El blog de la señora Horton

O Benidorm o la Edad Media

La vieja expresión “como piojos en costura” es lo que me viene a la mente cada vez que la tele muestra algunas de las playas de Benidorm. Y enseguida comprendo lo poco acertados que son mis juicios ya que nunca hubiera imaginado a la felicidad entre aquellas apreturas asfixiantes. Pero tantos –dicen- no pueden estar equivocados. Al menos ese criterio sirve para los votantes y para las moscas.

 

La playa de Benidorm me recuerda  a los rebaños de ovejas evolucionando a las órdenes del perro o a los bancos de sardinas girando bellamente uniformes como si las sardinas, en vez de tratarse de individuos plateados y sabrosos, hubieran   formado, contra natura, un superindividuo gigantesco en detrimento de su individualidad: o sea, la masa.

Claro que yo detesto la masa y creo que solo viene bien para hacer pan. O sea, que en mi opinión, la masa está destinada al horno, ya sea física  (caso de bizcochos y galletas en general) ya sea política o sociológicamente considerada.

En alabanza de Benidorm diré sin embargo que hace  tiempo leí  un informe sobre su urbanismo tantas veces denostado, a cargo de expertos arquitectos europeos y americanos en donde se la consideraba ejemplar: una ciudad en la que el gasto energético había sido tenido en cuenta (muchas almas en poco espacio) y  por el contrario, el mencionado informe consideraba las urbanizaciones, siempre   sobradas de carreteras vacías y destrozadas por el abandono, peligrosas  e irrazonables. El  estudio de aquellas celebridades nos descubría la idónea utilización de bienes esenciales, como el agua, y el respeto a la psicología mediterránea: la proximidad de las personas, contraria a las largas tapias y puertas cerradas de los barrios de chalets   unifamiiares. En fin que aquellos expertos se hacían lenguas   de nuestro más famoso pueblo levantino.

Total, que huyendo  de la perfección urbanística de Benidorm me fui al norte.

En el norte, el clima ha hecho que haya gente pá tó, como diría nuestro filósofo-torero: gente que se baña bajo el chirimiri, gente que se va al chiringuito a tomar rabas y gente que  se queda en casa: o sea, un poco del denostado individualismo que tan feliz me hace…pero hasta en ese idílico lugar me he encontrado con otro de los males del verano: la Edad  Media.

Hay una manía veraniega que consiste en vestirse de paño marrón y agarrarse a un cántaro. Esta moda se contagia de una Autonomía a otra y no puedes moverte unos kilómetros sin encontrarte con la moza del cántaro acompañada de un pollino.

No solo es nuestra provincia la que cae  en la tentación del Medioevo, no. Primero fue Hita y luego Sigüenza y ahora ese cromo se repite en muchas ciudades con la excusa de tener algún monumento. Ya digo que he visto una de esas puestas en escena en un pueblo de Asturias, donde el asunto estaba llevado hasta la perfección: el suelo de sus calles estaba cubierto de paja y moscas además de  excrementos de los bueyes y gallinas que por él circulaban; si querías comprar algo  en uno de sus puestos tenías que llevar el bolsillo lleno de maravedíes y sobre tu cabeza daban cortos vuelos los halcones y otros objetos lujosos de la cetrería. Enormes y sudorosos herreros contemporáneos templaban hierro a la vista  del usuario disfrazados de enormes y sudorosos herreros medievales, y, francamente, el cuadro era tan perfecto que solo faltaba  un par de leprosos pidiendo limosna en  el atrio. 

En medio de estos festivales  de estío me he parado a considerar otras ofertas mas tentadoras y  entonces se me ha venido a las mientes  Saloufest.

 Quizá el año que viene haga balconing.

 Sra. Horton

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