Aviso Gorra

Mi mano en el fuego

Pongo mi mano en el fuego por Eladio Freijo, porque estoy convencida de su honradez y de su bonhomía.

No es la primera vez que tenía ganas de escribir este artículo, y siempre las he reprimido, no por miedo, sino porque no quería dar más eco a los pregoneros que se han empeñado en hundir una reputación intachable como persona, de un trabajador incansable por el deporte de Guadalajara, en base al argumento de facturas acumuladas y procedimientos no reglados. Pero cuando el otro día en el Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara, oí decir aquello de que la Concejalía de Deportes era la Cueva de Alí Babá, ya no me he podido reprimir.

Muchos de los que ahora ponen en la picota a Eladio Freijo, fueron artífices de aquel premio de la Asociación de la Prensa en categoría de Deporte para Eladio Freijo, "por su labor en la promoción del deporte local y provincial a lo largo de su trayectoria profesional en los diferentes cargos que ha tenido, actualmente concejal de deportes del Ayuntamiento".

También celebraron esa Medalla de Bronce al Mérito Deportivo y el Premio Nacional de Deporte del Consejo Superior de Deportes, que recibió el Ayuntamiento de Guadalajara.

Y no digo que se sumaron a la foto del triunfo y los méritos, porque ya era bastante difícil, por no decir imposible, colocar a Eladio en una foto de esos tintes.

Sobre la gestión administrativa de Eladio al frente del Ayuntamiento en la última etapa, ya se pronunciará en su día esa auditoría que siempre está por llegar, y que llegará cuando al actual equipo de Gobierno le de la gana. Y no lo será mientras pueda sacar rédito del asunto y le sirva para colocar sus facturas retrasadas entre las retrasadas de Eladio. 

Y no digo yo que no haya algún procedimiento que no haya sido irregular, o que haya incumplido alguna norma, pero si puedo asegurar que Eladio Freijo no es ningún ladrón, que eso es lo que se intentó dejar caer el otro día en el pleno. Y eso es una bajeza política. Los fines no justifican todos los medios.

Eladio se quería ir de la política, porque ya eran muchos años y estaba cansado y así lo anunció. Se dejó convencer otra vez por Román, porque pensó que le necesitaban, y siguió después como concejal tras la derrota, por responsabilidad. Nunca necesitó de la política para tener un sueldo, y nunca ambicionó el poder, ni la fama. Sólo sabe trabajar.

Y para aquellos que van a sacar a relucir que qué va a decir la Corrales, si su hermano ha sido asesor de Eladio Freijo, les digo que de mi hermano también estoy orgullosa, aunque no coincidamos en el pensamiento político.  Y es que tanto a Eladio, como a mi hermano, les daría uno de mis riñones si hiciera falta, pero no podría darles mi voto, por coherencia con lo que pienso. 

Y sí, yo también he trabajado para Eladio Freijo desde mi faceta de empresa autónoma editorial, en encargos de cartelería, diseños o cobertura gráfica de eventos, como antes trabajé para Jesús Alique, siendo alcalde del Ayuntamiento de Guadalajara, o incluso presidente de la Diputación.

He trabajado con las administraciones de uno y otro color, desde hace décadas, pero nunca me han pagado por nada que no fuera mi trabajo y tampoco me he prestado a hacer loas a nadie a golpe de talonario. Y ya ven, sigo siendo igual de pobre que cuando empecé, o incluso más.

Bueno, igual de pobre a lo mejor no, porque en el camino, he conocido a gente como Eladio y a otros tantos, que son de muy distintas siglas políticas, que me han demostrado su vocación de servicio, y que han enriquecido mi vida. Y por ellos pondría la mano en el fuego, mi mano.

Para los de la otra calaña, que haberlos también haylos, para esos pongo la cara, y si quieren, que me la partan. Una ya está acostumbrada.

Ojiplática
Nos toman el pelo