. Porque trasluce la sensación de que el ámbito local supera a lo nacional; y por tanto valen menos el dolor general de decenas de miles de muertos y contagiados que los varios centenares de votos que puedan obtener en ciudades de su gobierno. Hasta esta gélida conclusión no debe llegar un político que tenga la mínima sensibilidad dentro de su ser.

No perder el tiempo y adelantar el gasto de las ferias patronales en cubrir las mínimas necesidades de una parte de la sociedad local, fuertemente dañada por el paro y a veces por la necesidad de evitar el hambre y mitigar un incierto futuro, es de una imperiosa obligación y exigencia política, para poder armar así de dignidad el cargo para el que fue elegido y dar a sentir, en su ciudadanía, el beneficio ético y moral de la solidaridad.  

Se deben suspender las ferias
ESTO SON HECHOS. HAY PARA TODOS IGUAL