Pie a tierra

Mover el tablero

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Es una estrategia de malos jugadores de ajedrez. Cuando la partida no va como les convendría, mueven el tablero para que caigan las fichas y conseguir, al recomponerlas tras la confusión, alguna posición ventajosa. A río revuelto…

Las elecciones catalanas me han recordado esta estrategia tramposa. De repente, se ha movido el tablero político y ha descolocado a buena parte del electorado que, perdidas sus referencias tradicionales de izquierda, derecha y centro, se ha visto obligado a elegir entre dos bloques enfrentados más por los sentimientos que por la racionalidad o la ideología. Los partidos tradicionales quedan diluidos en cada bloque, siendo difícil distinguir a unos de otros.

(Ya probó hace años esta estrategia “El Coleta”: desorientó a una parte del electorado cambiando la orientación izquierda-derecha por la de arriba-abajo y no le salió mal. También pescó en el río revuelto).
Y hora han ganado los que menos tenían que ofrecer en esta partida. Para eso mueven el tablero. Los independentistas llevan años levantando banderas, cada vez más grandes, para ocultar la impotencia de unos, la corrupción de otros y la incompetencia de todos para resolver los verdaderos problemas de la gente.

El otro bloque, el nacionalismo español, denominado del 155, también entró al trapo de mover el tablero, impulsados por un nuevo partido, Ciudadanos, que nació para quitar la estrella de las ‘esteladas’ y (qué curioso) convirtió a su líder en una estrella de la noche electoral.

Sí. Inés Arrimadas fue la estrella. Me recordó a esos futbolistas-estrella que se emocionan en la celebración de sus goles, señalándose el pecho con los pulgares, sin valorar que su equipo está perdiendo el partido. Porque eso es lo que le pasó a Ciudadanos y a sus colegas, que perdieron la partida por consentir y colaborar en el movimiento del tablero.

Y, hablando de estrellas, hay que destacar también el papel de las estrellas mediáticas. De los periodistas-estrella y de los tertulianos-estrella cuya colaboración ha sido imprescindible para que se cayeran las fichas y cundiera la confusión general entre los votantes.

En qué facultad habrán aprendido estas estrellas de la radiotelevisión que informar es pasarse 24 horas al día, día tras día, hablando de lo mismo; quién les habrá enseñado a medir la calidad por la cantidad…

Como dice mi amigo Rafa, cuando hay inundaciones lo primero que falta es el agua potable. En los tsunamis informativos, lo primero que desaparece es la información.

Y así, he visto desinformada y confusa a una mayoría de gente que, como en las películas de catástrofes, vagan de un sitio a otro, sin referencias ciertas, esperando que algún iluminado oriente su ignorancia.

Y no han faltado voceros llamando en todas las direcciones, mientras movían el tablero y recolocaban después las fichas según su conveniencia.

El problema no está ahora en si Cataluña se independiza o no. El problema está en que hay que inclinar el tablero político hacia la racionalización, debe primar la cabeza sobre el corazón, las ideas sobre los sentimientos, el diálogo frente a la confrontación. Saber dónde nos aprieta el zapato, cuáles son nuestros problemas, qué es lo que queremos para avanzar en esa dirección.

El problema está en que tenemos que pensar más y hablar con los que tenemos al lado, en vez de dejarnos llevar por lo que nos cuentan en la televisión.

El problema es por qué quienes tendrían que tener ideas claras para solucionar nuestros problemas se dedican a desorientar a los votantes moviendo el tablero para salir del paso. No nos representan.

Me gusta el 155. Creo que es un número apropiado. Si 155 de los líderes actuales dimitiesen esto podría tener solución.

Por favor, irse. Si nos queréis irse

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