Apuntes de un becario

¡No al trasvase!

Hay cosas que no pueden tener una explicación racional. Es imposible. Una de ellas es el Trasvase Tajo-Segura, que en Guadalajara llevamos sufriendo casi cuatro décadas. Consiste en una derivación de agua de un lugar a otro, con el fin de que el segundo emplazamiento se pueda desarrollar agrícola y urbanísticamente. Así, de primeras, suena muy bien. Aparecen conceptos como el de solidaridad, hermanamiento… ¡Pamplinas! El problema llega cuando en la cuenca oferente, la del Tajo, hay una escasez manifiesta de agua, lo que impide su propio avance económico. Incluso, no es raro que muchas de las localidades ribereñas (aquellas que están a pocos metros de los embalses) se tengan que abastecer por camiones cisternas. Es decir, no tienen para beber pero ven como hectómetros y hectómetros cúbicos se van por las tuberías camino de Murcia.

 

Pero vamos a hacer un poco de historia. La primera mención del Tajo-Segura de la que se tiene constancia fue de inicios del siglo XX, de 1902. Sin embargo, no se puso negro sobre blanco hasta 1932, cuando el ministro de Obras Públicas del momento, Indalecio Prieto, encargó a un equipo técnico la realización de un Plan Nacional de Aprovechamiento de las Aguas. Un documento que se condensó un año después, en 1933, en el Plan Nacional de Obras Públicas, donde ya aparecía el trasvase. Pero finalmente no se llegó a construir. 

 El último y definitivo empujón llegó durante la dictadura de Francisco Franco, un régimen antidemocrático, cuando el 30 de julio de 1966 el gobierno central ordenó la redacción del “Anteproyecto General del Aprovechamiento Conjunto de los Recursos Hidráulicos del Centro y Sureste de España, Complejo Tajo-Segura”. En el interior del mencionado plan se encontraba reflejada la derivación de agua de las provincias de Guadalajara y Cuenca hacia el Levante español. De hecho, fue en 1979 cuando comenzó la salida de agua. Desde entonces, ninguno de los diferentes gobiernos que han pasado por la Moncloa ha dejado de utilizar la mencionada infraestructura.

Y aunque es un problema que persiste desde hace décadas, lo ocurrido durante el presente año hidrológico ha sido especialmente sangrante e impresentable. En primer lugar, por la profunda sequía que ha vivido la cuenca del Tajo, que ha llevado a que Entrepeñas y Buendía se encuentren bajo mínimos. De hecho, el pasado jueves, 13 de agosto, contaban con 396,55 hectómetros cúbicos, sobre una capacidad total de 2.473 hectómetros. Es decir que, conjuntamente, apenas alcanzaban el 16,03% de su posibilidad de embalsamiento.

A pesar de esta situación crítica, el gobierno de Mariano Rajoy aprobaba el 27 de julio una derivación de 20 hectómetros, de los cuales 7,5 eran para consumo y 12,5 para regadío. Eso, a pesar que la cuenca del Segura cuenta actualmente con mayores reservas que la del Tajo. De hecho, las presas levantinas se hallaban al 47,33% de su capacidad el pasado 11 de agosto. ¿Alguien entiende la decisión de Rajoy? Nadie. Sobre todo cuando hay localidades en Guadalajara y Cuenca que se están arruinando por la falta de agua. Incluso, alguna de ellas tienen que estar siendo  abastecidas con camiones cisternas.

Por ello, es normal que los pueblos ribereños hayan dejado a un lado sus diferencias políticas y estén organizando diferentes actos de protesta en contra de una situación que juega en contra de su futuro económico y social. Una batalla en la que han recibido el apoyo de la sociedad guadalajareña y conquense, además del compromiso del nuevo gobierno regional de Emiliano García Paje. De hecho, el pasado 12 de agosto la consejera de Fomento, Elena de la Cruz, anunciaba medidas legales si el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (competente en la materia) no paralizaba inmediatamente la derivación de líquido elemento. “En estos últimos cuatro años se ha multiplicado el agua trasvasada sin tener en cuenta Castilla-La Mancha y su legítimo desarrollo”, denunciaba De La Cruz.

Sin embargo, hay un problema subyacente: el modelo de desarrollo implantado en provincias como Murcia, Alicante o Almería, destinatarias del Tajo-Segura. Son zonas cuya pluviometría es muy escasa, pero que su crecimiento económico se ha basado en el turismo de sol y playa (y de piscinas y campos de golf), así como en una agricultura de regadío. ¿Cómo se pueden poner huertos en un lugar semidesértico? Es difícil de justificar. Muy difícil. Por tanto, mientras que no se cambie la raíz del problema, el trasvase seguirá existiendo. Pero hasta que llegue ese momento, se debe controlar lo máximo posible la salida de agua hacia Entrepeñas y Buendía. Sobre todo en años de sequía, como el presente.

Mucho más que olvido
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