El blog de la señora Horton

Muy inocentes

Lo verdaderamente delicioso de las religiones es que para acceder a la comunicación directa con Dios no se precisa afán, estudio, esfuerzo...viene la santa inocencia que es siempre la nada, una ocupación vacía, y se alza con la pieza. Por medio de la inocencia el creyente accede a puestos privilegiados, como si uno se levantara una mañana siendo abogado del estado sin ni siquiera haber pasado por el parvulario. Excepto para cargos administrativos o pedagógicos  -Papa, Lamas, Popes, Sufíes o cualquier otra jerarquía- en la fronda celeste quien manda es la inocencia que, o por ignorancia o por incontaminación o por extrema juventud del usuario, es merecedora del torrente divino de la gracia.

 

Si repasamos los seres que han tenido contacto con lo divino a través de la historia siempre encontramos pastorcillas o peones de albañil. No sé de ningún filósofo al que se le haya aparecido nadie si exceptuamos a García Morente en el pasado siglo. Y por otra parte parece que todas las iglesias tienen  como centro de su apostolado a los pobres e incultos, es decir, a los inocentes. Pero me pregunto ¿qué quieren hacer con ellos? Y me contesto: supongo que hacerles ricos y cultos.

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¿Y entonces?

Viendo una madrugada una de esas cadenas de tv que han brotado como hongos al calor de una ley que desconozco, vi a un profesor de universidad que mantenía una conversación con un inocente vidente. Caso perdido, claro. El inocente vidente (en su versión ignorante) le dio al otro hasta en la cartera. Pues existe un mecanismo por el que, ante un personaje de este corte, se congelan las palabras en la garganta y solo se siente cuidado y miedo. Ojo con lo que le dices a un inocente porque te la cargas por todos lados.

Entonces comprendí que para el hombre no hay mediación posible entre la gracia y la sabiduría; para empezar porque un sabio ya no es un inocente, ambas condiciones no son compatibles. Y la sabiduría suele instalarse sobre un desprecio al ignorante, desprecio que dado el trabajo que ha llevado adquirirla no parece fútil, pero el inocente lo hace sobre otro desprecio que se expresaría así:  mire usted, a mí se me aparecen las almas celestiales y hasta el Ser Supremo, mientras que a usted que tanto presume solo se le aparece la Wikipedia; yo conozco la verdad de primera mano y usted solo por habladurías.

El afán del hombre, en general, es adquirir distancia con los de alrededor, afirmarse, destacar y ser reconocido, además de rico. La vida te va enseñando que ese objetivo solo se logra entrando en liza con todos y a ver quien tiene fuerzas para esa empresa. Años de estudio, de reflexión y aciertos, todo ello en colaboración con el azar, nos pueden acercar a esa meta dorada. Pero para las criaturas a las que la vida aparta de las fuentes del éxito, existe otro camino para destacar, que es el de la gracia. Este es el negativo fotográfico del anterior: no saber nada, gozar de la irreflexión, disfrutar de una torpeza santa que es -lo dicen ellos mismos, naturalmente- lo que le gusta a Dios.

Este espaldarazo, este supremo aval, ennoblece entonces prácticas insensatas. El inocente de la otra noche había llevado a las buenas gentes a delirar en comunidad a un descampado donde se le aparecía la Virgen, incluso a beber de una fuente que según los expertos estaba contaminada por aguas fecales...Este insensato (inocente) logra así una estatura pública a la que nunca accedería por otros métodos y acaba en la televisión. Sin luchas, sin competir, el mundo le da lo que todos buscan por sistemas más complicados.

No es fácil que él sea consciente de ello porque una de las maletas que hay que perder por ese camino es aquella en la que llevamos la Razón. Sí, ellos triunfan, pero es flaco favor para el dios al que dicen servir y del cual en realidad se sirven, ya que fuera de esa sublimidad del inocente, quedamos una mayoría abrumadora de enteradillos, airados al escuchar tanta tontuna, coléricos ante tales desatinos y dispuestos a disparar sin piedad sobre cualquier cosa que vuele en la foresta celestial, incluida alguna bandada de querubines. Eso, si después de tanta bobada logramos conciliar el sueño antes de salir de cacería. Señora Horton

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