Apuntes de un becario

Los límites del periodismo

La noticia saltaba el pasado martes, 27 de enero. La televisión regional era condenada por segunda vez a rectificar una crónica aparecida en el informativo de las 14 horas del 14 de noviembre de 2013. Se trataba del relato del vertido de gasoil producido en Hiendelaencina hace más de un año, y que mantuvo a la localidad durante varios meses sin abastecimiento de agua potable. Durante la narración de los acontecimientos, la emisora autonómica imputaba al regidor socialista del municipio –de poco más de 100 habitantes-, Mariano Escribano, la responsabilidad de lo acontecido. En concreto, afirmaba que el alcalde construyó la vivienda donde se generó la contaminación, para señalar a continuación que “lo hizo mal, y por eso se produjo la filtración a la red”.

 

Ante estas aseveraciones, Mariano, ni corto ni perezoso, solicitó una rectificación al medio, que, sin embargo, no fue atendida. Por ello, acudió a la Ciudad Mitrada, sede del partido judicial al que pertenece su pueblo, para ejercer la defensa de su honor. Quería que la TV de Nacho Villa rectificara, ya que él no era el responsable de lo ocurrido. De hecho, el munícipe no tenía ninguna relación con la empresa de fontanería que hizo la instalación. Además, una vez producida la contaminación, se avisó inmediatamente a los vecinos para que tomaran precauciones y se evitaran males mayores. Por ello, Escribano presentó una denuncia a finales de 2013, que ganó, pero que fue desestimada por un defecto de forma tras el recurso interpuesto por RTVCM. En consecuencia, el afectado presentó una segunda demanda, que le ha vuelto a dar la razón frente al ente comunicativo de Castilla La Mancha.

En consecuencia, por dos veces un hecho informativo fue llevado a los Tribunales y en dos ocasiones se le otorgó la razón al agraviado, por lo que de aquí surge una reflexión. ¿El periodismo debe tener límites? En un sentido favorable se expresa parte de la doctrina, como el experto en legislación pública Héctor Faúndez, cuando señala que “la libertad de expresión, en cuanto derecho individual, está inserta en un contexto social en el cual adquiere sentido, y que, por lo tanto, tiene limitaciones inherentes a las necesidades propias del bienestar general y del respeto de terceros”.

La propia Constitución española de 1978, en su artículo 20.4, establece una serie de restricciones a la libre manifestación de ideas, en aras de una buena convivencia en el seno de la comunidad. En concreto señala que “estas libertades [las de expresión, prensa, a la información y cátedra] tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título [por el primero de la Carta Magna], en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

Con esto no quiero decir que haya que acotar arbitrariamente unas prerrogativas ciudadanas que, por otro lado, son fundamentales para entender un sistema democrático. Ni mucho menos. Lo que intento transmitir es que deben existir unas barreras que, tanto periodistas, como medios y ciudadanos en general, no debemos sobrepasar, con la finalidad de respetar y permitir el buen entendimiento con nuestros vecinos. Unas restricciones que, además, deben ser el resultado de un debate público, democrático, participativo y mayoritario, y que deben concretar qué preceptos no se deben exceder, para evitar los abusos tanto del poder político como del económico. Entre las posibilidades a tener en cuenta estarían la prohibición de la mentira, el insulto, el enaltecimiento del terrorismo, la violencia o el odio, así como de la atribución de delitos falsos a sabiendas.

Los informadores tenemos una gran responsabilidad social. Poseemos la capacidad de prestar mucha ayuda en circunstancias difíciles o de hundir la vida de una persona, familia, empresa o grupo. Por ello, debemos atenernos a unas normas en cuya elaboración debe intervenir toda la ciudadanía. Y no hacer como los directivos actuales de RTVCM que, cegados por la crítica sin sentido a un alcalde de otro color político, recurrieron a la falacia y a la injuria.

PD: Seguro que algún espabilado (del Gobierno o allegados) verá en mi artículo una justificación para la Ley Mordaza. Pero esta norma,  durante su elaboración, no ha contado un elemento fundamental del que ya he hablado: el debate democrático, público, participativo y mayoritario. En este caso, el PP simplemente ha aplicado su rodillo, sin más conversación que la habida entre los suyos.

PD2: Je suis Charlie Hebdo.

TDF
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