El blog de la señora Horton

MILLONARIOS, PRESUNTAMENTE

Creo que fue Bernard Shaw quien escribió que lamentaba la desgracia de los pobres multimillonarios para los que no había ninguna industria que hubiera tenido en cuenta sus intereses. (Antes de continuar, ruego a mis lectores que desconfíen siempre de mis citas, juraría que fue Shaw pero no apostaría por ello)

 

Sea quien fuere, dijo que habiendo tantos objetos para la clase media incluso para los ricos, no existía nada en exclusiva para los muy millonarios: por muy caros que sean unos zapatos, y los hay muy caros, nunca alcanzan precios extravagantes, acordes con las extravagantes fortunas de los riquísimos: no existe en el mercado un par de zapatos de dos millones de euros, pongo por caso. Esta situación en la que se encuentra el millonario a la hora de darse un capricho le parecía al viejo autor una vejación, una injusticia y una melonada.

Las fortunas que encabezan listas, incluso las pocas que pasan o pasarán las vacaciones a la sombra  de Alcalá Meco, son inimaginables y esa imposibilidad de ser imaginadas por nuestra vulgar cabeza de chorlito es signo de su verdadera riqueza. Conozco ricos talla cadete que pueden pagarse unas vacaciones en Abu Dhabi, en una suite de cincuenta mil euros/noche, pero ni en sueños pueden acceder a una estancia de cuatro meses dedicados a tocarse las narices por una ingente cantidad que resolvería la deuda externa de Castilla la Mancha, pongo por caso.

Escucho a los españoles preguntarse para qué querrían Urdangarín & wife más dinero del que ya tenían y, aunque lamento que no hayan podido depositar su fianza para no caer en un empobrecimiento severo y también lamento que cada jornada engrose el sumario con noticias de nuevas  cantidades, estoy segura de que llegará el día en que, por culpa de los manejos del juez, puedan conocer el saldo exacto de su cuenta corriente. Así quedarán rotas sus expectativas de pertenecer al mundo real de la riqueza. Y es que conocer el saldo de nuestra cuenta corriente, por muy alto que sea, es de pardillos. En esa ignorancia sublime es donde radica lo más innoble del ser escandalosamente rico. Y esa ignorancia sublime es la que muestra el carácter patológico de la riqueza desmedida.

Observo que la enfermedad de la riqueza desmedida tiene en sí un síntoma valioso: ningún rico busca exactamente su felicidad, ya que fueron informados oportunamente por sus nannys de que el único hombre feliz no tenía camisa. Por otra parte estos hombres de hielo que traspasan sin empacho la ley de dios y la de los hombres, no lloran en el trullo como Boabdil, a quien su mamá hubo de sonarle los mocos. Enteros, lejanos y sin fisura son amados por sus mujeres, en el éxito y en la adversidad. Todavía recuerdo a Mario Conde tras las rejas, bello y estoico como Marco Aurelio. Y tengo en la cabeza la película de Urdangarin bajando la cuesta de la ignominia desde su altura de jugador de élite, balanceando elegantemente sus miembros no viriles, cabeza alta, mechón de duque, mirada de águila...abatida.

Lo que pasa es que a veces estos hombres pueden alcanzarte las estrellas y otras solo te ofrecen el hambre de su corazón. Pueden obsequiarte con un diamante o con una derrota. Y cuando no causan respeto, entonces dan pena: hasta el espectador al que han desplumado experimenta un instante de angustia cuando aparece el replay del duque del balonmano repitiendo su carrera hacia el Gólgota...¡El mismo que se apoyaba antaño en las estatuas y tenía de fondo los tapices de alto lizo con cartón de Goya, puede acabar dormitando bocarriba en la litera de una prisión!

"Un hombre encarcelado y hechizado/ es un hombre condenado a ser la serpiente/ que guarda un oro infame."

Disculpen pero no recuerdo al autor de esta última cita.

COMO DIOS MANDA
CORRUPCIÓN Y TROPA